EL PECADO Y EL
CRISTIANO ¿CUÁL ES LA RELACIÓN DESPUÉS
DE LA CONVERSIÓN? UN ANÁLISIS DE
HÉCTOR HERNÁN MOLANO CORTÉS
Monografía presentada como requisito parcial para optar al título de
Maestría
en Sagrada Teología
y Biblia
Monitor
DR. MARCOS WITTIG
SEMINARIO BÍBLICO DE COLOMBIA
FACULTAD DE TEOLOGÍA
MEDELLÍN, 2004
Nota
de aceptación
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DR. MARCOS WITTIG
Monitor
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DR. MILTON ACOSTA
Jurado
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DR. DAVID FORD
Jurado
Medellín
______ de __________ de 2004
Dedicatoria
A Dios,
fuente de todo conocimiento y quien en su infinita misericordia le plació
salvarme.
Agradecimientos
El autor de este trabajo
quiere agradecer a:
- Dios por todo lo que me ha
permitido vivir en el Seminario.
- Quien me ha apoyado
siempre, que a pesar de conocerme sigue siendo tan especial, ella es mi esposa
Luisa Fernanda. Gracias por ser mi amor
entrañable.
- A Camila Andrea, gracias
por ser lo que eres, por rayarme en donde no debes y por distraerme de mi
trabajo.
- A mis padres, quienes
siempre han estado ahí.
- A mis suegros con quienes
hemos contado desde el inicio.
- A la iglesia Bautista del
Norte de la ciudad de Bogotá por haberme presentado al Seminario, y en especial
al pastor Orosman Rozo por darme a conocer la fe reformada.
- A las iglesias La Gracia
de Dios, por haberme permitido compartir este tiempo con ellas y recibir sus buenos
augurios y sus muchas oraciones. Gracias
por formarme en el púlpito.
- Al amado pastor Sergio
Ruíz, porque su vida desafía mi entrega a Dios.
- A la familia Durán Jimenéz
a quienes sentimos siempre cerca.
Gracias por su apoyo.
- A John y Lorena, por
involucrarse en nuestro ministerio de manera tan comprometida.
- Al pastor Eugenio Line,
gracias por estar comprometido con la causa del Evangelio. Gracias
por sus oraciones, y por su apoyo con los libros.
- A Alberto Contreras por su
apoyo moral y espiritual.
-
A la familia Gútierrez Ortiz, gracias por hacernos
sentir cercanos a ustedes.
-
A William Rodríguez y familia, por su amistad y
ayuda constante.
- A Rosita Carreño, Jorge
Correa, los Gómez Navarro, Paula Jiménez, Teresita Restrepo, Mencho Pinzón, la
Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, Mustard Seed, Overseas Council. Y a todo el que nos ha ayudado, orado por
nosotros, nos escuchó o animó.
- A mis queridos vecinos
confraternos, Joaquín y Rosa, sus hijos Paty y Danielito. A Santi y Dianis. Siempre tan dispuestos, “estaban
predestinados”.
- A mi compañero Josué
Guerrero, por callar entendiendo y sin entender. Por sus comentarios directos y por
escucharme.
- A mis compañeros del
Seminario, en especial a Pacho quien me ayudo cuando no sabía por donde
arrancar en algunas materias.
- A todos los profesores del
Seminario, los de planta y los ocasionales.
En especial: A Marcos por aceptar
ser mi monitor y por hacerme incluir su postura teológica, me enriqueció mucho.
Elizabeth por darme ánimo cuando me sentí perdido al escoger el tema de este
trabajo y por responder tanta inquietud.
A Fernando Mosquera, por recibir con tanto aprecio el trabajo de un
estudiante y por repartir su conocimiento sin temores. A Theo Donner por ser un desafío a mi
torpeza. A Jaime Ortiz por ser fiel
ejemplo a seguir. A Jeanine Brabon por
su entrega al evangelismo y a la restauración, gracias por su generosidad. A Donaldo Sendek por toda su labor en
conseguir fondos para nosotros los estudiantes, y por tomarse el tiempo en
saludarnos siempre. A David Ford, porque su actitud me invita a ser más
humilde.
- A los empleados del
Seminario, gracias por tener todo dispuesto para que éste lugar sea especial.
- A los que me prestaron
libros para este trabajo: Jairo Franco y Angélica Bernate.
- A Clara Patricia Agudelo.
CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN 1
1. LA RELACIÓN ENTRE PECADO Y EL CRISTIANO SEGÚN
10
TRES TRADICIONES TEOLÓGICAS
1.1 LA POSTURA CATÓLICA SOBRE EL PECADO 11
1.1.1 Las clases de pecados 13
1.1.1.1 El pecado original 14
1.1.1.2 El pecado mortal 15
1.1.1.3 El pecado venial 16
1.1.2 Las consecuencias del pecado 16
1.1.3 La solución al pecado 19
1.1.4 El concepto de salvación 21
1.2 LA POSTURA CALVINISTA SOBRE EL PECADO 24
1.2.1 El pecado original 25
1.2.2 Otros pecados 26
1.2.3 Concepto de salvación 27
1.2.3.1 La justificación 28
1.2.3.2 La Santificación 29
1.3 LA POSTURA WESLEYANA SOBRE EL PECADO 33
1.3.1 El pecado original 34
1.3.2 El concepto de salvación 36
1.3.2.1 La Justificación 36
1.3.2.2 La perfección cristiana 38
2. ESTUDIO DE
2.1 CONTEXTO GENERAL DE LA CARTA DE
2.1.1 Autor 45
2.1.2 Destinatarios 45
2.1.3 La ciudad de Corinto 46
2.1.4 Ocasión y propósito 47
2.2 CONTEXTO Y ANÁLISIS A
2.2.1 Delimitación del texto y contexto inmediato 48
2.2.2 Definición del texto 51
2.3 EXEGESIS DE
2.3.1 Diagrama estructural 52
2.3.2 Análisis gramatical y comentarios por frases 55
2.3.3 Conclusiones teológicas 66
2.3.4 Comparación con la literatura paulina y con otras epístolas 71
3. COMPARACIONES Y PROPUESTA PARA LA IGLESIA
EVANGÉLICA DE
COLOMBIA 77
3.1 COMPARACIONES 77
3.1.1 ¿Peca un creyente? 77
3.1.2 ¿En que medida es válido el uso del término
carnal para referirse
a un creyente? 82
3.1.3 ¿Cambia la condición del creyente cuando
peca? 85
3.2 PROPUESTA DE MANEJO AL PECADO EN EL CREYENTE
BASADA EN
3.2.1 Lo que la Iglesia debe hacer con el pecador 91
3.2.2 Lo que el creyente debe hacer con el pecado 96
CONCLUSIONES 101
BIBLIOGRAFÍA 106
ANEXO 112
INTRODUCCIÓN
La Biblia afirma que cuando la
persona cree, es una “nueva criatura” (
Para intentar una
explicación sobre lo que sucede con un cristiano que peca, algunas
congregaciones cristianas, en especial aquellas que siguen las notas de la
Biblia anotada de Scofield y las influenciadas por Campus Crusade for Christ, han establecido en sus líneas
doctrinales una postura conocida como el
cristiano carnal[1] . Dicho pensamiento afirma que un creyente es
parte de la iglesia de Dios a pesar de
sus pecados, porque ya ha aceptado a Cristo como su Salvador, pero que le es
necesario aceptar a Cristo como el Señor de su vida.
El texto guía que se usa
para defender la doctrina del cristiano
carnal es
La expresión cristiano carnal rotula a un tipo de
personas pero crea muchas dificultades como, por ejemplo, cuando los creyentes
comprometidos ven que hay un estilo de vida un poco más laxo, que les permite
vivir dentro de la Iglesia aún con comportamientos propios del mundo (
Al observar esta
problemática que afecta a la Iglesia de Cristo, el presente trabajo presenta la relación entre
el pecado y el creyente, luego de la conversión. Se debe entender como relación la exposición de un
hecho que sucede, o la conexión que existe entre una cosa con otra[2]. Además busca explicar si un cristiano, luego de
creer, mantiene el pecado en su vida o le es quitada completamente su condición
pecaminosa.
Para apoyar el análisis del
tema se presenta el problema del pecado en el creyente desde diferentes
ópticas, la católica, la calvinista y la wesleyana.
En primer lugar y debido a
nuestro contexto espiritual, es importante conocer cómo maneja la Iglesia
Católica Romana el tema del pecado en el creyente. Aunque sus postulados parezcan diferentes al
compararlos con la Biblia, son los que la mayoría de los nuevos creyentes traen
como base al llegar a nuestras iglesias evangélicas. La Iglesia Católica Romana ha elaborado todo
un sistema para la clasificación y el manejo del pecado y establece diferencias
de acuerdo con su objeto, con las virtudes a las que se opone y con los
mandamientos que quebranta. También los
clasifica entre los que se refieren a Dios, al prójimo o al mismo hombre, entre los pecados carnales
o espirituales y, además, establece diferencias tales como los de pensamiento,
de palabra, de obra o de omisión[3]. No obstante, existen tres clases de pecado
que enmarcan la diversidad clasificatoria del Catolicismo: pecado original,
pecado mortal y pecado venial.
Para realizar la
investigación dentro del Catolicismo se toma como fuente primaria el Catecismo de la Iglesia Católica, por
ser un documento reciente sobre sus posturas doctrinales. Este documento puso por escrito las doctrinas
que la Iglesia de Roma trató durante el
Concilio Ecuménico Vaticano II, que fue iniciado por el Papa Juan XXIII en el año
de 1962.
El actual Papa de la Iglesia
de Roma, Juan Pablo II, se refiere así al
Catecismo de la Iglesia Católica: “Es una exposición de la fe de la Iglesia
y de la doctrina católica, atestiguadas o iluminadas por la Sagrada Escritura,
la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico”[4].
El Catecismo
del Padre Astete es usado como fuente primaria de igual forma.
Este escrito fue muy difundido años atrás en los países
latinoamericanos, y aún se mantiene en gran estima. Gaspar Astete fue un sacerdote perteneciente
a la comunidad conocida dentro del Catolicismo como la Compañía de Jesús, y fue profesor de humanidades, teología moral y
filosofía. Su obra más conocida, Doctrina Cristiana y Documentos de Crianza
o con su nombre popular, el Catecismo
del Padre Astete, fue publicada presumiblemente por primera vez en
1579. Astete escribió el catecismo para
que los estudiantes pudieran acceder de manera fácil a la doctrina de la
Iglesia Católica por dos razones: debido a la proliferación de catecismos en el
siglo XVI, y a que en el Concilio de Trento se ordenó que se enseñara en cada
iglesia la fe católica de manera clara[5].
En segundo lugar, en el
presente trabajo se consideran sólo las dos posturas tradicionales más
importantes dentro del Protestantismo latinoamericano: el Calvinismo y el
Wesleyanismo. Estas dos posturas
agrupan, en cierta medida, las bases de muchas congregaciones actuales en
Colombia. Además de ser posturas
tradicionales importantes, se estudian por tener entre ellas un acercamiento teológico
diferente con respecto al pecado y a la teología de la salvación.
El Calvinismo se refiere
algunas veces a las enseñanzas específicas de Calvino, y otras al sistema de
las iglesias protestantes conocidas históricamente con el nombre de Reformados,
a diferencia de los Luteranos. También
se denomina de esta forma al cuerpo de conceptos teológicos, éticos,
filosóficos, sociales, y políticos que está bajo la influencia de Calvino, el
cual se levantó luego del movimiento de La Reforma y ha dejado una huella
permanente en la iglesia[6]. Este sistema de pensamiento deriva
especialmente en cinco planteamientos claves conocidos como Las Doctrinas de la Gracia: la total
depravación del hombre, la elección incondicional, la expiación limitada, la
gracia irresistible y la perseverancia de los santos[7].
El Calvinismo considera que
el pecado en el creyente debe ser erradicado.
Su postulado es que la persona, al llegar a creer, es liberada de la
esclavitud del pecado pero en ella
permanece una tendencia al mismo que le incita a volver a caer en su mal
camino (
Para el Calvinismo siempre
habrá pecado en el creyente, aunque no con todo el poder que poseía antes de
ser convertido. Esta doctrina considera
que en este proceso no se compromete la salvación, pues quien ha llegado a
creer verdaderamente nunca caerá de la gracia de Dios.
Para el estudio del
Calvinismo se toman dos fuentes principales de investigación: la obra cumbre de
Juan Calvino, Institución de la Religión
Cristiana, que se publicó por primera vez en el año de 1536[8]. Con este escrito Calvino se ubicó a la
vanguardia como pensador del protestantismo, puesto que su obra sistematizó la
doctrina cristiana. La segunda fuente
principal de consulta es la Teología
Sistemática de Louis Berkhof, por ser el texto preferido de los estudios en
muchos seminarios teológicos, tanto norteamericanos como extranjeros, el cual
fue publicado por primera vez en 1934[9].
La otra postura dentro del
Protestantismo que trata este estudio es el Wesleyanismo, la cual está basada
en la obra del pastor Juan Wesley, quien mostró la esencia de sus creencias a
través de sus sermones. Wesley no
escribió una teología sistemática que consignara todas sus ideas, mas bien
desarrolló su pensamiento de alcanzar a los hombres para Cristo mediante sus
predicaciones, y puso todo su empeño en el evangelismo.
La doctrina clave del
Wesleyanismo con respecto al problema del pecado en el hombre es la entera santificación, y emplea el
versículo de
El Wesleyanismo define el
pecado como la trasgresión a la ley de Dios, a la revelación del carácter mismo
de Dios. Afirma, igualmente, que los
hombres nacen con el pecado original y necesitan aceptar el regalo del amor de
Cristo.
De acuerdo con el
Wesleyanismo, después de que una persona cree puede alcanzar la perfección cristiana, la cual se define
como un estado en el que el creyente puede llegar a no pecar. Pero el empeño del hombre por agradar a Dios
no termina con lograr dicho estado, sino que debe seguir creciendo en
amor. Según esto, el creyente que no
posee la perfección cristiana, debe
luchar por alcanzarla y, quien la tiene, debe velar por mantenerla. La salvación puede perderse por no perseverar
en una vida que agrada a Dios.
El libro de Leo George Cox,
titulado El Concepto de Wesley sobre la
Perfección Cristiana, es usado ampliamente por la manera directa y clara en
la que trata los puntos del
Wesleyanismo. Igualmente, el
libro de Wesley Duewel, titulado Dios te
ofrece su gran Salvación, se emplea por mostrar claramente los enunciados
básicos del Wesleyanismo, entre ellos el del pecado que mora en el hombre.
Esta investigación no
pretende desarrollar un tratado sobre todos los aspectos de la teología propia
de cada una de las tres posturas
consideradas anteriormente, ni su desarrollo histórico. Antes bien, se limita al estudio de aquellas
partes de su teología en las que se observa con mayor claridad la relación entre
el pecado y el creyente.
Después de revisar las
diferentes posturas eclesiales tradicionales que se refieren al tema del pecado
en el creyente, es indispensable abordar el texto bíblico, el cual determina
los aciertos y desaciertos de cada postura.
Por esta razón, la confiabilidad de cada planteamiento sólo se logra en tanto
que sea analizada a partir de la Escritura misma.
Aunque existen otros textos
que ayudarían en esta discusión, el texto bíblico tomado como base para este
trabajo es el de
Además de
Finalmente, en el tercer
capítulo se desarrollan las comparaciones entre las posturas expuestas en el
capitulo uno, con lo encontrado en la Biblia, y se analizan sus similitudes y
diferencias. Adicionalmente se presenta
una propuesta sobre cómo se debe manejar el pecado en el creyente, según las
bases bíblicas.
Es pertinente aclarar que
todas las citas bíblicas trascritas en el presente documento pertenecen a la Santa Biblia, antigua versión de
Casiodoro de Reina, revisada por Cipriano de Valera, revisión de 1960,
publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas.
1. LA RELACIÓN ENTRE EL PECADO Y EL CRISTIANO
SEGÚN TRES TRADICIONES TEOLÓGICAS
Todos los que siguen a
Cristo deben considerar su estado delante de Él y cómo los afecta el pecado en
su cotidianidad. Saturnino Gamarra dice:
“... en un cristiano la experiencia de Dios que excluye la conciencia de pecado
no es genuina, y la conciencia de pecado que no incluya la experiencia de Dios
no es cristiana”[11]. No se puede desligar la vida de un verdadero
creyente con respecto a su comportamiento delante de Dios, de los demás y de
sí mismo. Por esto, es pertinente revisar cómo se concibe el pecado por los
diferentes enfoques teológicos que siguen a Cristo como Dios y Señor de la
salvación.
En el presente capítulo se
analizan tres posturas teológicas que hablan sobre la relación entre el pecado
y el creyente. Una de ellas es el
Catolicismo; en el ámbito del Protestantismo, se estudian el Calvinismo y el Wesleyanismo. El orden de
estudio es netamente cronológico de la siguiente forma: primero apareció la
iglesia Católica Romana establecida como tal en el año 1054 después de la
ruptura que existió entre oriente y occidente.
Posteriormente, en el tiempo de la Reforma, surgió el reformador Juan
Calvino y su pensamiento denominado Calvinismo, es acogido por una parte de la
nueva iglesia de la época en Suiza. Por
último, se trata el tema del pecado en el Wesleyanismo que surgió con Juan
Wesley a mediados del siglo XVIII.
1.1 LA POSTURA CATÓLICA SOBRE EL PECADO
Se considera en la
actualidad que un católico es toda persona que reconoce la jurisdicción del
Papa[12]. Luego del siglo XVI, el término católico se
le asignó en su uso corriente a una parte de la iglesia de Cristo que se
encontraba bajo la jurisdicción de Roma.
No obstante, es relevante aclarar que en su uso genérico el término
“católico” significa universal, pero en su uso sociológico habitual se asocia
con la Iglesia de Roma[13]. Además del nombre de Iglesia de Roma, también
se le ha denominado Catolicismo e Iglesia Católico Romana.
Es importante reconocer
algunas de las bases teológicas del Catolicismo para poder entender mejor su
concepto sobre el pecado en el creyente.
Su teología parte de dos fuentes principales: la Biblia y la tradición. El Catolicismo considera que la tradición
también es la Palabra de Dios, que se transmitió oralmente desde el tiempo de
Jesús y los Apóstoles, la cual se conoce como el magisterio de la Iglesia[14]. Afirma también que se puede cooperar con la
gracia[15] mediante la fe, las
buenas obras y la participación en los sacramentos:
La Iglesia afirma que para
los creyentes los sacramentos de la nueva Alianza son necesarios para la salvación (cf Cc. De Trento: DS 1604). La
“gracia sacramental” es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia
de cada sacramento. El Espíritu cura y
transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental consiste en
que el espíritu de adopción deifica (cf.
La salvación se obtiene no
sólo por gracia, sino por el uso de sacramentos los cuales conceden gracias
especiales que unen al creyente más a Dios.
Para el Catolicismo los sacramentos son “... gracias exteriores instituidas
por Nuestro Señor Jesucristo para darnos la gracia y las virtudes”[17]. Específicamente son siete: Bautismo,
Confirmación, Penitencia, Comunión, Extremaunción, Orden Sacerdotal y
Matrimonio.
De igual forma dentro del Catolicismo se practica la Misa
que, de acuerdo con su teología, es: “... el mismo sacrificio de Jesucristo en
la Cruz, que se ofrece todos los días a Dios sobre el altar, por medio del
ministerio del Sacerdote y bajo las especies de pan y vino”[18]. Lo que motiva el ofrecimiento de la Misa es
la expiación de los pecados y la petición a Dios de la obtención de bienes
espirituales y temporales. También, se
puede realizar para honrar a los santos y pedir su intercesión y, finalmente,
se hace para ayudar a las almas que están en el Purgatorio para que sean
libradas del tormento presente en este lugar[19].
En lo que tiene que ver
directamente con el pecado el Catolicismo sostiene que es una ofensa a Dios,
una falta contra la razón, la verdad, y la conciencia recta, que hiere la
naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana[20]. De igual forma, el pecado hace que el hombre
pierda el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo, y
que la relación entre el varón y la
hembra sea sometida a tensiones dañinas[21]. El Catolicismo plantea que el hombre pecador
está en una situación no grata delante de Dios, y se concibe como la
depositaria de Dios para ayudar al transgresor a que se libre de la
condenación. Por otro lado afirma que
los pecadores pueden acceder a los canales de gracia que el Catolicismo les
ofrece, pero que no todos desean unirse a esa generosa gracia[22].
El Catolicismo sostiene que
el problema del hombre se encuentra en su mismo corazón, pero que aunque el
pecado haya borrado la imagen de Dios,
no lo ha destruido por completo[23]. Afirma enfáticamente que en la vida
cristiana no se puede olvidar el pecado porque el cristiano sigue pecando[24].
1.1.1 Las clases de pecados. El Catolicismo clasifica el pecado en tres
grupos: original, mortal y venial. De acuerdo
con el Catolicismo, la división entre pecados mortales y veniales se desprende
del texto de
1.1.1.1 El Pecado Original. El Catolicismo declara
que Dios creó al hombre en un estado de justicia original: “La revelación nos
da a conocer el estado de santidad y justicia originales del hombre y la mujer
antes del pecado: de su amistad con Dios nacía la felicidad de su existencia en
el paraíso”[26]. Adán y Eva no quisieron permanecer en ese
estado, sino que desearon ser como Dios y quedaron sin los privilegios de los
que gozaban. Su pecado se transfirió a
todos los demás hombres porque Adán era la cabeza representativa de la
humanidad; dicho pecado se llama pecado original[27].
Dado que toda la humanidad
nace con pecado debido a la desobediencia de Adán, solamente por medio el Bautismo se puede
perdonar: “Por el bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de
Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y
hechos partícipes de su misión”[28]. Pero, los demás males (los físicos y la
concupiscencia, o inclinación al pecado) permanecen aún después de la
administración del sacramento[29]. Por lo anterior, no se puede desligar el pecado cometido en el
Edén cuando se habla del pecado y de la miseria en que viven los hombres. Todo pecado, luego del original, es una nueva
desobediencia a Dios y una clara falta de confianza en su bondad[30].
1.1.1.2 El pecado mortal. El Catecismo
del Padre Astete afirma que el
pecado mortal es cuando se hace, se dice, se piensa o se omite algo contra la
ley de Dios o la ley humana en materia
grave, con plena advertencia y pleno consentimiento[31]. De acuerdo con esta definición, el
Catolicismo prosigue explicando qué es materia
grave de la siguiente forma:
La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre” (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño[32]