|
|
|
|

EL ENIGMA DEL SUFRIMIENTO Y LA RESPUESTA FILOSÓFICA -TEOLÓGICA AL PROBLEMA DEL ¿POR QUE SUFREN LOS CRISTIANOS?

 

LUIS EDUARDO CANTERO.

 

Introducción.

1.    La existencia humana frente al sufrimiento

2.    La existencia humana frente a la pregunta del ¿por qué sufrimos?

3.  La existencia humana frente a las creencias sobre la enfermedad, el dolor y el sufrimiento en los tiempos de Jesús

4.    La existencia humana frente a la pregunta: ¿Dios sufrió en la muerte de Jesús?

Conclusión

 

INTRODUCCIÓN.

            Comienzo estas líneas afirmando que el sufrimiento es parte de la existencia humana, se hace presente en cada momento de nuestra existencia. Podemos decir, que nos movemos en esta tensión entre lo finito e infinito, entre lo bueno y lo malo, entre el dolor y el sufrimiento, entre la vida y la muerte. Nos consumimos y hasta gastamos energías, debido a esta tensión: ¿Por qué sufrimos, si somos cristianos? ¿Hay algún pecado?, etc. Como pastor he tenido estas experiencias, una vez le pregunté a una persona que asistía a la iglesia, que estaba internada en una clínica, como se encuentra, lo primero que compartió fue sus dolores y sufrimientos que padecía, esto es sintomático en ella. Pareciera que su vida se reduce a sus enfermedades, es decir, cobran lugar importante en ella, lo que no le permite en momentos, pensar que esta bien, siempre son dramas. [1]

            Participamos de una sociedad, de una comunidad cristiana de tipo carismático que rehuye el sufrimiento, no se quiere sufrir, no queremos sufrir. Hacemos lo posible para no poseer ni el más minino grado de angustia, [2] y de sufrimiento. Sin embargo, estas realidades constituyen la antropología de hombre-mujer. Es cierto que Dios es nuestro medico por excelencia, pero, no por ello, podremos pensar que dejaremos de sufrir, como lo afirman los grupos seudo cristianos: ¡Pare de sufrir! Existen varias formas de sufrimientos, señalaremos dos, Hay un sufrimiento que viene por alguna enfermedad del cuerpo, lo catalogamos en un plano individual, aunque involucre a otras personas cercanas a las que padece tal limitación.

            Otro tipo de sufrimiento es el que posee carácter colectivo, ya que afecta a millones de latinoamericanos, que en su mayoría son pobres. La reflexión sobre los pobres ha sido el punto central en la teología evangélica latinoamericana, desde sus inicios. A partir de los años 80 del siglo XX se hizo necesario especificar los diferentes rostros de la pobreza. La Dra. Elsa Tamez, [3] señala que los pobres tienen rostros concretos y que la pobreza trasciende a lo económico. Uno de los rostros personificadores del pobre lo constituye la fisonomía singular de la persona sufriente, este sufrimiento es causado por la miseria, salario de hambre, discriminación, desempleo, etc. Aunque la enfermedad, el dolor, la desocupación y la muerte no distinguen posición económica y social, sus estragos pueden ser agudos, en especial en los países tercermundista mas pobres. En este hecho, encontramos una similitud con la situación de los pobres de Palestina en la época en que Jesús llevó su ministerio. [4]

            Las creencias que la cultura judía tenia con relación a la enfermedad, el dolor, generaban un clima de hostilidad contra la persona sufriente. Con base en ellas, la sociedad estigmatizaba a la persona y obstaculizaba de esta forma el afrontamiento de estas situaciones. Con el anuncio del reinado de Dios, validado por su praxis solidaria, Jesús nos revela la cercanía amorosa de Dios. Esta cercanía invita a la reflexión y al cambio de actitudes. Consideremos que la revisión de algunas creencias que se daban en tiempos de Jesús con relación al sufrimiento y las acciones pastorales que realizó para responder a esa realidad social, pueden brindarnos pautas para comprender la problemática del sufrimiento como conciencia existencial del género humano en el mundo.

1. LA EXISTENCIA HUMANA FRENTE AL SUFRIMIENTO.

            El sufrir es la fuente y el origen de una nueva conciencia de si para el sujeto, en donde el espíritu humano se manifiesta en medio de la inquietud, en el dolor concreto y real, venido de la experiencia del mal, no de una manera descarnada y poco concreta, sino en el hecho de nuestra existencia comprometida en la incomodidad. Esta incomodidad es total, en virtud de la integralidad de la persona, que se mantiene en sus permanentes procesos de construcción y autodeconstrucción.

            El sufrimiento es el fruto del choque de las constataciones en la realidad entre aquello que debiera ser y lo que en realidad esta siendo. Como lo afirma el sacerdote franciscano Héctor Fernández: “Pese a ser una experiencia importante en la vida del genero humano…posee una transitoriedad, referente a un momento en espacio y tiempo, que disminuye en intensidad en la medida que es asimilado.” [5] La angustia, la incapacidad de satisfacer el anhelo de proyección y permanencia del estar bien, la incomodidad y la experiencia de la propia fragilidad no son sino indicios en situaciones limites.

            Según Karl Jaspers, estas situaciones como la de deber ser siempre en una situación, de no poder vivir sin la lucha y el dolor, de deber asumir inevitablemente la propia responsabilidad (o culpa) de deber morir, son situaciones limites. Ellas no mutan en si, sino solo en su aparecer, en nuestras confrontaciones con el existir poseen un carácter de definitividad. Siempre están escapando a nuestras comprensiones, así como escapa a la nuestra existencia aquello que esta mas allá de si. Son como un muro contra el cual chocamos o naufragamos. No podemos actuar en ellas algún cambio, pero debemos limitarnos a considerarles con extrema claridad sin poderlas explicar o justificar con base a alguna cosa. Ellas subsisten con la existencia misma. [6]

            La experiencia del dolor nos hace un reporte inmediato de la situación limite, de lo humano, en donde con violencia y con el descarnado advenimiento de los hechos, nos encontramos en una situación de ruptura. Por eso, la tendencia humana frente al sufrimiento es tratar de evitarlo. A veces como cristianos consideramos los padecimientos de Jesús como el medio por el cual nosotros nos escapamos del sufrimiento. Pensamos que El sufrió por nosotros para que no tengamos que sufrir. La enseñanza de la Primera carta de Pedro contradice tal concepto y se adhiere a la teoría de la existencia humana; Pedro presenta el sufrimiento como parte necesaria del plan divino, tanto para Cristo como para el creyente. [7]

            El plan de Dios para Jesús incluía el sufrimiento. Los profetas profetizaron que él sufriría (1: 10 – 11; 2: 19 – 20). El plan divino para el creyente también incluye el sufrimiento. Al hablar de la necesidad de soportar el padecimiento con paciencia (2: 19 – 20), Pedro afirma que “para esto fuimos llamados”, la idea en 2: 21 parece ser que el sufrimiento es un aspecto ineludible de la experiencia cristiana. El sufrimiento, cuando viene, representa la voluntad de Dios (3:17). Como lo expresa Wilson, “los sufrimientos de Cristo y de los creyentes se ubican dentro del plan y propósito de Dios. [8]

            El cristiano ha de experimentar el sufrimiento precisamente, porque está unido a Cristo, y plenamente identificado con él. Según 4: 13, los creyentes son “participantes de los padecimientos de Cristo”. Edward Selwyn observa que las palabras de Pedro concuerdan con el concepto paulino de que el creyente comparte los sufrimientos de Cristo. [9] Es cierto que la relación mística del creyente con Cristo, “el arquetipo del que sufre, representa la base religiosa de todo su sufrimiento”. Jesús había advertido a sus seguidores que “si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15: 20). Esta era ahora la experiencia de los creyentes de Asia Menor. Para el que se identifica con Cristo, el sufrimiento por causa de él será una existencia real.

2. LA EXISTENCIA HUMANA FRENTE A LA PREGUNTA DEL ¿POR QUÉ SUFRIMOS?

            La experiencia del sufrimiento se configura en una pregunta permanente y densa que nos hacemos y que al mismo tiempo nos hace a nosotros mismos los interrogados y el interrogante. Desde la perspectiva del paciente cristiano o no, la pregunta es relativa al por qué de la experiencia del sufrimiento, pero, también se produce una respuesta no solo para explicar, sino al asumir o evitar esa experiencia, como lo vimos anteriormente.

            Esta respuesta, no es en absoluto una respuesta de corte racional, sino que se funda en la hipótesis de este artículo en la racionalidad afectivo-existencial, que persigue y permite una respuesta total de la existencia humana. Es la experiencia de quien sufre, que se ve provocado a enfrentar y administrar, dirigir su experiencia de sufrimiento. La respuesta posee una dimensión profunda de incomunicabilidad en el sentido de no admitir palabras, Al respecto dice Víctor Frankl, [10] “todo depende de la actitud [existencial] que se asume en el enfrentamiento con el sufrimiento […] la respuesta que el hombre sufriente da a la pregunta sobre el por qué del sufrimiento, por medio del como él la soporta, siempre una respuesta muda.”

            El descubrir el sentido del ¿por qué sufrimos? contiene el expresar el sentido profundo de la propia existencia, a niveles particulares e individuales y en la inserción de éstos en un contexto latinoamericano dado por la memoria y que llamamos historia. Si bien dicha experiencia nos hace tomar conciencia de nuestra realidad de fragmento intrahistórico, no nos encierra en eso, sino que nos empuja a articularnos en los contenidos de comprensión social, en donde se encuentran las posibilidades de la plenitud buscada.

3. LA EXISTENCIA HUMANA FRENTE A LAS CREENCIAS SOBRE LA ENFERMEDAD, EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO EN LOS TIEMPOS DE JESÚS.

            Como lo indicamos al comenzar este artículo, los contemporáneos de Jesús consideraban que la enfermedad, el dolor y el sufrimiento eran castigos divinos por el pecado propio, o bien de los antepasados. [11] Con respecto a la enfermedad y el dolor, la teología de la retribución o comúnmente llamada teología de la prosperidad continuaba vigente en tiempos de Jesús. Schmid, señala que la aplicación rígida de esta teología se deduce la consecuencia de que el dolor, el sufrimiento, era señal absoluta de mal comportamiento, de pecado, mientras que la prosperidad es señal inequívoca de vida justa.

            Sin embargo esta teología no se puede sostener frente a la experiencias de la realidad misma, realidad compleja que no encuentra explicación en una relación causa-efecto como ya se ha señalado. También, Schmid agrega que “el judaísmo tardío hizo suyas las ideas del A.T”, sobre el dolor y la retribución, Jesús reprueba la doctrina farisea de que todo dolor o infortunio de la vida tenga carácter de retribución, o que toda abundancia de riqueza tenga carácter de una vida sin pecado. [12] Nolan lo describe de la siguiente manera: 

            Todos los infortunios, enfermedades y otros desordenes constituían el mal. Eran calamidades enviadas por Dios como castigo por el pecado de uno mismo, o de alguno de la propia familia, o de los antepasados. La vinculación del pecado con el castigo y el sufrimiento tenía necesariamente que ser concebida de un modo igualmente mecánico. Tenemos un campo abonado para la superstición. [13]

            Los evangelios presentan constantes polémicas entre los fariseos, saduceos, ancianos, sacerdotes y Jesús. Los fariseos y saduceos realizaban lo que Stamateas llama interpretaciones obsesivas de las Escrituras. [14] Esto es, interpretaciones rigurosas y legalistas. Jesús se muestra libre antes esos legalistas y esta rigurosidad religiosa, revelándonos  la imagen del Padre celestial que no puede ser encasillado en las obsesiones humanas. Por eso su conducta de libertad, resultó escandalosa en medio de un mundo situado entre la tensión del bien y del mal, del temor y el ritualismo obsesivo. De ahí que sus acciones crean conmoción, pues representan un giro, un cambio total, una novedad en el tratamiento al ser humano y en particular a la persona sufriente.

            En este contexto social, cultural, político y religioso que se inscribe la actitud y la acción pastoral de Jesús. La praxis transformadora de Jesús se fundamenta en la gran noticia del reinado de Dios. Jesús ha introducido su anuncio de reino como una invitación a la vida […] En este sentido, Jesús confirmó su misión salvífica con las palabras de Isaías citadas por el Dr. Lucas, cuando dijo:

            El espíritu del Señor esta sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. [15]

            Finalmente, hemos rastreado que Jesús se muestra sensible a todo dolor humano. Sensible, solidarios. Jesús se aproxima al sufriente concreto de su tiempo. Al marginado, al pobre, al enfermo. Con curaciones, con milagros que son signos de una misión mesiánica. En definitiva se presenta al sufriente de su tiempo con una respuesta que nace en una novedad que ya comenzó, dice Jesús se presenta al hombre que se interroga, al hombre que sufre, con la respuesta de una novedad.

            La novedad de que algo nuevo comenzó. Y en ese sentido nosotros somos responsables de esa novedad. En la medida que seamos seguidores fieles de la novedad del mensaje, de la praxis de Jesús. La cita de Marcos 16: 18 es hermosa; porque Jesús invita a que se acerquen al dolor de los hermanos que sufren combatiéndolo, porque están convencidos desde la fe, de que algo nuevo ha comenzado en la historia de los hombres: ha comenzado en la historia la novedad que irrumpe en esta historia y ha comenzado porque Dios se esta jugando en la historia. Desde Jesús y la llegada de la novedad del Reino, el sufrimiento puede llegar a ser una bienaventuranza. Y esto si que es difícil decirlo y vivirlo. Que a partir de la experiencia de Jesús la historia, la realidad, con esta coexistencia y esta yuxtaposición de sentido y sin sentido puede llegar a ser una feliz bienaventuranza.

4. LA EXISTENCIA HUMANA FRENTE A LA PREGUNTA: ¿DIOS SUFRIÓ EN LA MUERTE DE JESÚS?

            Pregunta, a nuestro parecer, apasionada y al mismo tiempo consoladora para los crucificados en el dolor. Es un nuevo planteo que hace Jürgen Molmann en su libro El Dios crucificado, donde desarrolla una singular teología de la cruz que se aparta bastante del tratamiento tradicional. El, a su vez, coincide al menos con el teólogo Japonés Kazoh Kitamori, en su libro Teología del dolor. [16]

            Veamos en síntesis, el pensamiento de ambos teólogos: la muerte de Jesús es una muerte humana, de un hombre, y solamente por la única persona en Cristo podemos hablar de la muerte de Dios y de que Dios sufre. Tal la doctrina tradicional. Pero, el acontecimiento de la muerte de Jesús en la cruz es también un acontecimiento intratrinitario y plantea entonces el problema del sufrimiento de Dios. [17]

            El Dios cristiano no es el dios estático de los filósofos griegos de la antigüedad, sino el Dios que sufre, un Dios activo y apasionado. La imagen del Dios del mundo y de la cultura griega pasó a la tradición clásica como el Dios a quien no afectan de ningún modo los acontecimientos del mundo, un Dios que no esta sometido a la pasión ni puede cambiar en si mismo. A esta concepción de Dios responden Moltmann y Kitamori: el dolor de la cruz no fue solo dolor del Hijo ni tampoco dolor del Padre sino dolor de las dos personas que son un solo Dios. Como dijo Bonhöffer: Un Dios que no sufre no puede liberar.

            El sufrimiento del Hijo difiere del dolor del Padre. Por eso Moltmann habla de la muerte de Dios no en el sentido teopaciente, sino de un “patricompasionismo”. Muchos teólogos incluyendo a los carismáticos fundamentalistas, no aceptan estas propuestas algo atrevidas por no tener suficiente fundamento bíblico y porque entran, en definitiva, dentro del problema de nuestro lenguaje analógico sobre Dios. Karl Rahner, por ejemplo, dice que tal vez Dios no pueda sufrir en si mismo, pero si puede sufrir por otros.

            Lo interesante en la teoría de Moltmann, es el intento de sustituir un Dios que no sufre ni muere, por el Dios vivo y paciente de la Biblia. Un Dios indudablemente más cercano al mundo sufriente de los hombres. De todas maneras podemos decir, aunque en el claro-oscuro de la fe y del misterio, que el dolor, el sufrimiento de Cristo es un dolor divino y humano al mismo tiempo. Otros intentos de reflexión sobre la relación entre el sufrimiento y Dios corren por estas líneas:

            Dios dice no al sufrimiento: el sufrimiento no se acepta, se combate. (U. Hedinger); Dios no quiere ni nos atormenta como si fuera un sádico; quiere nuestro esfuerzo de lucha contra el dolor (Dorotea Sölle); la cruz no es algo para entender, sino para asumir como el mayor de los escándalos: Dios es sujeto y objeto del sufrimiento: crucifica y es crucificado (Hans U, von Baltasar). La cruz es un absurdo y más absurdo es que Dios la haya asumido. Dios asume la cruz en solidaridad y amor con los crucificados (L, Boff); la cruz es una consecuencia de una encarnación situada en un mundo de pecado que se revela como poder con el Dios de Jesús. (J, Sobrino). La cruz no puede ser sistematizada dentro de una concepción coherente del mundo y de Dios. Rompe con todo. Por eso es símbolo de nuestra finitud y el límite de nuestra razón. [18]

CONCLUSIÓN

Queremos finalizar con el lugar del sufrimiento en la experiencia humana. Esta característica particular de la existencia el buscar el significado y aceptar en la experiencia del sufrimiento. El sujeto que sufre genera una conciencia [19] que se caracteriza por una amalgama de preguntas, que actúan como estímulos en la búsqueda de un sentido global de la existencia humana. De hecho, constituyen un particular factor de camino entre el paso de una realidad cotidiana superficial a una autentica cargada de sentido.

            El sufrimiento nos ofrece la posibilidad de una construcción de una actitud responsable respecto a la propia existencia, desde una valoración profunda de los límites como confines como apertura serena y no frustración traumática. Nos permite un autoconocimiento que actúa como posibilidad de apertura al prójimo: la solidaridad, la compasión y la opción por quienes sufren. El sufrimiento permite desvelar la existencia humana en toda su potencialidad y posibilidad, como un llamado vivencial a la existencia responsable.

            Asumir responsablemente la existencia nos puede permitir crecer en el amor, lo que vale decir, asumir el dolor, como un desafío para amar mas y mejor o sumirnos en la amargura mas profunda y encarnada en el sentido de la existencia. El amor pone una dimensión particular a la experiencia del dolor, ya que sirve como punto de entrada para entender el sufrimiento como una clave hermenéutica de entrada al otro. Nos permite pasar del dato dado (dolor) a la clave de experiencia (sufrimiento) para llegar a la dimensión de hacerse sacrificio, es decir, nuestra actitud hacia el otro como un acto del culto litúrgico.

            El sufrimiento también, es una poderosa posibilidad de conocimiento, si se explora y se busca aprender de ella. Hesiodo señalaba: sufriendo el insipiente comprende. [20] El sufrir nos entrega la posibilidad de hacer una experiencia de conocimiento, no instrumental objetiva, sino que subjetivo profundo. El sufrimiento nos permite un conocimiento en el orden espiritual, por consentirnos hacernos una vida vivencial capaz de actuar como principio de solidaridad y comprensión hacia los otros.

            El sufrimiento es la experiencia que nos permite explorar en profundidad la ternura existencial, el sentido de la piedad humana en cada hombre no un enemigo, sino un colega en la humanidad… El sufrimiento nos permite hacer el descubrimiento del rostro humano en las situaciones mas extremas y limites, en donde no pareciera existir nada humano posible. Es el punto de entrada a la interioridad de los sujetos, que se revertiéndose se expresa en solidaridad y en la dimensión relacional mas propia del ser humano jugándose en la permanente tensión  entre angustia y esperanza, donde se arma el drama existencial de cada coexistencia. Es capaz de dar un rostro humano a quien sufre, ya sea desfigurado o ausente, o personalizarlo como un concreto sufriente que nos provoca. El pensar el dolor y nuestra experiencia de sufrimiento nos desafían a rescatar al cuerpo como mediación de nuestra interioridad y a buscar reivindicar al dolor como una experiencia humana, reconquistándolo en su dimensión profunda e integradora del ser hombre integral en y desde el mundo.

 

LUIS EDUARDO CANTERO.

Profesor y pastor. Es Administrador de los recursos eclesiásticos, Universidad Nazarena de las Américas, San José, Costa Rica, con estudio de licenciatura y maestría en ciencias teológicas, Universidad Bíblica Latinoamericana, Costa Rica. Postgrado Especialista en Diseño de Ambientes de Aprendizaje, Universidad Minuto de Dios, Medellín, Colombia. Doctor en Filosofía, Laud Hall College and Seminary, Clearwater, Florida, EEUU.   Actualmente cursa dos doctorados en el departamento de historia de la iglesia  del Instituto Universitario ISEDET., y el otro en teología en el Seminario Internacional Teológico Bautista de BS AS, Argentina. Es y ha sido profesor de varias universidades, institutos de Colombia y del exterior entre ellas tenemos: la Universidad Rémington, Universidad Minuto de Dios, la Universidad de Antioquia, Universidad Antonio Nariño, Instituto Bíblico Wesleyano, Instituto Bíblico Asambleas de Dios, entre otros. Luisecantero@yahoo.com



[1] CORREALE, Antonello. Etal. Souffrance et psychopathologie des liens instutionnels. Paris: Dunod, 1996: 32.

[2] La angustia de Kierkegaard le lleva también al abismo de la nada…Así dice: De la misma manera que el medico puede decir que quizás no hay una sola persona que viva en completa salud, así hay que decir, si se conoce bien a los hombres, que no hay uno solo que no viva algo desesperado, en cuyo interior no resida una inquietud, un desasosiego, una desarmonia, una angustia de un algo desconocido o de un algo que no se atreve a conocer…(KIERKEGAARD, Soren. El concepto de la Angustia.  Madrid: Espasa Calpe, 1952: 15)

[3] Bajo un cielo sin estrellas, lecturas y meditaciones bíblicas. San José: DEI, 2000: 101

[4] MORA, Edwin.  “Violencia contra las personas sufrientes. El caso de quienes padecían enfermedades en tiempos de Jesús.” En Revista: Vida y pensamiento. San José: UBl,, Vol. 22, # , 2002: 89ss

[5] FERNANDEZ, Héctor. “Acercamiento a la problemática del sufrimiento como existencia del hombre en el mundo…Reflexiones en torno a la vivencia del malestar como posibilidad de apertura humana.” En sufrimiento: Proceso de maduración humana y fe. Chile: Cuaderno Franciscano, 2001: 189 – 190.

[6] JASPERS, K.  “Clarificazione dell` essistenza.” En filosofía II.  Milano: 1978: 678 – 679.

[7] FILSON, Floyd V. “Partakers with Christ: Suffering in First Peter.” En interpretation 9, 1955: 401.

[8] Ibíd, p: 405.

[9] SELWYN, Edward G. The first epistle of Peter. London: Macmillan, 1947: 221.

[10] Homo patines, soffrire con dignità. Brescia, 1998: 128 – 129.

[11] BRENEMAN, J. HANS, Tomas. Etal. Diccionario ilustrado de la Biblia. Miami: Caribe, 1977.

[12] SCHMID, Josef.  El evangelio según San Lucas. Barcelona: Herder, 1981: 332 – 333.

[13] NOLAN, Albert. Jesús antes del cristianismo: ¿Quién es este hombre? Quito: Vicaria de Quito, 1994: 38.

[14] STAMATEAS, 1995: 204.

[15] “Evangelio de Lucas 4: 18- 19. Santa Biblia, Reina-Valera, Bogota: Sociedades Bíblicas Unidas, Revisión de 1995: 843.

[16] Cfr. FIORENZO. “Dolor y alegría, y lenguaje de Dios”, en CONCILIUM 95, 1974: 214 – 228.

[17] cfr. Jer 31: 20; Is 49: 15; 63: 15; Os 11: 8 – 9.

[18] Todos estos intentos se pueden ver en el libro de Pasión de Cristo, pasión del pueblo. Escrito por Leonardo BOFF, 1985: 219 – 248.

[19] Esta es nuestra afirmación de la hipótesis inicial y final.

[20] ESIODO, Le opere e le giorni, 217 – 218.

 

Se debe respetar la autoría de los trabajos presentados en esta página Web por lo que su uso debe ser debidamente citado

Todos los derechos © Recursos Teológicos