LA VALIDEZ DE GOZAR CON LOS
QUE SE GOZAN Y LLORAR CON LOS QUE LLORAN EN LA CONSEJERÍA BÍBLICA. UNA EXÉGESIS DE
LUISA FERNANDA RODRÍGUEZ
ECHEVERRY
Tesina para optar por el
título de Posgrado en Estudios Teológicos
Monitora
Lic. CARMEN EUGENIA GALLEGO
CANO
SEMINARIO BÍBLICO DE
COLOMBIA
MEDELLÍN
2004
Nota
de aceptación
____________________
____________________
____________________
________________________
LIC. CARMEN E. GALLEGO
Monitora
____________________
DR. MILTON ACOSTA
Jurado
______________________
DR. MANUEL REAÑO.
Jurado
Medellín ______ de
__________ de 2004
A Dios, el Todosuficiente,
quien se ha glorificado en mis debilidades;
a mi esposo, por su amor incondicional y su
paciencia;
a mi hija, por su amor, su comprensión y su alegría;
a mis padres, por su amor, su respeto y apoyo;
a Raúl, Diana y Esteban, instrumentos de Dios para
poder estar aquí:
a esta amada institución, fuente de amor y trabajo.
CONTENIDO
Pág.
INTRODUCCIÓN 1
1. ESTUDIO DE
1.1 CONTEXTO GENERAL
DE LA EPÍSTOLA A LOS
1.1.1 La ciudad de
Roma 7
1.1.2 Propósito 8
1.1.2.1 Propósito
misionero 8
1.1.2.2 Propósito
apologético 9
1.1.2.3 Propósito
pastoral 9
1.1.3 Lugar y fecha 10
1.1.4 Autor 11
1.1.5 Destinatarios 11
1.1.6 Tema 12
1.2 EXÉGESIS DE
1.2.1 Delimitación
del texto y su contexto inmediato 13
1.2.2 Estructura de
1.2.3 Definición del
texto 15
1.2.4 Análisis
gramatical y comentarios por frases 15
2. LA CONSEJERÍA BÍBLICA Y SU LUGAR EN LA
IGLESIA 25
3. LAS POSTURAS DE ALGUNOS CONSEJEROS BÍBLICOS
CON
RELACIÓN AL INVOLUCRAMIENTO
AFECTIVO ENTRE CONSEJERO
Y CONSULTANTE.
COMPARACIÓN CON
4. COMPARACIÓN DE ALGUNOS CONCEPTOS PSICOLÓGICOS
CON
4. 1 LOS CONCEPTOS DE EMPATÍA Y NEUTRALIDAD A LA
LUZ
DE CARL ROGERS Y SU COMPARACIÓN CON
4.2 LOS CONCEPTOS PSICOANALÍTICOS DE
TRANSFERENCIA
Y CONTRATRANSFERENCIA Y SU
COMPARACIÓN CON
4.3 VALIDEZ DE
4.3.1 En la
psicología secular 60
4.3.2 En la
consejería bíblica 61
CONCLUSIONES 64
BIBLIOGRAFÍA 68
INTRODUCCIÓN
Dentro de la formación de la
psicología clínica secular, tanto los docentes en sus cátedras, como los
psicólogos clínicos y psiquiatras que supervisan las prácticas clínicas de los
estudiantes de psicología, hacen énfasis en que el terapeuta debe adoptar y
mantener una actitud neutral, objetiva, y controlada, en la que se establezca
una clara distancia entre él y su paciente.
Esta condición es aplicable a todos
los enfoques, paradigmas o métodos de la psicología clínica contemporánea
durante y después de la fase inicial o de “encuadre” terapéutico. “En todas las
psicoterapias ... se da una primera tarea que consiste
en establecer la relación terapéutica entre terapeuta y paciente”[1]. En esta fase inicial del proceso
psicoterapéutico se deben dejar claras las “reglas” bajo las cuales se va a
definir la interacción, y especificar los roles del terapeuta y del paciente.
Tener claridad sobre los nuevos roles adquiridos en la relación
psicoterapéutica, independientemente del modelo psicológico que se siga, tiene
el fin de evitar el involucramiento afectivo entre
terapeuta y paciente e incurrir así en faltas de tipo ético, e incluso,
jurídico. Por ejemplo, aunque desde la perspectiva rogeriana
se emplean algunas “variables como la autenticidad, el aprecio, y la empatía,
con el fin de desarrollar una relación de confianza”[2], no se permite que el
terapeuta abrace, llore o ría exageradamente con su cliente.
El modelo psicoanalítico por
su parte, es el que más se ocupa de abordar
cuidadosamente la relación entre terapeuta y paciente pero en términos
de transferencia y contratransferencia, razón por la
cual se incluye en este trabajo. Este
modelo plantea que el terapeuta no puede involucrarse emocionalmente con su
paciente y mucho menos, permitirse expresiones emocionales tales como la risa
descontrolada, la ira, o el llanto. “Los procedimientos psicoterapéuticos de fundamentación psicoanalítica están caracterizados por tres
notas técnicas: la neutralidad del psicoterapeuta analítico, el empleo
predominante de la interpretación y el análisis sistemático de la
transferencia”[3]. La neutralidad psicoanalítica implica
mantener una “distancia” afectiva entre terapeuta y paciente, procurando una
actitud vigilante sobre cualquier tipo de involucramiento
afectivo del terapeuta hacia el paciente.
Aunque el enfoque rogeriano, o centrado en la persona (cliente), asevera que
se debe ser neutral en términos de separar las emociones y pensamientos
pertenecientes al terapeuta de los del
cliente, propende por adoptar una actitud empática. Esta se caracteriza por dejar a un lado lo
que es propio del psicoterapeuta para poder percibir las situaciones desde la
óptica del cliente. Hace alusión a
adoptar el marco de referencia interno del cliente hasta el punto de sentir y
pensar lo mismo a través de imaginar
cómo se viviría esa situación si se estuviera en su lugar[4].
La
orientación psicoanalítica y centrada en el cliente, que ha tenido gran
influencia en el estilo terapéutico, empieza por desechar el papel positivo de
los factores personales del terapeuta.
Cada teoría, partiendo de la conducta del terapeuta ideal ve como
intromisión la personalidad del terapeuta.
El principio de la “pantalla en blanco” que es el factor fundamental del
método psicoanalítico impugna las características reales del terapeuta. Desviaciones de esta especificación forman
parte de la inaceptada “contratansferencia”. Las prohibiciones para el terapeuta centrado
en el cliente se refieren a la imposición de valores y objetivos. Esta teoría que se preocupa por el respeto a
la individualidad y su fe en los
recursos internos de la persona, quien sólo necesita liberarse, lo cual puede
conseguir con la experiencia de tener fe en otro, confina al terapeuta a la
comprensión y a la reflexión. Si se
aparta de estas características se es “directivo”, lo cual resulta tan
inaceptable como la contratransferencia para los
psicoanalistas[5].
A manera de contraste, en el
ámbito de la consejería bíblica existen
posturas como la de Polischuk, quien está de acuerdo
con la postura de Rogers, específicamente con ser empático y neutral (dos actitudes dependientes la una de la
otra) pero, además, Collins, Adams,
MacArthur y Mack, y Tournier, le dan lugar a un tipo de involucramiento
más profundo y a expresiones emocionales tales como la risa y el llanto en los
consejeros durante las sesiones de consejería.
Tomando en cuenta todo lo
anterior, se pretende aprovechar este espacio de reflexión para hacer una
primera aproximación en entender si es válido gozar con los que se gozan y
llorar con los que lloran en el marco de referencia de la consejería bíblica,
que es la iglesia. Se alude a “válido” en términos de aplicabilidad. Para lograr tal fin, se va a establecer qué
dice
De igual forma, es de
interés para el presente trabajo examinar cómo conciben algunos consejeros
bíblicos el involucramiento afectivo, y la ocurrencia
de la
risa o el llanto dentro de la
consejería bíblica.
En cuanto al significado de
este estudio, se puede declarar que examinar si es posible aplicar
De igual forma, se pretende
hallar respuesta a las siguientes preguntas:
1. ¿En el contexto de
2. Si no son referencias literales ¿a qué hacen
alusión y qué aplicabilidad poseen dentro del contexto de la consejería
bíblica?
3. Si son literalmente mandamientos o
instrucciones, ¿qué repercusiones pueden
tener dentro del contexto de la consejería?
4. ¿Qué posibles consecuencias puede traer la
aplicación literal de
5. Dentro del marco de la consejería bíblica, ¿es
permitido gozar con los que se gozan y llorar con los que lloran?
6. ¿El lugar que tiene la consejería bíblica dentro de los
ministerios eclesiásticos, exime a los consejeros cristianos de cumplir los
deberes basados en el amor expuestos en
7. ¿Qué lugar le dan al involucramiento
afectivo algunos consejeros bíblicos
como John MacArthur, Wayne Mack, Pablo Polischuk, Jay Adams y Paul Tournier?
8. ¿Tiene alguna validez
El objetivo general del
presente documento es examinar si gozar con los que se gozan y llorar con los
que lloran son acciones evitadas en el contexto de la consejería bíblica por razones bíblicas o por
argumentos de la psicología secular.
Los objetivos específicos de
esta investigación son los siguientes:
1. Realizar una exégesis de
2. Definir el lugar que posee la consejería
bíblica dentro de la iglesia.
3. Realizar una comparación entre
4. Definir empatía y neutralidad con base en la
postura de Carl Rogers.
5. Comparar
6. Definir transferencia y contratransferencia desde el punto de vista de Sigmund Freud.
7. Comparar
Este trabajo será de
carácter explicativo, exegético y bibliográfico. Los límites y alcance que posee son:
En el primer capítulo se va
a realizar la exégesis de
1. ESTUDIO DE
Para abordar con sensatez el
estudio de
1.1. CONTEXTO GENERAL DE LA
EPÍSTOLA A LOS ROMANOS.
Es relevante presentar una
síntesis de aquellos aspectos que rodearon la escritura de la Epístola a los
Romanos y que ayudan al entendimiento del versículo de estudio.
1.1.1 La ciudad de Roma. Con relación al comienzo de la ciudad de
Roma, se han encontrado datos desde el siglo VIII antes de Cristo (753
a.C.)
en los cuales se hace referencia a la población cerca del río Tíber. Esta se
convirtió posteriormente en la ciudad de Roma, la cual empezó a crecer y a organizarse de manera tal, que constituyó
un sistema de gobierno colectivo[6]. En la época del Nuevo Testamento Roma ganó poder y expansión.
Esto llevó a que su población se
extendiera hasta casi un millón de personas de diferentes procedencias. Su fama de ciudad cosmopolita hizo que muchos
aristócratas se fijaran en ella para establecer su residencia. Gracias a los
ingresos procedentes de sus conquistas,
los césares realizaron grandes construcciones; además, brindaron a la
gente del común medios económicos para su
subsistencia, los cuales no eran dados en ninguna otra ciudad. Igualmente, se les proporcionaba
entretenimiento y esparcimiento cultural[7]. Brown describe el
cristianismo en Roma así:
Los orígenes del cristianismo en Roma, la capital del Imperio, y la
naturaleza de la iglesia en aquella ciudad constituían un trasfondo
importante. Había probablemente en Roma
40.000 o 50.000 judíos en el siglo I d.C. ... que habían llegado de la zona de Palestina/Siria como
comerciantes, emigrantes o prisioneros de guerra. Dos siglos más tarde se prolongaron los lazos
políticos estrechos entre Israel y Roma ... El relato
de Tácito sobre la persecución neroniana después del incendio del 64, implica
que era posible distinguir entre cristianos y judíos en Roma. El cristianismo
se había originado en Judea, una sugerencia indirecta de que el cristianismo
había llegado a Roma desde aquella provincia. La carta de Pablo [a los Romanos]
en el 57/58 implica que la comunidad cristiana había existido ya durante un
considerable lapso de tiempo, puesto que el apóstol había deseado “durante
muchos años” visitarla (
1.1.2 Propósito. La Epístola a los Romanos no fue
escrita con un propósito único, dada su extensión y complejidad. Por lo tanto, se procederá a especificar
algunos de ellos: el
misionero, el apologético y el pastoral[9].
1.1.2.1 Propósito misionero. Este énfasis es
suficientemente claro desde
1.1.2.2 Propósito
apologético. El versículo de
1.1.2.3 Propósito
pastoral. Una visión popular creciente
en la segunda mitad del siglo XX apunta a que Pablo escribió para contrarrestar
las divisiones potenciales en Roma contra las iglesias en casa, particularmente,
el peligro de los creyentes gentiles que despreciaban a los creyentes judíos
menos liberados. Además, era necesario atender ciertas tensiones
existentes dentro de la iglesia causadas
por las dificultades en la comunión fraternal, que representaban incluso una
posibilidad de división. Adicionalmente,
podía ser útil para Pablo dar una “... explicación cuidadosa de sus ideas para
mejorar las relaciones en Roma entre cristianos con diferentes concepciones ... cumpliendo con su responsabilidad de ser
apóstol de los gentiles”[10].
1.1.3 Lugar y
fecha. Al parecer, Corinto (Grecia) es
el lugar desde el cual Pablo concibió esta epístola. Existen indicaciones internas[11] que sugieren que en
ese tiempo él debió haber sido residente de Corinto: 1. Febe (
El tiempo de la
composición de la espístola es más difícil de
precisar. Hendriksen[12] hace una
descripción acerca de la fecha más probable:
En el segundo viaje
misionero de Pablo (50/51-53/54 d.C) no pudo haber
sido porque la Epístola a los Romanos pertenece a un período más tardío en el
que las labores misioneras de Pablo en la parte oriental del imperio estaban
próximas a terminar. (
Todo apunta a la
probabilidad de que Pablo escribió la Epístola a los Romanos hacia fines de su
ministerio en Acaya (Grecia), mencionado en
1.1.4 Autor.
A excepción de pocos escritores, existe consenso sobre la autoría de
Pablo de la Epístola a los Romanos. El
mismo Pablo en
1.1.5 Destinatarios. En la parte inicial (
1.1.6 Tema.
Los diferentes temas abordados por la Epístola a los Romanos
han sido divididos de diferentes maneras por varios autores, como Hendriksen[14], Brown[15] , Cranfield[16] y Bruce[17], con base en los
cuales se puede apreciar que todos observan básicamente tres partes: una
inicial de introducción, una doctrinal y una práctica a partir del capítulo
Con todo esto en
mente, es necesario hacer un análisis
más específico de
1.2 EXÉGESIS DE
Como
se mencionó anteriormente, el capítulo
1.2.1
Delimitación del texto y su contexto inmediato.
La Epístola a los Romanos está constituida por dos grandes divisiones:
una doctrinal-teológica (capítulos 1-11) y una práctica o de exhortación
(capítulos 12-16). Como se puede
observar, la primera división es más extensa, mientras que la segunda es más
corta y se describe como una amonestación “a vivir según la ley del amor, una
apelación a la fe y a la conciencia cristiana”[18].
El
capítulo
Stott[19]
le da un énfasis especial al amor dentro de las relaciones fraternales,
argumentando que en Romanos
todas las referencias al amor han tenido relación con el amor de Dios, pero,
ahora, Pablo se enfoca en el agape como una esencia
del discipulado cristiano.
1.2.2 Estructura de
9
El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.
10Amáos
los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los
unos a los otros.
11
En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu,
sirviendo al Señor;
12
gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la
oración;
13
compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la
hospitalidad.
14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
15
Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.
16
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes.
No seáis sabios en vuestra propia opinión.
17
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los
hombres.
18
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad
en paz con todos los hombres.
19
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de
Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
20
Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed,
dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
21
No seas vencido de lo malo, sino
vence con el bien el mal. (R.V. 1960).
Ahora, se
procederá a realizar un esquema o división de la perícopa
de
I.
El amor cristiano
v. 9-10 Entre los santos
v. 11-13 Frente
al servicio al Señor
v. 14 A los opositores
v. 15 Condolido
v. 16 Modesto
v. 17-19 Pacificador
v. 20-21 Compasivo
1.2.3
Definición del texto. El texto
específico en el que se va a centrar la atención es
1.2.4 Análisis
gramatical y comentarios por frases. En
esta parte del trabajo se tiene la intención de examinar si en el contexto de
caivrein
meta; cairovntwn
El infinitivo caivrein sin artículo, está
funcionando como verbo (función verbal).
El uso verbal de este infinitivo es de mandato; “es comúnmente llamado ... infinitivo imperativo. Es el único uso independiente del infinitivo
griego, y no es de muy frecuente ocurrencia. La construcción sugiere una
estrecha relación entre el infinitivo y el imperativo”[20].
En esta cláusula, caivrein funciona como un verbo intransitivo[21] porque no se
especifica aquello por lo que se goza, es decir, no se especifica el
complemento directo. La expresión con
sentido completo es: “con los que se gozan”, lo que le da especial énfasis a la
preposición.
cai,rw
aparece 74 veces en el Nuevo Testamento y es especialmente importante en Lucas,
Juan y Pablo. Tiene tres connotaciones:
1. Regocijarse, estar en un estado de
felicidad o bienestar; 2. Fórmula o expresión formalizada de saludo. 3. Sentido pasivo[22],
por ejemplo, ser contentado, alegrado.
Con
respecto a la primera connotación, las ideas de regocijarse y estar contento
son reiteradas por varios autores[23]. También se adicionan elementos como alegría[24],
estado de felicidad y bienestar[25]. “Con frecuencia, la exhortación a la alegría
tiene carácter de consuelo ante las tristezas presentes (
Para
Pablo car es la alegría de la fe (
Pasando
a la segunda connotación, “se encuentra frecuentemente como saludo (ocho
testimonios) y también en el praescriptum de las cartas (cf.
De una manera más
precisa, se puede conceptuar como un estado de felicidad, regocijo y bienestar
que hace referencia a estar contento
cuando se encuentra opuesto a klaivein, como es el caso de
Con respecto a la
preposición met , es
importante mencionar que está acompañada del genitivo cairovntwn que asigna una idea de asociación o
acompañamiento que debe ser realizada como identificación con aquellos que se
gozan. Su significado es con o en compañía con. Es más apta para denotar asociación cercana o
circunstancias concomitantes (
klaivein
meta; klaiovntwn
klaivein es un infinitivo, sin artículo, que está
funcionando como verbo (función verbal), lo cual hace que tenga las mismas
implicaciones de caivrein, explicado
anteriormente. Es un infinitivo imperativo, lo que circunscribe una orden o
mandato[32]: llorar es una
orden o mandato.
En este caso, es un
verbo intransitivo porque no se especifica aquello por lo que se llora, o en
otras palabras, el complemento directo no es está presente. La expresión
completa es: “con los que lloran”.
De
los 40 testimonios de klai,w
que aparecen en el Nuevo Testamento, varios se encuentran en Lucas (nueve), en
el evangelio de Juan (seis) y en el Apocalipsis (seis).
Se refiere principalmente a llorar o lamentar,
expresar el pesar de separarse, remordimiento, dolor, culpa, angustia o
existencia insatisfecha y triste[33]. Posee dos sentidos: 1. Expresión del duelo
humano, y 2. Significados metafóricos y teológicos[34].
En
el primer sentido, este verbo expresa siempre una emoción muy intensa,
específicamente de duelo y lamentación por difuntos (16 veces), de dolor por
algo que se ha perdido (seis veces), de tristeza por una despedida (
En
el segundo sentido, “posee su significado teológico más intenso cuando se
presenta en el contexto inmediato de expresiones de gozo. Es imagen de la vida en opresión, escasez e
impotencia.. En
Además,
klaivein
puede tener dos usos:
1. Intransitivamente, como expresando una fuerte emoción interna
llorar, gritar, derramar lágrimas (
klaivein
es usado en el NT para expresar una emoción violenta por ejemplo en la
despedida (
En este texto se
emplea con el sentido de experimentar una emoción interna enfáticamente intensa
que denota un dolor muy profundo. Aquí
predomina la idea de la unión fraternal
entre los que gozan de bienestar y los que padecen dolor o tristeza. Si bien es
algo interno, también se puede expresar externamente mediante lágrimas y
exclamaciones de dolor.
En esta segunda
cláusula, la preposición met también está acompañada de un genitivo, en
este caso klaiovntwn, manteniendo la
idea de la asociación o el acompañamiento con aquellos que lloran. Al igual que en el participio anterior,
klaiovntwn se encuentra sin artículo
ni sustantivo, pero acompañado de una preposición, lo cual, le da un carácter
nominal, haciendo referencia a los que lloran.
caivrein
meta; cairovntwn, klaivein
meta; klaiovntwn.
Esta es la primera
de una secuencia de exhortaciones en las que Pablo se centra en las máximas de la
sabiduría tradicional judía[39]. Aquí el paralelo
más cercano es
El paralelo con
En el caso de Jesús,
es posible determinar el grado en el que animaba a sus discípulos a
experimentar un sentido de solidaridad
con los pobres y oprimidos: se puede comparar de manera particular con el manejo de Mateo de la primera bienaventuranza (
Para
hacer más entendible el sentido de klaivein,
es relevante mencionar que en
En
resumen, se puede afirmar que:
1.
2. En el contexto en que se encuentra
3. Tomando en cuenta el contexto de
4. Debido a que “llorad” es un infinitivo
intransitivo se refiere sobre todo a experimentar una emoción interna fuerte
ante una situación de duelo. No obstante,
puede incluir la acción literal de llorar (derramar lágrimas).
5. Gozar con los que se gozan y llorar con los
que se lloran por su carácter imperativo son un mandato, una orden. Esto deja claro que no son una opción para
los creyentes.
6. Pablo emplea las mencionadas acciones
imperativamente, aún cuando sabía que
existían divisiones y desprecio entre los creyentes gentiles y los creyentes
judíos. Es decir, las acciones de gozar
con los que se gozan y llorar con los que se lloran no debían depender de si
existía una adecuada comunión fraternal o de si tenían las mismas
concepciones. De hecho, había
dificultades en la comunión y diferencias ideológicas entre los creyentes, y
aún así, tenían que llevarlas a la práctica.
7.
Gozar con los que se gozan y llorar con los que lloran hacen referencia a
acciones literales motivadas por las situaciones favorables o desfavorables de
otros hermanos.
8.
La preposición cuyo significado es “con”, o “en compañía con”, tiene especial
importancia en ambas cláusulas porque llena de sentido a los mandatos.
9. Dado el contraste presentado entre gozar y
llorar, se enfatiza la unión fraternal que debe existir entre los que están
alegres y los que están afligidos. Es
claro que el mandato no es para los afectados directamente, sino para los
hermanos que los rodean, lo que implica un sentimiento de solidaridad
fraternal.
2. LA CONSEJERÍA BÍBLICA Y SU LUGAR EN LA IGLESIA
Este capítulo tiene
el objetivo de examinar cuál es el lugar de la consejería bíblica en el
contexto de la iglesia, es decir, cómo encaja dentro de los diferentes
ministerios pastorales desarrollados en el marco eclesial.
El primer paso a
seguir, es hacer explícito que independientemente de si se define la consejería
bíblica como ministerio eclesial, proceso de cambio, relación de ayuda o
actividad pastoral, es cierto que no puede funcionar aparte de la iglesia, ni
sin su cobertura. La consejería precisa
del contexto de la iglesia con el fin supervisar que se rija por parámetros
bíblicos, que se tenga un fundamento teológico sólido, que se posea y conserve
la noción de servicio dentro del cuerpo de Cristo, que se incluyan límites
éticos basados en las Escrituras, que se esté sujeta a la disciplina de la
iglesia en caso de que el consejero o su consultante incurran en alguna falta ética o un pecado.
Teniendo esto en
cuenta, hay varios autores dentro de la consejería bíblica que desarrollan el
tema del lugar que la consejería tiene dentro de la iglesia o el ministerio
pastoral. Para fines del presente
documento, se procederá a sintetizar las posturas de Hamilton, Barrientos, Collins y Polischuk.
Hamilton plantea que
aconsejar es una “función del ministerio”. Este ministerio posee tres
características: es de Dios, ejercido por el Espíritu Santo y para la
gente. El hecho de que le pertenezca a
Dios (de Dios) implica la conciencia de que se es llamado por él para hacer su
obra a su manera. Asímismo, afirma que el Espíritu
Santo es indispensable para ocasionar
cambios permanentes; además, obra a través del ministro, le llena y le
capacita. Este autor declara
categóricamente: “Dejemos afuera el “de Dios” y el ministerio se convertirá en
una decisión vocacional en lugar de un llamamiento. Quitemos el “por el espíritu” y el ministerio
será una acción humanitaria. Quitemos el
“para su pueblo” y el ministerio se convertirá en una manipulación, no en una
mediación”[41].
Empleando los
elementos dados por Hamilton, se puede expresar que el aconsejar como función
del ministerio debe regirse por las mencionadas características: es dado por
Dios de acuerdo a sus propósitos, es posible gracias a la acción del Espíritu
Santo tanto en el consejero como en el consultante, y tiene el fin de escuchar,
ayudar, restaurar y confrontar a los creyentes.
Con el fin de
aclarar la connotación de la palabra “ministerio”, es importante traer a
colación algunos elementos básicos pero relevantes para su definición: aún
cuando esta palabra tiene varias acepciones, hace referencia principalmente al
“servicio de unos a otros en diferentes formas”[42]. Si el ministerio se concibe como servicio, es
necesario especificar que “servir, diakon (diakonéo), es un concepto muy
amplio que se relaciona tanto con servir a otros en sus necesidades, como en el
ejercicio de cualquier don otorgado por Dios para su iglesia, mediante un
ministerio concreto. La diakonía cristiana es en sí servicio y es la base del
ejercicio de cualquier don o función dentro y fuera del cuerpo de Cristo[43].
A partir del
planteamiento de Gallego, es claro, entonces, que
servir tiene una íntima relación con la ayuda fraternal de manera que se
busque beneficiar, auxiliar y dar asistencia con la perspectiva de ser parte del cuerpo de
Cristo. Esto es lo que enmarca la
consejería bíblica.
Por otro lado, Barrientos
menciona que la consejería bíblica no es una actividad ajena al pastorado y que este tiene unos objetivos: 1. Dar a la
iglesia un lugar en su comunidad. 2.
Reconciliar y vincular a las personas con Dios mediante la
evangelización. 3. Formar y perfeccionar a los cristianos. 4. Crear y madurar relaciones y, 5. Organizar
y movilizar capacidades. La consejería
bíblica se ubica principalmente dentro de los objetivos 3 y 4: formar y perfeccionar a los cristianos
y crear y madurar relaciones, los cuales serán explicados a continuación.
La formación de
cristianos implica un proceso de seguimiento posterior a la conversión genuina,
en el que se les estimule a ser cada vez más semejantes a Jesús. Para lograrlo, es necesario que exista un
compromiso pastoral profundo y decidido con el fin de actuar como un modelo de
formación. “Debe iniciarse un programa serio de formación en el que el
cristiano sepa dónde está, hacia dónde va y qué debe hacer”[44]. Para esto, es necesario que haya una
continuidad pastoral de manera tal que se pueda conocer la congregación, se
esté comprometido con ella, se tenga un programa definido que se desarrolle y
se revise periódicamente. Es así, que a
partir de los elementos dados por Barrientos, se
puede deducir que la consejería bíblica hace parte de la formación y perfección
de los cristianos porque les instruye, informa, modela, moldea y apoya, con el
fin de que su carácter y sus relaciones interpersonales sea cada vez más acordes con las Escrituras.
La creación y
maduración de relaciones implica que los nuevos creyentes sepan cómo
relacionarse con Dios pero también con sus hermanos. Deben ser adiestrados con
el fin de trabajar para Dios y para la
gente (vecinos, colegas, familiares, etc). En este tópico la consejería tiene mucho
campo de acción puesto que aborda y atiende dificultades de esta índole en el
ámbito matrimonial, familiar, laboral y fraternal.
Según la experiencia
de la autora de este documento, la consejería bíblica como tal abre un espacio
definido y delimitado para enseñar e instruir
al cristiano para que pueda integrar muchos aspectos de su carácter y
cotidianidad con los principios bíblicos.
Se ha observado que unos de los motivos más frecuentes de consulta son
precisamente aprender a comunicarse más y mejor, resolver conflictos y
perdonar, los cuales hacen parte de la
integración con otros.
Pasando
ahora a Collins[45],
él describe lo que significa ministrar a otros. Explica que esta es una actitud especial de amoroso
cuidado que se da dentro del contexto de una comunidad Cristo-céntrica e
implica estar disponible constantemente a amar, respetar y ayudar a otros.
Además, incluye poder aceptar ayuda bajo la premisa de que se deben sobrellevar
las cargas de los otros y va más allá de consolar, demostrar simpatía o interés
por los demás.
Asímismo, Collins[46]
afirma que los aconsejados deben hacer parte de una iglesia local en la que
estén siendo ministrados. Expone también
que la consejería bíblica es una manera de proveer cuidado, una forma de
ministrar y será más efectiva en tanto se dé dentro de una comunidad de
creyentes compasivos. Además, hace hincapié en que la consejería bíblica se
debe hacer tomando en cuenta el concepto de que la iglesia es el cuerpo de Cristo.
En
otro de sus libros[47],
Collins realiza una completa elaboración acerca de
relación entre la iglesia y la consejería.
Comienza especificando que en el N.T. el término ekklesia
(eklesía) hace referencia a un grupo de personas que
son llamadas para encontrarse y estar juntas.
Así la comunidad sea concebida como la iglesia universal (cuerpo entero
de creyentes que provienen de diferentes denominaciones y alrededores del mundo
y que incluye los que aún están vivos y los que ya murieron) o como la iglesia
local (grupo de creyentes que se reúnen en un lugar para la adoración, el
crecimiento mutuo y el servicio), es claro que la Biblia no presenta la vida
cristiana como una experiencia solitaria.
Continúa desarrollando la idea de que la Biblia emplea algunas imágenes
para ayudar a entender la naturaleza de la iglesia. Es así, como la iglesia puede ser vista como
el pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo.
Según
Collins, el hecho de ser pueblo de Dios, es
posibilitado porque el Padre adopta a algunos dentro de su familia para
siempre, de manera que llegan a ser parte de una comunidad donde encajen y
puedan sentirse solicitados, bienvenidos y libres para confiar (
Este
mismo autor[48]
describe los ministerios de la iglesia,
especificando que ésta existe teológicamente para la adoración, la edificación
y el evangelismo. Es puntual al afirmar que los consejeros deben preferir
pensar en la iglesia como un grupo de personas que existen para alabar a Dios,
edificar la gente y hacer una diferencia en el mundo en que se vive. A continuación, se van a explicar los dos
ministerios principales de la iglesia según Collins,
que son la adoración y la comunidad:
En
cuanto a la adoración, se puede afirmar que la iglesia existe prioritariamente
para adorar a Dios, independientemente de la época en la que se viva. La adoración debe ser ejercida con
determinación y disciplina e incluye expresar el amor a Dios en formas
específicas y racionales. Es dar gracias
por lo que Dios ha hecho en el pasado e incluye la determinación a ser obedientes;
se adora cantando, orando, escuchando meditando y dando, pero va más allá pues permea toda la vida: amar a Dios, conocerlo, obedecerle y
ser cada vez más como él (
Con
relación a la comunidad, se puede aseverar que la iglesia existe para
“edificar” a la gente en medio de una sociedad en la que el aislamiento, la
soledad, el auto-centramiento y las relaciones rotas
son parte de la cotidianidad; la gente necesita la clase de comunidad que sólo
se encuentra en la iglesia.
La
palabra “edificación” no es muy empleada en la actualidad pero resume cómo interactuaban los primeros cristianos. Se
refiere a la construcción de la comunidad y los ministerios de ayuda a la gente
dentro de la iglesia. Ser una comunidad
cristiana significa que se conocen las necesidades mutuas y que se toma
responsabilidad por el bienestar y las necesidades de los hermanos. Según Collins[49],
la iglesia puede construir comunidad y
edificar creyentes a través de varias maneras:
1. Enseñanza y predicación: la enseñanza
bíblica incluye dar entrenamiento y estímulo que sea relevante y práctico, pero
también reprender y corregir los errores (
2. Compartir, dar y amar: en el ámbito de la consejería bíblica,
algunos escritores-terapeutas asumen que el amor humano va a mantener a la
gente unida y a remover algunas de las tensiones que la dividen. En la realidad se observa que no es fácil
amar y que con frecuencia se fracasa en el intento, pero aún así, se debe
depender del Espíritu Santo para que éste produzca el amor necesario en y entre
los creyentes.
3. Sumisión mutua: esta actitud se debe llevar a
la práctica hasta el punto de servirse unos a otros considerando a los demás
como superiores (
4. Disciplina: Collins
plantea que algunos cristianos están inclinados a obviar los malos
comportamientos que se presentan entre ellos,
tal vez por evitar la vergüenza o la tensión. No obstante, la Biblia es clara en cuanto a
que los ofensores necesitan ser confrontados y en ocasiones excomulgados, con
el objeto de restaurar eventualmente el cuerpo (
Por
último, Collins[50]
expone que la consejería cristiana puede tener un poderoso impacto cuando
trabaja en asociación con la iglesia, con seres humanos guiados por el Espíritu
Santo y sumisos a la enseñanza de la Escritura, pudiendo ser usada por Dios
para cambiar el comportamiento y el carácter, para encontrar las necesidades
reales y promover el crecimiento personal cristiano.
Por
su parte, Polischuk plantea que la iglesia es una
comunidad terapéutica que tiene la potencialidad de ofrecer apoyo, perspicacia,
aliento y sostén[51]. Al igual que Collins,
declara que la comunidad tiene aspectos ministeriales que a su criterio son
sanidad, sostén, guía y reconciliación.
Con
respecto a las diferencias entre “cuidado pastoral” y “consejo pastoral”
este autor sostiene que “el cuidado
abarca un territorio vasto en el cual muchas funciones específicas pueden ser
descritas más particularmente. Entre
tales funciones, el consejo aparece como un acercamiento específico y un
ministerio particular”[52].
Con
base en todo lo anterior, vale la pena concluir que la consejería bíblica es un
ministerio que debe existir en y para la iglesia. Tiene sentido dentro de una
comunidad de creyentes compasivos y hace parte de la sanidad, restauración,
guía y sostén de la iglesia. Empleando
los elementos dados por Collins, es pertinente
aseverar que como ministerio de ayuda, la consejería pastoral es una forma de
edificar a los creyentes. Como una forma
de construir comunidad y edificar a los creyentes, incluye enseñar, dar amor, y
sobrellevar las cargas de los consultantes; es un modo de servicio y un espacio
que está sometido a la disciplina eclesiástica.
Incluyendo ahora los aportes de Polischuk, se
puede apreciar que la consejería bíblica es una forma de cuidado pastoral que
provee asistencia, dirección y restauración.
Esta
parte conclusiva no puede dejar de lado el hecho de que la consejería pastoral
es también una forma de discipulado. MacArthur y Mack sostienen que
discipular es “enseñar principios cristianos básicos a un creyente, mientras
que la consejería usa esos principios para tratar con ciertas situaciones
específicas en la vida del individuo. La
consejería más productiva proviene del ministerio de discipular a una persona
después de su salvación; de enseñar a ese individuo los principios básicos para
vivir la vida cristiana”[53].
El
discipulado es un proceso de enseñanza y formación a largo plazo (incluye toda
la vida cristiana), mientras que la consejería tiene límites de tiempo
definidos por las metas y objetivos planteados en el momento de su inicio. Obedece a situaciones y dificultades
específicas en las que se requiere de un tipo de intervención que emplee
métodos terapéuticos consistentes con las Escrituras y
una firme fundamentación teológica.
En
síntesis, se puede enunciar que la consejería bíblica es una función del
ministerio, una actividad paralela al pastorado, una
forma de ministrar a otros; un ministerio de ayuda y edificación, y una parte
del discipulado de la iglesia. Teniendo
esto en cuenta, se corrobora el argumento presentado al inicio de este capítulo
consistente en que la consejería bíblica no puede funcionar independientemente
del contexto eclesial.
3. LAS POSTURAS DE ALGUNOS CONSEJEROS BÍBLICOS
CON RELACIÓN AL
INVOLUCRAMIENTO AFECTIVO ENTRE CONSEJERO Y
CONSULTANTE. COMPARACIÓN CON
Este tercer capítulo
pretende sintetizar las posturas de algunos consejeros bíblicos como MacArthur y Mack, Polischuk, Adams y Tournier con respecto al involucramiento
afectivo entre consejero y consultante.
Para lograrlo, es ineludible realizar una definición de este tipo de involucramiento: es el proceso a través del cual se
establece una ligazón afectiva en una relación de consejería, resultante de la
experimentación de un grado conveniente de identificación. MacArthur y Mack plantean tres maneras de desarrollar un involucramiento sano con el consultante: la compasión, el
respeto y la sinceridad[54].
MacArthur y Mack definen la compasión a través de Jesús y Pablo. En el caso de Jesús, resaltan que todos sus
intentos de ayuda estaban impregnados de compasión, aún cuando tuviera que
decir algo con lo que no estuviera de acuerdo o no fuera de su agrado. Esa
compasión fue clara en diferentes porciones de las Escrituras como
Incluso, MacArthur y Mack[55] proveen una serie de elementos para ayudar a
desarrollar la compasión, los cuales son: pensar cómo se sentiría el consejero
si estuviera en el lugar de su consultante, concebir al aconsejado como un
miembro de la familia, ser consciente de la propia pecaminosidad y de que la
compasión es más un acto volitivo que una emoción.
MacArthur y Mack[56] continúan
definiendo el respeto como una consideración deferente ante el hermano en
necesidad (
El tercer elemento,
la sinceridad, tiene relación con la genuinidad, la
veracidad y la transparencia con respecto a lo que se es y se hace. El
consejero debe ser sincero con relación a sus cualidades, sus debilidades, y
los errores cometidos dentro del proceso; asímismo, debe dejar claridad acerca del método y las
metas del programa de consejería a seguir.
Prosiguiendo con la
postura de Polischuk, según su planteamiento
“establecer una buena relación terapéutica demanda la atención esmerada hacia
las personas a ser servidas ... Una buena comunicación
demanda dos partes en sintonización de pensamientos y sentimientos”[57]. Este autor concibe el involucramiento
en términos de empatía definida como la “habilidad de caber en los zapatos de
la otra persona ... la capacidad de mirar a través de
los ojos y sentir a través del corazón de la otra persona, atribuyendo
significado a la realidad desde tal punto de percepción”[58]. Dicha habilidad se desarrolla en un proceso adaptativo y es adquirida con la experiencia, lo que
significa que está lejos de ser algo inmediato, mecánico o innato.
Este mismo autor
afirma que el sentir que hubo en Jesús es una forma de empatía porque abandonó
conscientemente sus propias prerrogativas, se percibía como igual con aquellos
a quienes servía, sus acciones estaban llenas de gracia y misericordia y tenía
una disposición constante hacia el servicio amoroso.
De la misma forma, Polischuk plantea que el hecho de captar los pensamientos y
sentimientos del consultante no debe prescindir de una actitud amorosa y
cuidadosa. Incluso, expone que otra de las actitudes que se deben
demostrar en la relación de consejería es la “preocupación” hacia el
consultante, “tratándole como igual, digno de gracia, esfuerzo, tiempo y
dedicación”[59]. Tal preocupación se caracteriza por no ser
posesivo, sino por respetar al consultante tal y como es, con sus
características físicas, mentales, relacionales y espirituales. Se está
hablando entonces de una aceptación incondicional a través de la cual se pueda
sentir cómodo, relajado, no juzgado, amado y pueda llegar a ser genuino, lo que
implica la evitación de las respuestas estereotipadas o excesivamente
directivas, que no den lugar al ejercicio de la responsabilidad que el
consultante tiene sobre su vida y su conducta.
Por su parte, Adams ha desarrollado un enfoque basado en la confrontación
netamente escritural, denominado “noutético”. Este parte del hecho de que el consultante
tiene algún problema por resolver, y por lo tanto, debe reconocerlo, tratarlo,
y arrepentirse genuinamente; se busca
que el patrón pecaminoso de conducta sea cambiado y se adecúe
a la norma bíblica, para lo cual es necesario amonestar, instruir, enseñar, y
corregir.
El objetivo básico
de este tipo de confrontación es beneficiar al consultante realizando cambios
tanto en la personalidad como en el comportamiento, a través de la instrucción
verbal y el uso prescriptivo de las Escrituras. “La noutesis está motivada por el amor y una profunda
preocupación, según la cual se aconseja y corrige verbalmente a los
consultantes para su bien, y, de manera fundamental, para que Dios sea
glorificado”[60].
Este enfoque concibe
el involucramiento en términos de “compromiso”. Adams también trae
a colación el ejemplo de Pablo en
En la actualidad son raras las ocasiones en las que los consejeros
lloran en las sesiones de orientación, aunque de vez en cuando los consejeros noutéticos encuentran que es imposible no derramar
lágrimas. Pero, probablemente, no hay necesidad
de llorar como Pablo lo hacía. La cultura moderna es diferente. Pablo vivía en
una sociedad en la que se alentaba a las personas a expresar libremente sus
emociones. Hasta muy recientemente nuestra cultura ha considerado la libre
expresión de las emociones como un tabú.
Era de esperar que el hebreo se rasgara su camisa por la mitad y que
echara cenizas sobre su cabeza cuando tenía un fuerte disgusto. Para la gente de hoy eso significaría “perder
los estribos” Sencillamente, la mayor parte de las personas no “lloran ni gimen
ni hacen crujir sus dientes” ni siquiera cuando están profundamente
apenados. Que esta suspensión de las
propias emociones sea cosa buena o mala es otra cuestión. Pero las lágrimas de Pablo revelan un hecho
muy claro; que se comprometió muy profundamente con los problemas de su
gente. Esta participación podía diferir,
no solamente en intensidad, sino también en calidad. Las lágrimas mostraban que el compromiso de
Pablo era un compromiso total, tanto en intensidad como en calidad[61].
Es evidente que para
este enfoque el involucramiento es algo permitido
desde las Escrituras y que la impasibilidad es más un fenómeno cultural moderno
que una directriz bíblica. Incluso, Adams continúa
desarrollando la idea de que “la orientación bíblica se hace a veces tan
conmovedora que los consejeros noutéticos pueden
llegar a levantarse y andar alrededor de la habitación, gritar, reír a
carcajadas y, en algunas ocasiones, incluso derramar lágrimas”[62].
Aún cuando el
enfoque noutético permita una ligazón afectiva
intensa, considera que una de la fallas en la que pueden caer los consejeros
consiste en que su involucramiento emocional puede
llegar a ser excesivo y nublar su juicio.
Esto es de suma importancia, pues deja claridad en cuanto a que no se
debe olvidar que se está ejerciendo el rol de consejero, ni las metas, alcances
y objetivos que posee la consejería bíblica.
Avanzando ahora
hacia el planteamiento de Tournier, es preciso
clarificar que a partir de una infancia difícil que lo hizo muy sensible al
sufrimiento humano y su posterior formación como médico, desarrolló lo que se
denomina la “medicina de la persona”.
Comenzó a observar dentro de sus consultas que “el paciente tiene
necesidad de ser visto por su médico no como un autómata, sino como una
persona”[63].
De la misma forma,
asevera que la mayoría de las relaciones humanas son interacciones entre personajes. Estos hacen referencia tanto al conjunto de
seres producidos de forma automática y despersonalizada por la sociedad, como a
una imagen distorsionada, escindida, una fachada que no permite ver fácilmente
hacia el interior. La persona
corresponde a lo interno, lo puro, lo
genuino y lo personal; se halla detrás del personaje, de ese que siempre está
aparentando y escondiendo.
Tournier afirma también que
la persona se forma a partir de la conciencia de sí mismo a través de la
relación con el otro y que se empieza a gestar desde la infancia. Se forma a través del “secreto” puesto que poseer o saber algo que los otros desconocen,
es ser diferente a ellos. Otro
distintivo de la persona es la “responsabilidad” puesto que “la verdadera
relación personal, es aquella que constituye a la persona, supone una elección
y un riesgo. Esta relación es el diálogo
que nos expone a la respuesta de los otros y nos exige responder”[64].
Tournier plantea que existe
un paralelo entre el lenguaje secreto inventado por un niño (claves, símbolos)
y la relación psicoterapéutica porque el consultante decide voluntariamente
“relatar los recuerdos” y “librar los
secretos”: “Mi interlocutor me revela así lo personal: aquello que no puedo
adivinar a través de lo que aparenta, a través del personaje que representa
habitualmente y que precisamente lo oculta”[65].
El punto central de
interés para el presente documento es que la relación entre consejero y
consultante, según Tournier, debe ser un encuentro
entre dos personas que se conocen íntimamente, que comparten vulnerabilidades,
que se involucran afectivamente a través del diálogo y el silencio. Esto
implica dejar de lado en la mayor medida posible a los personajes que cada uno
representa.
Se puede apreciar
que este autor la da un gran valor al contacto personal significativo con sus
consultantes, a ese tipo de conocimiento que va más allá de lo físico, lo aparente
y lo científico: “comprender intelectualmente una vida es válido para escribir
historia y ese relato siempre podrá ser sometido a juicio. Pero en el instante de la comprensión
verdadera sucede algo que ya no puede ser expresado intelectualmente, ni por
medio de una descripción histórica o psicológica”[66].
Teniendo como marco
de referencia estos elementos conceptuales, se hace ineludible ejemplificar
cómo era su involucramiento a través de algunos casos
que el autor mismo cita: al escuchar a una mujer que narraba el episodio más
doloroso de su infancia y expresaba emociones muy profundas, llegó el momento
en que ella buscaba la palabra exacta para ser absolutamente verídica, entonces
Tournier reaccionó del siguiente modo: “de improviso,
me estremecí ... Seguramente olvidaré
muchos de los hechos que esta mujer me contó.
No olvidaré el estremecimiento que experimenté. En realidad pasé de la información a la comunión ... La información es intelectual, la comunión es
espiritual”[67].
Otra ilustración es
la siguiente:
De repente, una confidencia de mi interlocutor evoca en mí recuerdos
personales. El problema que expone me ha
preocupado profundamente y sigue preocupándome ...
Conozco la tentación de la que me habla. He cometido errores semejantes a los
que confiesa..
He tenido la misma discusión con mi esposa..
Comienzo a hablar de mis propias experiencias personales. Trato de ser con mi paciente tan sincero como
él ha sido conmigo..
Ambos hemos salido de las convenciones y nos encontramos verdaderamente[68].
El enfoque de la
“medicina de la persona” busca la reaparición de la persona que se halla
camuflada tras el personaje. Se trata de
“desgarrar” el personaje de aquello que le hace mal, pero despojarse del personaje no es fácil, es
doloroso y procesal; es desligarse de las conductas automáticas y reactivas con
el objeto de exponerse completamente a Dios y los demás, para que emerja la
vida y la persona. En últimas, es Dios
quien descubre a la persona desprendida del personaje, a los sentimientos
genuinos. “No es obligarse a representar un personaje borroso, reprimir sus
convicciones y mostrar otras que no son verdaderas, es renunciar a componer un
personaje convencional y poner la dirección de la propia vida en sus manos para
que él despierte a nuestra persona según su plan a través del diálogo. Es buscar lo que él quiere y osar afirmarlo”[69].
La “medicina de la
persona” deja ver claramente que el consejero debe convertirse entonces en un
dador de gracia que facilite un diálogo profundo y significativo. Este incluye
el involucramiento afectivo con el fin de desplazar
paulatinamente al personaje e ir descubriendo a la persona con ayuda de Dios.
En síntesis, así se
conciba el involucramiento como compasión, respeto y
sinceridad; como empatía; como compromiso; o como un encuentro genuino entre
dos “personas”, es claro que los consejeros bíblicos expuestos
anteriormente aceptan el involucramiento afectivo como un medio a través del cual se
llevan las cargas del consultante, se es
dador constante de gracia, se es vulnerable y sensitivo, y se mantiene la
actitud de sentir con y junto con el aconsejado.
Recordando que el involucramiento consiste en un lazo afectivo que se genera
en la relación de consejería y que resulta de un grado adecuado de
identificación, entonces
1. MacArthur y Mack, cuando se refieren específicamente a la compasión de Jesús y de Pablo; Jesús se
dolía por las multitudes necesitadas, se entristecía al verlos enfermos y
llegaba al punto de llorar por ellos.
Pablo experimentó una profunda tristeza que le ocasionaba el deseo de
querer morir por ellos; en otras ocasiones, se sentía atribulado, preocupado y
angustiado.
2. Adams, en términos del compromiso
noutético que se crea en el consejero hacia su
consultante puesto que le es permitido gritar, reír a carcajadas o derramar
lágrimas.
3. Tournier, en cuanto
a la relación significativa que se
crea entre consejero y consultante; allí se comparten vulnerabilidades, se
involucran profunda e intensamente, y hay reacciones de estremecimiento y
preocupación profunda.
4. En el caso de Polischuk,
desde la perspectiva de la consejería bíblica, hay cierta diferencia: él se
refiere al involucramiento en términos de empatía,
como se mencionó anteriormente. Afirma
que Jesús fue empático al dejar de lado lo propio
para entender lo de los demás, al percibirse como un igual a los otros y al
actuar misericordiosamente. No obstante,
Jesús no sólo fue empático; fue mucho más allá: sus
acciones tienen más el carácter de
4. COMPARACIÓN DE ALGUNOS CONCEPTOS PSICOLÓGICOS
CON
Después de haber
desarrollado las posturas de algunos consejeros bíblicos con respecto al involucramiento afectivo, es necesario examinar cómo lo
conciben dos enfoques de la psicología: el entrado en el cliente y el
psicoanalítico. Se considera que este
debe ser un capítulo aparte porque al hablar de conceptos piscológicos
se entra en el ámbito de lo profesional y se deja de lado el de la “fe” o
“religioso”, por así decirlo. Se
escogieron estos enfoques, porque casi que representan dos extremos dentro de
las psicoterapias seculares, y aunque ninguno está de acuerdo con el involucramiento afectivo entre terapeuta y paciente, se
quiere apreciar cómo lo conciben cada
uno de ellos. El centrado en el cliente
representa a aquellos terapeutas más cálidos en su trato, no directivos, no
dados a la interpretación, y centrados en el presente, entre otras caracterísitcas, mientras que el psicoanalítico es
desarrollado por terapeutas distantes, dados completamente a la interpretación,
muy cuidadosos con la carga afectiva que puedan experimentar hacia sus
pacientes y se centran principalmente en el pasado como el determinante del
comportamiento actual.
4.1 LOS CONCEPTOS DE
EMPATÍA Y NEUTRALIDAD A LA LUZ DE CARL ROGERS Y SU COMPARACIÓN CON
Se va realizar una
síntesis de la empatía y la neutralidad como conceptos de la psicología
humanista rogeriana, para compararlos con
Aproximadamente
hacia 1959 el psicoterapeuta Carl Rogers
creó el denominado “enfoque centrado en la persona” basado en la creencia
humanista de que los seres humanos se sienten motivados para mejorarse a sí
mismos y son capaces de lograrlo. El
planteamiento central de este enfoque es el siguiente: “el individuo posee en
sí mismo medios para la autocomprensión, para el
cambio del concepto de sí mismo, de las actitudes y del comportamiento
autodirigido y que esos medios pueden ser explotados con sólo proporcionar un
clima determinado de actitudes psicológicas favorables” [70].
Dichas actitudes
constituyen lo que se conoce como la triada rogeriana
y está conformada por la autenticidad, la aceptación y la comprensión empática: la autenticidad se refiere a la capacidad del
terapeuta de ser transparente, abierto y coherente entre lo que siente y lo que
hace en presencia de su cliente; la aceptación significa que el terapeuta
estima incondicionalmente lo que el cliente es, independientemente de la
valoración moral de su conducta. “El terapeuta se preocupa por el cliente de
manera no posesiva, lo valora incondicionalmente y no se limita a aceptarlo cuando se comporta
según ciertas normas, para luego desaprobarlo cuando su conducta obedece a
otras. Todo esto implica un sentimiento
positivo sin reservas ni evaluaciones”[71]. La comprensión empática
implica principalmente dos etapas: percibir
exactamente lo que el cliente piensa y siente, y comunicárselo o devolvérselo con el fin de ratificar o verificar si
la captación fue correcta. Se define como “la inmersión activa del terapeuta en
el mundo del cliente, imaginando lo que sería encontrarse en realidad en la
situación de éste último”[72].
La empatía implica
conocer y comprender al cliente para que este crezca y se desarrolle. A su vez,
esta comprensión exige ocuparse tanto de lo cognitivo como de lo afectivo: lo
cognitivo se pone en funcionamiento cuando el terapeuta “observa la experiencia
del cliente, observa también sus propias reacciones y se imagina a sí mismo en
el lugar de la otra persona y desde ahí saca sus propias deducciones acerca de
la situación interna del cliente”[73]. Lo afectivo se relaciona con un proceso “experiencial” e “intuitivo” en el que se pueda captar el
estado anímico del cliente poniéndose en “sintonía comunicativa” con él. Para esto, se emplea la técnica del reflejo
que consiste en verbalizarle brevemente lo que se capta en cuanto a su estado
anímico o cognitivo; precisa de una relación cercana y significativa con el
cliente sin que se llegue a una identificación con sus sentimientos: “sentir la rabia
del cliente o su temor, o confusión como si fuera propia, pero sin que tu
propia rabia, temor o confusión queden ligados”[74].
La experiencia empática del terapeuta incluye:
1.
Sentir la complejidad de todo lo que le está sucediendo al cliente, lo cual
incluirá sentir cómo se enfrenta a su situación y qué emoción está
experimentando.
2. Experimentar
el sentimiento de tratar de entender al cliente, lo que supondría una cierta
sintonía de la propia experiencia con la del cliente.
3. Establecer contacto con el profundo potencial del cliente para nuevas maneras de ser y de actuar[75].
De igual manera,
resulta interesante incluir algunas concepciones incorrectas de la empatía corroboradas por Armenta[76]:
1.
La empatía es un tipo
de identificación emocional con el cliente.
2.
La empatía sirve
únicamente al inicio de un proceso terapéutico.
3. La comprensión empática
única y exclusivamente es reflejar o repetir
lo que el cliente dice o siente.
4. La
empatía es mostrarse condescendiente, ser paternalista o “apapachar
al cliente”.
5. Se
puede ser empático a través de representar o
aparentar entender al otro.
Este mismo autor
describe algunos tipos de respuesta empática:
1. La “sintonización empática”
precisa de un “refinamiento” perceptual con el fin de
“seguir al cliente” en cada detalle cronológico, tónico y experiencial.
2. El “seguimiento empático”
se refiere a que el terapeuta adopta una posición no directiva de manera tal
que deja que el cliente sea quien indique la dirección y el contenido de la
terapia.
3. La “respuesta empática
integradora” consiste en que el terapeuta organiza, y devuelve al cliente los
aspectos más importantes de toda la
información acumulada por un período de tiempo significativo, dejando
que éste sea quien defina por dónde quiere seguir.
4. La “conjetura empática”
es extractar el significado implícito de la experiencia del cliente; es una
clase de interpretación basada exclusivamente en el marco de referencia del
cliente.
5. La “confrontación empática”
consiste en hacerle ver al cliente las inconsistencias o contradicciones
incluidas en su mensaje pero manteniendo el respeto y la aceptación.
Al tratar la actitud
terapéutica de la empatía, se ha abordado indirectamente la de la neutralidad,
que consiste en que el terapeuta debe tener muy claro cuáles son los
pensamientos, sentimientos y valores que le pertenecen al cliente, y cuáles son
los suyos, con el propósito de no mezclarlos en su ejercicio profesional. Para poderse poner en el lugar del otro y
ver el mundo como él lo ve, es ineludible que “el profesional sepa hacer una
abstracción de sus propios valores, sentimientos y necesidades
... Se trata de “aprehender la
experiencia a partir del punto de vista del otro y no a partir del ángulo
subjetivo”[77]. Esto implica a su vez dos elementos: el
primero tiene que ver con el compromiso de abstenerse totalmente de emitir juicios de valor ante las conductas del
cliente, es decir, no es posible señalar que algo estuvo bien o mal hecho
porque él y sus conductas deben ser aceptadas sin condiciones; y el segundo,
con la imposibilidad de dar directrices, instrucciones o consejos por la
convicción de que el cliente hallará sus propias respuestas.
Hasta este momento,
se ha dicho que la empatía es un actitud terapéutica que se desarrolla en medio
de la práctica profesional y consiste en percibir los aspectos cognitivo y
afectivo del mensaje del cliente y dárselos a conocer; tiene relación con
sentir y pensar “como si se fuera” el cliente, con ayuda de la imaginación, pero
sin aparentar que se le está entendiendo.
Implica seguir al cliente, respetar su ritmo, facilitar su proceso de
conocimiento, confiar en su capacidad interna de salir adelante y encontrar las
respuestas, así como ser neutral y evitar la interpretación.
El interés torna
ahora a comparar lo dicho sobre la empatía con los resultados de la exégesis de
1. Ámbito.
La actitud empática en el enfoque rogeriano está pensada para ser desempeñada exclusivamente
en el marco de la relación terapéutica.
2. Clase de acompañamiento. Tanto en el enfoque centrado en la persona
como en
3. Tipo de acción. En el enfoque centrado en la persona la
acción es más de tipo interno y aunque la “sintonía” se demuestra corporal y verbalmente, no se llega a reír a
carcajadas o a llorar desconsoladamente con y por el cliente. En
4. Sentido de la relación. En el enfoque centrado en la persona la
relación es temporal pues existe mientras dure el proceso terapéutico y dentro
de la oficina en que ocurre dicho proceso. En contraste, en
De lo anterior se
puede deducir sin lugar a confusión alguna, que
4.2 LOS CONCEPTOS
PSICOANALÍTICOS DE TRANSFERENCIA Y CONTRATRANSFERENCIA Y SU COMPARACIÓN CON
Antes de iniciar, es
importante aclarar que por el tipo de trabajo que se está realizando, no es
posible hacer una elaboración completa del modelo psicoanalítico; el análisis se va a limitar exclusivamente a
exponer los elementos principales de la teoría freudiana que ayudan a entender
los conceptos de la transferencia y la contratransferencia,
que son los relevantes aquí. Para poder
conocer lo que estos conceptos significan es necesario presentar primero,
brevemente, las generalidades de las
psicoterapias. Pero, ¿qué son las
psicoterapias? No existe una definición
estándar porque el hecho de definirlas ha suscitado mucha discusión, pero
pueden definirse básicamente como “procesos de aprendizaje de estrategias
adecuadas para compartir el mundo con los demás y de la eliminación de
estrategias poco adaptativas”[78].
¿Qué es lo que se
hace en las psicoterapias? Hay tres grandes tipos de actividades realizados por
los psicoterapeutas:
1. Crear una relación interpersonal con características específicas que la distinguen de la amistad: es una relación confidencial, respetuosa y personal, pero tiene lugar dentro de un marco de referencia que se supone neutral, objetivo e impersonal; por lo demás, el consultante paga por recibir una asistencia profesional.
2. El terapeuta ensaya comprender las comunicaciones del sujeto sean verbales o no, las decodifica y las pone dentro de un contexto que las haga inteligibles -ya sea para él mismo, para el sujeto o para ambos-. Desde este punto de vista, un terapeuta es un “experto en comunicación”.
3. El terapeuta comunica al
consultante su comprensión del problema, así como las conclusiones que de ello
se desprendan, tanto a nivel teórico como a nivel práctico[79].
A partir de estas
actividades, se puede apreciar que las psicoterapias implican un tipo de
relación profesional que posee reglas, límites, métodos y alcances muy
definidos. Con respecto a los
objetivos, aunque estos también son variados, “toda psicoterapia busca provocar
un cambio, sea del comportamiento, sea de la vida emocional, de las relaciones
interpersonales, de las actitudes, o de cualquier combinación de estos
elementos”[80].
Específicamente, la
psicoterapia psicoanalítica se define como “un proceso en el cual los
sentimientos, pensamientos y necesidades inconscientes se vuelven conscientes a
través de las interpretaciones que hace el terapeuta del comportamiento del
cliente[81]. En este tipo de terapia se trata lo que se
llama “psicología profunda” que trata las dinámicas inconscientes sobre todo de
los conflictos neuróticos.
La estructura de personalidad del individuo, las clases de metas que
conscientemente se fija y los métodos que emplea para alcanzar esas metas son,
sistemáticamente, el crecimiento de dos factores. Uno es que cada persona aprende temprano en
la vida que la expresión desenfrenada de sus impulsos lleva a experiencias desintegradoras, así que debe aprender la manera de
protegerse contra esas experiencias desintegradoras y
contra el temor a ellas. El segundo
principio se refiere al hecho de que la expresión de esos impulsos no puede ser
completamente bloqueada, sino que sólo puede modificarse. El yo se refiere a la organización de los
procesos cognoscitivos que se desarrollan como respuesta a los esfuerzos del
individuo por discriminar aquellas condiciones bajo las cuales debe modificar
su expresión[82].
Con el fin de
protegerse de dichas fuerzas destructivas, se desarrollan en el paciente formas
de reducción de la ansiedad denominadas “mecanismos de defensa” que son varios,
pero no es pertinente nombrarlos para los fines de este trabajo.
Bordin afirma que dentro de la perspectiva freudiana, un proceso terapéutico se caracteriza por desistir de los esfuerzos para conservar los impulsos (fuentes de motivación) en el inconsciente, para empezar a reaccionar a las diferentes situaciones por las demandas presentes y no por las impuestas en la infancia. El psicoanálisis parte de la premisa de que las defensas se desarrollaron cuando la conducta individual era predominantemente no verbal y que cuando estas están rodeadas de ansiedad, causan las reacciones defensivas más rígidas. La única manera de abandonar estas defensas es a través de la “transferencia”.
Por transferencia Freud entiende el hecho de
que el paciente reacciona al terapeuta como si representara alguna figura
importante de la infancia del paciente, y no en términos de las características
propias del terapeuta. El psicoanalista
utiliza la transferencia como una forma importante de apoyo que permite al
paciente expresar sus impulsos, enfrentar sentimientos que ha evitado y lo más
importante: llegar a estar consciente de ellos.
Así, el psicoanalista supone que lo inconsciente no puede llegar a ser
consciente sino mediante la transferencia[83].
Por esta razón, se
permite que el paciente comunique durante la sesión todo pensamiento que se
cruce por su mente, sin hacer caso a los tabúes sociales, lo que se denomina
“asociación libre”. En esta expresión
de pensamientos no importa el orden o la lógica, es el terapeuta quien organiza
luego en categorías temáticas toda la información; sin embargo, esta expresión
se puede ver obstaculizada por los impulsos defensivos que se mencionaron con anterioridad,
a partir de los cuales aparece luego la conducta defensiva y se impide la
comunicación; esto se denomina “resistencia” en el psicoanálisis, y consiste en
que el paciente hace una extensión del amor y el odio de otras relaciones
interpersonales y otros momentos, a la persona del terapeuta. Cuando la resistencia se presenta, se hace
necesario que el terapeuta haga uso de la “interpretación”, es decir, la
comunicación de la inhabilidad observada en el consultante para expresar todo
lo que piensa y siente porque esto le genera mucha ansiedad; se le muestra que
su deseo de cambiar debe ser mayor que el miedo a experimentar ansiedad
nuevamente. Incluso, se abre el espacio
para que sea posible volver a experimentar conductas, deseos y estilos de relación
anteriores, e infantiles; este hecho de volver a vivenciar sentimientos y
pensamientos propios de momentos anteriores difíciles, es conocido como
“regresión”[84].
De la misma manera
como el paciente puede transferir al terapeuta sus patrones o características
anteriores de conducta, también el terapeuta puede reaccionar ante el paciente
en una forma que esté determinada por otras motivaciones diferentes a las que
emergen de la situación de terapia.
Estas actitudes y sentimientos que el analista puede manifestar hacia el
paciente, son denominados “contratransferencia” por
el psicoanálisis[85]. Estos sentimientos positivos y negativos
pueden interferir con la exactitud de la interpretación que hace el terapeuta y
son fundamentalmente indeseables. Por consiguiente, los terapeutas deben estar
preparados para enfrentar la aparición de esos sentimientos y tener la
capacidad necesaria para reconocerlos cuando se presenten[86].
Después de haber
expuesto brevemente los elementos del psicoanálisis que se relacionan con la
transferencia y contratransferencia, se hará una
comparación entre estos elementos y
1. Ámbito. La transferencia y la contratransferencia sólo se dan en marco de la relación
terapéutica de tipo psicoanalítico, no fuera de ella.
2. Clase de acompañamiento. En la terapia psicoanalítica no es tan clara
esta noción porque el terapeuta está con el propósito principal de facilitar la transferencia y proceder
así a interpretaciones que le permitan al paciente hacerle frente a sus
resistencias.
3. Tipo de acción. El psicoanálisis no niega la cordialidad en
la relación terapéutica, pero esto no es lo más relevante. La actitud del terapeuta psicoanalítico es
netamente “científica”, teniendo muy claro que tiene que ser neutral pues el involucrarse
afectivamente con su paciente es considerado como una ventaja para influirlo y
afectarlo, y como una falta clara a la ética clínica. Por esta razón, bajo ninguna circunstancia será aceptable que un terapeuta
psicoanalítico llore o ría exageradamente con su paciente. Este enfoque plantea que cuando éste llore o
esté profundamente angustiado o dolido, el terapeuta debe “contenerlo”,
demostrando control sobre la situación, distanciamiento y serenidad.
4. Sentido de la relación. Al igual que en el enfoque centrado en la
persona, en el psicoanalítico se
establece una relación temporal de carácter profesional.
4.3 VALIDEZ DE
Tomando en cuenta
todo lo anterior, se procederá a tratar de plantear si existe alguna
aplicabilidad (validez) de las acciones
planteadas por
4.3.1 En la
psicología secular. Las acciones descritas en
4.3.2 En la consejería bíblica. Al hacer alusión a la consejería bíblica, se
está hablando de un marco de referencia distinto al de la psicoterapia secular,
puesto que, por definición, es un proceso relacional cuyos parámetros deben ceñirse a lo expuesto por las Escrituras. No se está describiendo una disciplina
científica que se da dentro de un consultorio, sino un ministerio
que se desarrolla dentro de un contexto eclesial y paralelamente al ministerio
pastoral, que contribuye a la formación y perfección de los creyentes, a
diferencia de la psicoterapia secular, que busca cambiar los pensamientos,
acciones y emociones desadaptativos en otros
individuos, sin importar su religión, o si creen en Dios.
La consejería
bíblica tiene una clara connotación de servicio dentro de la unión fraternal,
mientras que la psicoterapia secular es una profesión especializada en la que
no existe la noción de fraternidad. La
consejería bíblica tiene un sentido
corporativo (como cuerpo) o de comunidad, en la que se ama, respeta, apoya y
ayuda a todos los miembros y se sobrellevan sus cargas. Todas las psicoterapias están exentas de este
contexto, funcionan aisladamente del mismo y dejan claridad en que los
problemas o dificultades le pertenecen al paciente; no se funciona con la idea
de que se le debe ayudar a llevar sus dificultades o que se deban compartir
mútuamente las vulnerabilidades.
En la consejería
bíblica la objetividad está dada por las Escrituras, pues en últimas, son
éstas las que dictan qué es correcto
hacer o abstenerse de hacer. En la
psicoterapia secular la objetividad tiene que ver con concebir las cosas tal y como el consultante lo hace, dejando de lado todo sentimiento o
pensamiento del terapeuta.
Como se mencionó en
el segundo capítulo de este trabajo, así la consejería bíblica sea vista como
ministerio eclesial, proceso de cambio, relación de ayuda o actividad pastoral,
debe ceñirse por las Escrituras y regirse en su práctica por principios bíblicos. Ahora bien, como se especificó en el primer
capítulo de este trabajo,
Teniendo en cuenta
estas razones, se puede afirmar que
En esta parte
también surge al menos dos
interrogantes: ¿será que los pastores evangélicos tienen “el permiso” de “llorar con los que
lloran” en sus consejerías, no sólo porque las Escrituras lo indican, sino
porque esta acción no tendría repercusiones éticas, profesionales, o jurídicas?
¿Hasta dónde deben permitir los pastores evangélicos que los elementos de la
psicología clínica secular afecten o influyan sus consejerías bíblicas,
sabiendo por los elementos planteados en este trabajo, que existe una ruptura
clara entre ambos paradigmas?
CONCLUSIONES
1.
2. La consejería bíblica debe trabajar en
asociación con la iglesia, regirse por
parámetros bíblicos, llevarse a cabo en el ámbito comunitario y cumplir con los
deberes cristianos enunciados en la Biblia.
3.
4. La consejería bíblica es un espacio
ministerial en el que tiene completa aplicación
5.
6. La unión fraternal planteada en
7. La consejería bíblica no puede desarrollarse
aisladamente de la iglesia, ni de las Escrituras. No debe actuar aisladamente de la comunidad,
pues es una forma de servicio y asistencia que busca beneficiar al cuerpo de
Cristo.
8. El involucramiento
afectivo es una realidad aceptable en el ámbito de la consejería bíblica, en
términos de llorar y gozar con los consultantes y sobrellevar sus cargas. No obstante, se debe velar por cumplir
también todos los mandamientos y preceptos consignados en la Biblia siempre que
sea necesario. Cualquier tipo de involucramiento afectivo que conduzca a violar algún precepto bíblico es indeseable, debe
rechazarse y recibir las medidas disciplinarias necesarias por parte de la
iglesia. Cuando el consejero
bíblico llegue a estar tan involucrado
que no le sea posible ayudar a su aconsejado, debe remitirlo cuidadosamente a
otra persona según las características del caso.
9. El involucramiento
afectivo exigido por
10. La empatía desde la perspectiva exclusiva de
la psicología es una actitud terapéutica en la que el consejero debe procurar
entrar en sintonía con los pensamientos y sentimientos del cliente ayudándose
de la proyección imaginativa. No consiste en identificarse emocionalmente con
él.
11.
12. El hecho de que en la práctica se observe
impasibilidad en el consejero bíblico, es más bien una traspolación
de un principio clínico secular a la consejería bíblica, el cual se ve
desafiado por
13. El hecho de que un consultante observe llorar
a su consejero tiene principalmente dos consecuencias: intensificar el grado de
identificación o causar una reacción de rechazo. La primera tiene relación con que el
consultante aprecie esta acción por
parte de su consejero y se sienta más comprendido, más cercano y se atenúe la
posición de “superioridad” que pueda tener el consejero hasta ese momento; se
sienta acompañado por él, lo observe más
comprometido con su situación, y esto contribuya al buen desarrollo del
proceso. La segunda tiene que ver con
que el consultante rechace dicha acción en su consejero, le resulte incómodo
verle como alguien “vulnerable”, e incluso puede llegar a pensar que él sea
quien necesite de una consejería. Esto
puede llegar a entorpecer el proceso, razón por la cual, es importante poderlo
abordar, hablar y aún llegar a explicar la postura bíblica con relación a
llorar con los que lloran, en caso de que se presente esta situación.
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Se debe respetar la autoría del trabajo presentado en esta página Web por lo que su uso debe ser debidamente citado
Agradecimientos
La autora presenta sus
agradecimientos:
A Carmen Gallego, monitora
de este trabajo, por su sabiduría, su apoyo, su disposición a compartir conmigo
esta aventura; gracias por su dirección, su corrección afectuosa y su tiempo.
Al profesor Manuel Reaño, por haber sido una extensión del brazo de Dios en mi
proceso dentro de esta institución.
Gracias por su confianza, su respeto, su valiosa exigencia. Gracias por haber contribuido enormemente a
mi aprendizaje del paradigma de la consejería pastoral. Gracias por sus sabias y precisas
correcciones en este trabajo.
A Patricia Cuéllar de Reaño, mi jefe,
compañera de trabajo y de lucha. Gracias
por su aprecio, su ternura, su buen humor, su profundo respeto cuando debía
guardar silencio debido a mi labor en la consejería. Gracias por escucharme, por acogerme y por
enseñarme a ser más pastoral en mi profesión.
A Elizabeth de Sendek, por su amistad, su alegría, su sabiduría; gracias
por escucharme cuando estuve cansada y cuando me debatía en los dilemas de la
docencia. Gracias por animarme, por
gozarse conmigo, por su tiempo, su ayuda
amorosa y desinteresada en la realización de la exégesis de este trabajo. Gracias por la impecabilidad y la excelencia
de cada clase.
A Donado Sendek, por su corazón pastoral, su apertura, su sencillez,
su autenticidad; gracias por su trabajo silencioso pero inmensamente
significativo. Gracias por escucharnos
en medio de la escasez y la soledad; gracias por su ayuda y por estar pendiente
de nosotros todos estos años.
A Cristina Orrego de Jaramillo, esposa, madre y maestra; gracias por
ser un modelo de vida que me desafió a hacer ajustes en la mía.
A “Abilio
Brand”, por lograr meter tanta sabiduría en medio de
una gran sencillez. Gracias por su trato amoroso y respetuoso; gracias por su
saludo cada día, durante estos años.
A Don Jaime Ortiz, hombre
sabio y extraordinario que me enseñó tanto y me transmitió e inspiró con el
profundo amor que le tiene a nuestro Dios.
Gracias por su consagración y la excelencia en su labor.
A Don Theo
Donner por desafiar mi razón, por su extraordinaria
sabiduría, por la pulcritud de sus actos; porque aunque lejos, siempre estuvo
cerca de corazón y presente en mis oraciones.
A David Ford por su trato
deferente y respetuoso, por su sabiduría y sobre todo, por darme una lección de
mansedumbre y humildad.
A Henry Periñán,
por el amor que transmite en su enseñanza, por su preparación concienzuda, por
la impecabilidad de su trabajo aún en medio de tribulaciones personales.
A todos los profesores, por
su ejemplo, dedicación y constancia. Gracias por trascender de la labor a la vocación.
A todo el personal
administrativo, por su labor a veces imperceptible, pero meritoria. Gracias por prepararlo todo y hacer más
agradable nuestra estadía aquí.
A mis estudiantes de
consejería bíblica, por todo lo que aprendí de ustedes, por aprender con
ustedes; gracias por su respeto, su paciencia, su afecto, su mirada atenta, su
dedicación, sus preguntas, y sus silencios.
Gracias por moldear mi carácter y por permitirme crecer en la consejería
pastoral.
A todos aquellos y aquellas
que compartieron sus vidas conmigo en el salón de consejería. No se imaginan lo
que me enseñaron, lo confrontada y desafiada que me encontré ante sus vidas y
sus sufrimientos. Gracias por su
confianza, por su compromiso, por compartir conmigo cada sueño, cada
frustración, cada dolor, cada injusticia, cada escasez, cada incertidumbre,
cada error; pero también, gracias por haber podido compartir cada sonrisa, cada
palabra de agradecimiento, cada alivio, cada gozo, cada motivo de acción de
gracias. Me llevo sus secretos, me llevo
sus enseñanzas, y la satisfacción de haberlo hecho todo a través del Señor y
para el Señor.
A una amiga del alma, a una
respuesta a mis oraciones, a un regalo de Dios dentro de esta institución: Yaneth Guerrero.
Gracias por haberme abierto la puertas de tu
corazón, por compartir tus luchas, por haber sido vulnerable conmigo. Gracias por cada momento compartido, por cada
oración, por cada abrazo, por tus palabras de consuelo. Gracias por aceptarme como soy, por haberme
escuchado, por tu ayuda incondicional.
Gracias a Diana Peñuela de “Santi” por ser otra amiga cercana a mi corazón. Gracias por
tu ternura, tu apoyo, por estar tan pendiente de nosotros, por sobrellevar
nuestras cargas, por interesarte por nuestros sueños y proyectos. Gracias por cada detalle, y por haberme
enseñado el precioso misterio de ser dulce y firme a la vez.
A Santiago Benavides, amigo,
“maestro”, por tu afecto, tu paciencia, tus oraciones, tu preocupación sentida
y tu originalidad. Gracias por ayudarme
a recobrar el gran valor que la música tiene para mi vida; gracias por cada
composición, por todo tu esfuerzo, por tu trabajo constante, pulcro y dedicado. Gracias por poner al servicio de esta
comunidad y de la Iglesia ese extraordinario don que el Señor te ha dado.
A mis compañeros de coro,
porque haber compartido con ustedes momentos tan especiales fue un refrigerio
para mi; gracias porque alabar a Dios junto con ustedes fue un privilegio y una gran alegría.
A Andrea Henao, gran amiga y
colaboradora. Gracias por todo su apoyo,
su afecto, su tiempo; gracias por el invaluable apoyo con el cuidado de “Cami”. Gracias por
compartir conmigo sus luchas, sus sueños, sus alegrías.
A Saskia Donner,
gracias por tu apoyo, tu amistad, tu ternura, tu sabiduría y tu firmeza. Gracias por escuchar mis inquietudes, por
compartir conmigo los difíciles momentos de mi llegada aquí; gracias por
acogerme, por ayudarme y por ser una buena confidente.
A Rosa Villena, Joaquín, Patty y Danielito, por ser una familia modelo que me desafía aún
hoy en día a ser mejor esposa y madre.
Gracias Rosita por tu alegría, tu buen humor, tu organización, tu
sabiduría, tu apoyo y tu aceptación.
A Cielo Roa, por ser una
buena amiga, prudente y tierna. Gracias
por tu apoyo, tu oído atento y tu generosidad.
A Sandra de Tovar por
apoyarme en un momento tan crítico, por tu ternura, especialidad y serenidad;
gracias por haberme enseñado con acciones concretas lo que significa “pastoreaar”.
A María Gisella
Salazar, gracias por su amoroso apoyo, su cuidado especial con Camila, su
sabiduría, experiencia y afecto. Gracias
por habernos hecho parte de algunas luchas y sueños; gracias por cada detalle.
A Nataly
García por apoyar mi trabajo, por su eficiencia y alto sentido de la
responsabilidad.
A Josué Guerrero y su esposa
Sara, por su prudencia, serenidad y compañía.
Gracias por sus oraciones y por ser tan especiales.
A Ricardo Castañeda y su
esposa Diana, por ser una pareja que me ha desafiado a ser más entregada a los
demás; gracias por su generosidad, afecto, y disponibilidad. Gracias por compartir nuestras cargas y por
valorar lo que somos y hacemos.
A Gustavo Muñoz y a su
esposa Patricia, por ser compañeros de oración, de luchas y clamores. Gracias por el apoyo y la disponibilidad.
A Myriam y Jaime Marquardt por su paciencia, dedicación y preocupación.
A Eliana
Ortiz, gracias por tu especialidad, tu ternura y tu paoyo.
A todos mis compañeros, por
haber compartido conmigo las clases, las convocaciones, las cenas, los actos
deportivos y especiales; gracias porque cada uno aportó enormente
para mi formación.
A Alvaro
Fernández y su esposa Dorita, una pareja excepcional
que nos acogió desde que llegamos al seminario.
Gracias por la confianza, por el trabajo, por el apoyo, por escuchar,
por entender, por ejemplificar la fe, la esperanza y el amor.
A Raúl, Diana y Esteban por
su amistad incondicional, su apoyo a nuestro ministerio, su cuidado, su
constancia, y su corazón generoso.
Gracias Diana, por ser mi amiga especial, conocedora de mis sueños,
frustraciones y sufrimientos; gracias porque a pesar de la distancia, estás
ahí, gracias por compartir tu vida conmigo, por ser una mujer valiente, un
ejemplo, un motivo de agradecimiento delante de Dios.
A John
y Lorena Correa, por creer en nuestro ministerio, por su afecto, apoyo,
rectitud y sinceridad.
A mis padres y hermanas por
amarme como soy, por ayudarme, y por estar pendientes; gracias por creer en
nuestro ministerio y respetar profundamente lo que hemos hecho. Gracias por el apoyo, el tiempo, por cada
conversación y cada lucha compartida.
Gracias por enseñarme mucho de lo que soy y sé; gracias por ser una de
las mayores fuentes de bendición de toda mi vida.
Gracias al hombre de mi
vida, mi esposo, mi amigo, mi cómplice,
por amarme tal y como soy, por “soportarme mis espinas más agudas, los
arrebatos del humor, la negligencia, mis vanidades, mis temores y mis dudas”
como diría Alberto Cortéz. Gracias por animarme cada día, por compartir
mis sueños y mis locuras; gracias porque a través de tu amor, he podido conocer
un poco más el incondicional amor de Dios.
A mis suegros, por su
generosidad, amor y apoyo. Gracias por
respetar nuestra labor, por ser incondicionales y por estar tan pendientes de
nosotros.
A Rosita Carreño, por tanta
ternura, su apoyo, su cariño y por ser
incondicional con nosotros.
A Javier Gómez, Alexandra y
Daniela; a Alexander Gutiérrez, Nhorita, Daniel y
Paula; a Paula Jiménez, Jorge Correa, Teresita Restrepo, Alberto Contreras,
Jorge Correa, por apoyar nuestro ministerio, por su amistad y aprecio.
A Sergio Ruiz, por habernos
acogido, ayudado, escuchado; gracias por desafiarme a servir de corazón al
Señor; gracias por ser un hombre de profundas convicciones, firme y
amoroso. Gracias por tanta paciencia,
por cada consulta, por cada palabra de ánimo y exhortación.
A la iglesia Reformada la
Gracia de Dios por sus oraciones, su apoyo, su acogida, y por ser instrumento
de bendición y formación.
A la Iglesia Bautista de
Bogotá por su apoyo, sus oraciones y su amor fraternal.
A Overseas
Council y Mustaard Seed junto con otras instituciones y donantes, pues fueron
una fuente de provisión y bendición de parte de Dios para nosotros.
[1]BAUMANN, Urs, y PERREZ, Meinrad. Manual de Psicología Clínica. Barcelona: Herder,
1994. p. 602.
[2]Ibid., p. 604.
[3]Ibid., p. 625.
[4]KENDALL, Philip C. y NORTON-FORD, Julian D. Psicología Clínica:
Perspectivas Científicas y Profesionales. México: Limusa,
1988. p. 524.
[5]BORDIN, Edward S. Asesoría Psicológica. México: Trillas, 1975. p. 164-165.
[6]DOUGLAS, J.D. dir. Nuevo
Diccionario Bíblico. En: Compubiblia. Miami:
Sociedades Bíblicas Unidas, 1989. [CD
ROM]
[7]Ibid.
[8]BROWN, Raymond E. Introducción al Nuevo Testamento. Madrid: Trotta, p.11.
[9]DUNN, James D.G. Word Biblical Commentary.
[10]BROWN, Op. Cit., p.
733.
[11]HENDRIKSEN, Guillermo. Romanos.
Comentario del Nuevo Testamento.
[12]Ibid., p. 25-27.
[13]CRANFIELD, C.E.B. La Epístola a los
Romanos. Grand
Rapids: Nueva Creación, 1993. p. 9.
[14]Ibid., p. 43.
[15]BROWN. Op. Cit., p. 729.
[16]CRANFIELD., Op. Cit., p. xvii-xviii.
[17]BRUCE, F.F. Tyndale New Testament Commentaries. Romans.
[18]SOCIEDADES BÍBLICAS UNIDAS, Santa
Biblia, Reina-Valera: Edición de Estudio, 1995. p. 1455.
[19]STOTT, John. Romans.
[20]STOTT, Op. Cit., p. 208
[21]Intransitivo: se refiere a los verbos que no llevan
un objeto directo. En: ZERWIK, Max y GROSVENOR, Mary. A Grammatical
Analysis of the Greek New Testament.
Roma: Pontificio Instituto Bíblico, 1993. p. xxii.
[22]FRIBERG, Timothy y FRIBERG, Barbara. Analytical Lexicon to the
Greek New Testament.
[23]Ibid. También: LOUW, Johanes y NIDA,
[24]BALZ y SCHENEIDER, Op. Cit., p. 2034
[25]LOUW y NIDA, Op. Cit.
[26] BALZ y SCHENEIDER, Op. Cit., p. 2034.
[27]KITTEL y FRIEDRICH, Gerhard. Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. Trad. Carlos
Alonso Vargas y Kairós. Grand Rapids: Desafío, 2002.
p. 1285.
[28]BALZ y SCHENEIDER, Op. Cit., p. 2034.
[29]LOUW y NIDA, Op. Cit.
[30]BAUER, Walter. ed. A Greek-English Lexicon of the New Testament and other Early
Christian Literature.
[31]WALLACE, Daniel B. Greek Grammar Beyond
the Basics. An Exegetical Sintax of
the New Testament. Grand Rapids: Zondervan, 1996. 827 p.
[32]Aunque el imperativo no siempre tiene la connotación de orden o
mandato, sino de petición, prohibición, permiso, exclamación o saludo, en este
caso funciona como tal. Al respecto, Wallace, ilustra un
uso independiente del infinitivo como imperativo con
[33]KITTEL y FRIEDRICH, Op. Cit.,
p. 429. También: FRIBERG y FRIBERG, LOUW
y NIDA, Op. Cit.
[34]BALZ y SCHENEIDER,
Op. Cit., p. 2332.
[35]Ibid., p. 2334.
[36]FRIBERG y FRIBERG, Op. Cit.