REFUTACIÓN DE LA TEOLOGÍA

PRO-HOMOSEXUAL O GAY DE DANIEL HELMINIAK

Por Mario Cely Q. (Th. M.)

Ministerio cristiano “Nueva Colombia”.

1

PASAJES BÍBLICOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO QUE TRATAN CON LA HOMOSEXUALIDAD

Introducción

Todas estas secciones que siguen son una refutación a la obra de Daniel Helminiak1 cuyo libro en inglés, What the Bible Really Says About Homosexuality (Lo que la Biblia dice realmente sobre la homosexualidad) se convierte en nuestro principal campo de batalla. Lamentablemente el libro en mención no está en español. Desde luego hay otros libros que el autor ha consultado. Pero, será el de Helminiak nuestra base primordial de refutación y apología. Me parece suficiente apoyarnos en esta obra para hacer ver al lector estudioso de la Biblia el grave peligro de la Teología Gay. En el fondo, casi todos los teólogos y algunos filósofos que defienden la homosexualidad buscan apoyo en la Biblia para sustentar sus interpretaciones, las cuales más o menos siguen el mismo corte de ideas.2

     Lo que sigue es un examen exegético de los textos bíblicos que tratan sobre el pecado de la homosexualidad en diferentes contextos. Analizaremos la forma como la denominada Teología Gay los ha reinterpretado para justificar el comportamiento homosexual en el mundo. El amable lector debe estar atento a dicha falsa hermenéutica puesto que ya existen organizaciones eclesiásticas pro-homosexual de corte liberal tanto en el lado católico como en el protestante, y están haciendo teología con gran insistencia. Y el mundo del judaísmo actual tampoco se libra, pues son varias las sinagogas judías que también reclaman sus derechos a ser gay y al mismo tiempo querer la bendición de Dios.3 En Europa y en los Estados Unidos esto es algo corriente.4 En América Latina dicha manifestación apóstata y blasfema también comenzó a levantar su cabeza con inusitada fuerza. En mí país, Colombia, de proseguir las actuales legislaciones impulsadas por humanistas de claro signo ateísta y materialista, no tardará en ponerse a tono con lo que ocurre en aquellos otros países.

I. Genesis 19: la historia de Sodoma y Gomorra 

A. Hermenéutica teológica pro-homosexual

¿En qué consistió el pecado de los sodomitas narrado en esta parte del Génesis? En defensa de una teología gay Daniel Helminiak señala que en este pasaje lo que se resalta es la violación de la “ley de la hospitalidad” de parte de Lot. En países desérticos como lo eran Sodoma y Gomorra, era imperdonable que alguien –especialmente un extranjero como Lot– impidiera el ejercicio de la “sagrada ley de la hospitalidad”. Como sabemos, se trata de una costumbre de cortesía oriental para con los viajeros durante la noche. Tal costumbre es todavía una regla tradicional tanto en culturas semíticas como árabes.5

     Sin embargo, hay un hecho ante el cual el mencionado autor no dice nada y deliberadamente pasa por alto en este pasaje narrativo: el gran temor de Lot. “Y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad” (Gén. 19:7). ¿A qué se refería Lot con esta maldad, al punto que prefirió entregar sus hijas al abuso sexual de aquella gente perversa? “He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues vinieron a la sombra de mi tejado” (v. 8). Argumentar que aquí se trata de un caso de la violación de la ley de la hospitalidad oriental, la cual requería no olvidar nunca dar la bienvenida a los huéspedes extranjeros no nos dice nada que preste apoyo a la posición pro-homosexual.

     Necesitamos entender que en la Biblia Dios nunca juzga a los individuos con base en los códigos de su propia ética cultural. Sólo la ley moral de Dios es la norma más alta por medio de la cual los hombres seremos juzgados (Romanos 1: 12-16). Con esto en mente, nos damos cuenta que en la ley de Moisés la homosexualidad es considerada una “abominación” que se castigaba con la pena de muerte (ver Levítico 20:13).

Ahora bien, sabemos que en los días de Lot los Diez Mandamientos (Éxodo 20; Deut. 5) no estaban redactados en forma “escrita” en dos tablas de piedra. Sin embargo, Lot –y cualquier otro ser humano de aquellos tiempos— como un hijo del pacto, sabía en su corazón que el comportamiento homosexual no era aceptable, y por ende, también debió ser una práctica aborrecible y atormentadora para el sobrino de Abraham (2ª Pedro 2:7,8). Si la cultura de Sodoma y Gomorra practicaba este comportamiento sexual antinatural, se debió a que la cultura toda se había pervertido. Y esto es lo que hoy también está sucediendo en nuestros países herederos de la cultura cristiana occidental los cuales cayeron en apostasía

     Siguiendo la lectura de su libro, uno puede notar el esfuerzo exegético que hace D. Helminiak para favorecer el argumento de que Dios no castigó a Sodoma y Gomorra por su práctica homosexual cotidiana. En su intento probatorio cita Ezequiel 16:48,49:

Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma tu hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.

Este texto tampoco apoya su tesis de que el pecado de los sodomitas fue de naturaleza cultural al no atender la necesidad de los viajeros que llegaron a la casa de Lot.6 Pero lo que el texto de Ezequiel realmente enseña es sobre la queja de Dios contra el infiel pueblo de Israel. El pueblo de Dios estaba actuando en contra de la voluntad de Dios. Semejante a los habitantes de Sodoma, cuyo pecado no fue solo la homosexualidad, también fueron indolentes con los pobres y necesitados a pesar de tener grandes riquezas. Por este último pecado Israel recibe la queja de parte del Señor.

     Israel había recibido de parte de Dios instrucciones concretas para evitar la pobreza, instrucciones que no pusieron en práctica (véase Éxodo 22:25,27; Levítico 19:9,10; 25:35,37; Deut. 14:28,29; 15:7-11; 23:24,25; 24:19,22; 23:19,20;  24:6,10-13;). Fallar en dar al pobre no es lo mismo que pasar por alto la “ley de la hospitalidad”. Asimismo, Daniel Helminiak tampoco menciona el importante pasaje paralelo de Ezequiel 16:50 en el cual Dios dice por medio de este importante profeta: “Y se llenaron de soberbia, (Sodoma y Gomorra) e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité”. Debemos recordar que los actos homosexuales son “abominación” para Dios (Levítico 18:22; 20:13). Ahora bien, si la ley de Dios es moralmente inmutable, entonces sigue siendo verdad para hoy que el comportamiento homosexual tanto de hombres como de mujeres son actos que Dios aborrece.

B. Derrik Sherwin Bayley (1910-1984)

Fue un teólogo cristiano de la iglesia anglicana de Inglaterra. Su obra en gran parte hace uso de la exégesis bíblica y teológica para favorecer la teología gay o pro-homosexual. Un ligero análisis de su pensamiento, —uno de los pioneros en este campo— lo conduce a rechazar de plano la interpretación cristiana clásica de que el pecado de los sodomitas consistió en las prácticas homosexuales. Su tesis es que no hay razón para interpretar que el término hebreo yadha’ que aparece en Gén. 19:5 significa intercambio homosexual7. En idéntico sentido, él sostiene que la expresión “conozcamos” más bien debe ser interpretada “sácalos fuera para que nos familiaricemos con ellos”. Sin embargo, tal como Greg Bahnsen hace ver, el término hebreo yahada’ no significa “cortesía” sino “coito”.8 Y así hay muchos otros que con sus defectuosas interpretaciones bíblicas sobre el tema de la homosexualidad han hecho, y continúan haciendo “un gran servicio” al reconocimiento homosexual eclesiástico que hoy se observa en muchas partes del mundo. Pero lo único que han hecho es atraer el juicio de Dios tal como aconteció en el pasado.

C. Refutación de la interpretación pro-homosexual sobre este pasaje

Las tesis de D. Helminiak y Sherwin Bayley y otros no son correctas por las siguientes razones:

     (1) El castigo divino de Sodoma y Gomorra fue por su práctica de la homosexualidad. La narrativa del Génesis deja en claro que, “Más los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Génesis 13:13). Y en otro lugar, el Señor dice: “Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré” (Gén. 18:20,21). Más adelante en el capítulo 19:24,25 se nos dice:

Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde lo cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.

Nadie duda que esta historia bíblica sea verdadera. Como cristianos conservadores creemos que se trata de una realidad que aconteció en un pasado histórico. La gran pregunta que debemos hacernos es: ¿cuál fue el pecado de la gente de Sodoma y Gomorra por el cual merecieron tan terrible castigo?

     La respuesta cristiana tradicional es que los sodomitas eran homosexuales en extremo. La interpretación clásica ha sido que cuando los ángeles llegaron a hospedarse en la casa de Lot los habitantes de Sodoma quisieron tener relaciones homosexuales con ellos. Esta interpretación se basa en exclusiva en el contenido del versículo de Génesis 19:5: “Y llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos”. Este último término que he puesto en bastardilla en hebreo es ‘yadha’. La frase que contiene la expresión “conozcamos”, la Nueva Versión Internacional (versión inglesa) la traduce: “Sácalos fuera para que podamos tener sexo con ellos”. La versión en español declara: “¡Échalos fuera! ¡Queremos acostarnos con ellos!”. Reina-Valera (1960) traduce: “¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos”. Tocante a lo anterior, Recurrimos a Greg Bahnsen quien comenta:

Aunque una generalizada maldad caracterizó a Sodoma (Génesis 18:20), no puede suprimirse el hecho de que los sodomitas quisieron “conocer” (tener sexo con ellos) a los huéspedes de Lot, un terrible pecado descrito en Génesis 19 como una específica confirmación de que la ciudad fue digna de la devastación (Gén. 19:13; cf. 18:21). Esta fue la marca de la extrema degradación y rebelión en contra de Dios. 9

La historia alterna de Jueces 19:16-30. Se trata de una historia similar a la de Génesis 19. Curiosamente, muchos que quieren defender la homosexualidad en la Biblia, recurren a este pasaje para hacer ver que los habitantes de Sodoma fueron castigados por ser asesinos, más no por su homosexualidad.

Un resumen de la historia es como sigue: Un levita que iba de viaje con su concubina es invitado por un hombre viejo, forastero, en Gabaa de Benjamín a que pasara la noche en su casa a fin de que no se quedara en la plaza o quizá parque principal de la ciudad (Jueces 19:16-21). 

“Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado a tu casa, para que lo conozcamos” (v. 20).

La historia posee visos muy parecidos a la de Sodoma. Lo cierto es que allí igualmente, el dueño de la casa ruega a aquellos hombres de ese modo: “No, hermanos míos, os ruego que no hagáis este mal…” (v. 23). De igual modo, el hombre les hace una contrapropuesta: les ofrece a su “hija virgen” y a su propia concubina, para que las humillaran como a ellos les pareciera (v. 24). Exactamente como en el caso de Lot en la historia de Sodoma, el dueño de casa les dice: “no hagáis a este hombre cosa tan infame” (VRV, 1960). ¿Cuál era esta cosa tan infame? En ambas historias es claro, que los habitantes estaban interesados en relaciones homosexuales. No en familiaridad, convencionalismos sociales o culturales. De ningún modo. Esta es otra historia que demuestra que la humanidad por épocas se corrompe y degrada. Siendo el máximo común múltiplo la homosexualidad. Esto es así debido al hecho de que la historia en el libro de Jueces tiene como propósito hacer ver al lector lo que ocurre cuando una sociedad abandona a Dios: surge el caos, la corrupción y la anarquía. Así vivía el pueblo de Israel en aquellos tiempos. De ahí la frase solemne y repetitiva: “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21:25). Por el motivo de la homosexualidad y junto a otros crímenes y maldades contra Dios, sobrevino un juicio o castigo divino, una cruel guerra (ver Jueces 20:35) que trajo dolor y gran sufrimiento (véase todo el capítulo 20 de Jueces).

(2) La carta de Judas (v. 7) sostiene: “como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestos como ejemplo, sufriendo el castigo del juicio eterno”. Los críticos liberales y hoy la teología gay, han despachado gran parte de la carta de Judas como “poco fiable”, y en relación con este versículo han dicho que se trata de un “error de copia” o de una interpolación en el texto sagrado hecho por algún copista judío tratando de imitar al apóstol Pedro. Sin embargo se ha demostrado que nada de esto es cierto. Además, en consonancia con Santiago, Jesucristo también se refirió varias veces al castigo experimentado por Sodoma y Gomorra (ver Mt. 10:15; 11:24; Lc. 10:12) a consecuencia de este feo pecado.

     (3) Josefo de Jerusalén. Contemporáneo de nuestro Señor Jesucristo deja ver en sus libros su desagrado por las prácticas homosexuales de la sociedad grecorromana de sus días. Al mismo tiempo, dicho autor, en su obra Antigüedades de los Judíos sobre la historia de Sodoma afirma:

Los sodomitas al ver a los adolescentes de extraordinaria belleza que se habían alojado en la casa de Lot, decidieron gozar de ellos por la fuerza; Lot los exhortó a contenerse y a no ofrecer un espectáculo inconveniente a los extranjeros, que eran sus huéspedes; y que si no podían dominarse, les daría a su hija para satisfacer su lujuria. Pero no cedieron. Dios iracundo por su audacia y su impudicia, quitó la vista a esos hombres para que no pudieran hallar la entrada de la casa de Lot, y condenó a Sodoma a la destrucción total.10

     (4) Las tablillas de Palestina conocidas como Escritos Pseudoepigráficos. Estos son varios documentos descubiertos por algunos arqueólogos. El documento conocido como el Testamento de los doce Patriarcas data del segundo siglo después de Cristo, menciona que el pecado de Sodoma consistió en el comportamiento sexual antinatural. Uno de sus textos dice:

Sin embargo, esto no debe ser así mis hijos, pues reconociendo en el firmamento, en la tierra y en el mar que todas las cosas existen por el poder de Dios; pero no como Sodoma, que cambió el orden de lo natural (taxis physis), razón por la cual el Señor también maldijo a los del diluvio, por cuya causa desoló la tierra, es decir llegó a estar inhabitada y sin fruto. Estas cosas, digo yo, mis hijos, las cuales he leído en el santo libro de Enoc, y ustedes mismos se apartarán del Señor, andando conforme a la malignidad de los gentiles y harán conforme a las iniquidades de Sodoma11 (T. Naph. 3:4 - 4:1).

     (5) Los adjetivos “maldad”, “malos”, “vileza” (Gén. 19:7; cf. Jueces 19:23) son expresiones por medio de las cuales la Biblia deja ver la gran perversión de aquellas antiguas culturas. No puede haber duda que este es el correcto significado por cuanto Lot prefiere a cambio que los sodomitas tengan relaciones sexuales con sus dos hijas pero no con los ángeles que Dios había enviado (ver Gén. 19:8).

     (6) Si lo que intentaban hacer los habitantes de Sodoma con los ángeles que llegaron a la casa de Lot, no era algo malo, ¿por qué Dios destruyó con fuego y azufre a todos los que allí residían? Pensar que Dios aniquilaría a toda una ciudad por el hecho de que ellos no eran hospitalarios, es algo fuera de razón y sin buen sentido hermenéutico de las Escrituras. Además no ser hospitalarios en ninguna cultura era una ofensa que se castigaba con la muerte; tal interpretación es algo que va más allá de toda justicia interpretativa. Nos damos cuenta que es un argumento sin piso ni base. Los habitantes de Sodoma cometieron infinidad de pecados. La realidad bíblica nos muestra que quisieron “conocer” sexualmente a los ángeles de Dios del capítulo 19 de Génesis. Esta es una razón poderosa desde el punto de vista divino para la destrucción de la ciudad.

II. Levítico 18:22; 20:13           

18:22: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”.

20:13: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.

A. Interpretación de la teología homosexual o gay sobre la pena de muerte

Con claridad estos pasajes especifican que los actos homosexuales merecían la pena de muerte bajo la ley de Moisés. Retomando aquí nuestra refutación a la obra de Daniel Helminiak, él propone una doble conclusión en relación a este pasaje. En primer lugar, declara que un acto que merece la pena capital no es algo necesariamente serio o inmoral. Al intentar mitigar la seriedad de este pecado que en la ley mosaica se castigaba con la muerte, declara que “Levítico prescribe la misma pena para el acto de maldecir a los padres”.12 Y no hay duda que está leyendo correctamente la Biblia. En segundo lugar, añade que lo mismo ocurría con el adulterio, el incesto y el bestialismo. No obstante, la exégesis que lleva a cabo no es correcta debido a que su argumentación consiste en reducir al absurdo lo que es evidente en este pasaje. Su hábil retórica lo conduce a decir que en el día de hoy, la maldición a los padres es una ofensa sin importancia que no se podría castigar con la pena capital. “Si lo hacemos sería un acto barbárico” –añade—.13 En la misma línea de razonamiento declara que “la homosexualidad no debió ser una ofensa seria en la época de Moisés”.14

     Examinando un poco más la tesis de Helminiak, recurre a una estrategia para suavizar la pena capital que se aplicaba como castigo por actos homosexuales. Para este hecho pasa a explicar por qué el adulterio requería la pena capital. Su idea central es que “más que una ofensa personal, envolvía una pérdida económica”. En estas mismas páginas señala que el adulterio no es diferente del robo sino que se trata de un robo mayor porque atraía pérdida económica para la familia. Era sobretodo una ofensa solamente en contra del marido.15 Sin embargo, su planteamiento no tiene éxito debido a que falla en hacer ver lo que tan claramente enseña el Pentateuco: el adulterio merecía la muerte de los dos participantes (Lv. 20:10; Dt. 21:22-24), mientras que el robo requería la restauración de la propiedad (Éxodo 22:1-4; Lv. 6:1-5). En realidad no se trata de lo mismo, pues el robo no era castigado con la pena capital como tal. Una lectura serena del libro de Daniel Helminiak deja ver más bien su preocupación por suavizar a toda costa la pena capital como castigo supremo por la homosexualidad. Sus sentimientos reflejados en lo que escribe dejan ver una honda preocupación por los gays, preocupación que compartimos con el alma, pero no a costa de pasar por alto la clara revelación de Dios.

     Una segunda e importante conclusión de este sacerdote defensor del homosexualismo lo conduce a decir cosas como esta:

La prohibición de los actos homosexuales en Levítico 18:22 y 20:13, tiene que ver con la promulgación de la ley de la pureza a fin de separar a Israel de sus vecinos, cuyos actos homosexuales estaban asociados con actividades paganas, con idolatría, con identidad gentílica. Por lo tanto, como no era una prohibición ética, hoy no tiene aplicación.16

Los pasajes que estamos considerando están encajados dentro del denominado “Código de Santidad”, una enseñanza dada a Israel a fin de que vivieran separados de las abominables prácticas de sus vecinos o pueblos paganos que les rodeaban. Sin embargo, para Daniel Helminiak, las leyes del mencionado Código, en cuanto a la homosexualidad solo son leyes que enfatizan pureza física, pero no pureza moral. Esta argumentación no tiene ningún respaldo bíblico y posee un defecto fatalmente destructivo para la fe y la moral cristiana, y por lo tanta deja sin esperanza al homosexual que debe ser rescatado. El hecho es que la Ley o Código de Santidad que comprende los capítulos 18 al 20 de Levítico no fue dado por Dios para separar cultural o físicamente a los Israelitas de los Cananeos. Por el contrario, hay algo más a fondo en esta divina intención. Dios había dicho a los Israelitas: “No haréis como hacen en la tierra de Egipto en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos” (Levítico 18:3). Aquí lo que describe el Señor es su preocupación de que el pueblo recién redimido no fuera a imitar a aquellos paganos en su idolatría y costumbres perversas, entre las cuales sobresalían los actos homosexuales. Eran claramente inmorales y pecaminosos, al grado que desafiaban la soberanía y la santidad de Dios. Asimismo, no puede haber duda que el Señor quería preservar a su pueblo de la destrucción física, moral y espiritual, consecuencias funestas y directas de la homosexualidad. Por estas razones es que Dios añadió las siguientes palabras:

En ninguna de estas cosas (incluye actos homosexuales) os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores... No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti (Levítico 18:24,25; Deuteronomio 9:4).

Por consiguiente, Dios nos dice en su Palabra que por los actos malsanos de los pobladores de Canaán, ellos fueron castigados sin piedad. El Señor dijo a los israelitas que evitaran dichas acciones no solamente porque los gentiles las hacían, sino para que ellos también evitaran su propio castigo. Habiendo hecho la correcta exégesis de estos pasajes, podemos darnos cuenta que la sugestión de Daniel Helminiak no solamente es falsa sino que va contra el correcto sentido del pasaje bíblico.

     Ahora bien, si observamos ampliamente el contexto de la sección de Levítico 18-20 aún mucho más nos damos cuenta del grave error de Helminiak de querer suavizar el desagrado divino en contra de todas estas prácticas destructivas de la vida. La descripción de Moisés es como sigue: incesto, adulterio, homosexualidad, bestialismo, idolatría, robo, detener la paga del jornal al obrero, la acepción de personas, odio al hermano, la venganza, prohibición de tatuarse la piel y la adivinación ocultista. Prácticas pecaminosas que Dios detesta, pero es sobre el homosexualidad que Dios dice que es “abominación”, y por la cual debe ser castigado con la muerte (20:13).

B. La palabra “abominación” en Levítico 18:22 y 20:13

La trama del argumento de Helminiak consiste en decir que la palabra hebrea toebah (traducida “abominación” en la mayoría de versiones bíblicas en español) significa “sucio” o “impuro”. Su posición es la siguiente:

“Abominación” es la traducción de la palabra toebah. Pero este término puede ser traducido como ‘suciedad’ o ‘impureza’. Pero también ‘tabú’ lo que cultural o ritualmente está prohibido podría ser otra exacta traducción. El significado de la palabra toebah se hace claro cuando comprendemos otro término hebreo, zimah. Esta palabra significa no lo que es objetable en materia de religión o cultura, sino lo que es injusto en sí mismo. Significa una injusticia, un pecado. Claramente entonces, Levítico no dice que si un hombre se acuesta con otro sea algo malo o injusto. Lo que Levítico declara es que se trata de una violación ritual, es una impureza, algo sucio.17

Lo que Helminiak dice tajantemente es que los términos hebreos toebah y zimah no tienen connotación ética ni moral. Pero esto es totalmente falso, porque al realizar un sencillo examen de estas palabras en una concordancia bastará para demostrar en qué casos o aspectos se aplican estos términos. Visto de otro modo, significan lo que es inmoral y detestable a los ojos de Dios.

En la Biblia esta palabra se usa para referirse a la adoración pagana de ídolos (Dt. 7:25,26; Jer. 16:18); sacrificios humanos de hijos (Dt. 12:31; 20:18; 2 Rey. 16:3,4); hechicería y adivinación (Dt. 18:9-12); pesas falsas (Deut. 25:16; Proverbios 11:1; 20:10), labios mentirosos (Prov. 12:22), el camino de los malos (Prov. 15:9), el orgullo en el corazón (Prov. 16:5). Esta lista no habla de que estos pecados sean un “tabú” sino cosas intrínsicamente malas y perversas. El amable lector puede consultar 2° de Reyes 21:1-12 como otro ejemplo donde aparece el término toebah como sinónimo de pecados groseros que Dios condena moral, ética y espiritualmente. Toebah tiene el claro sentido de “maldad” o “perversidad”, y por estos pecados viene el juicio de Dios (véase Proverbios 6:16-19). La estructura poética de estos versos en Proverbios es clara al decirnos lo que Dios odia y abomina: Mentir, asesinar, sembrar discordia entre hermanos, maquinar el mal, no son tabúes culturales.

Walter C. Kaiser, erudito en estudios del Antiguo Testamento y en consonancia con lo anotado hasta ahora, también dice que “la homosexualidad posee una fuerte desaprobación en la Escritura. Es descrita como ‘una abominación’ cinco veces en este capítulo (vv. 22, 26, 27, 29, 30) y en Levítico 20:13. El significado básico de abominación es ‘detestar’, ‘odiar’, ‘aborrecer’. Es decir, es lo que es odiado y detestado por Dios, y es por lo tanto, degradante y ofensivo al sentido moral”.18

A renglón seguido, hacemos notar ahora el erróneo sentido que Helminiak da al otro término hebreo zimah. Es interesante ver que este término aparece cuatro veces en Levítico capítulos 18-20. Es aplicado al incesto en 18:17, prostitución en 19:29; en el caso cuando alguien tomara mujer y a la madre de ella al mismo tiempo, ocurre en 20:14. Helminiak aduce que estos pasajes no se refieren a actos intrínsicamente morales, sino que Dios impartió estas instrucciones para separar culturalmente a Israel de sus vecinos.

C. Palabras correspondientes en el Nuevo Testamento

En la última parte de su argumento, y relativo a estos textos del Levítico, Helminiak tampoco efectúa una correcta exégesis cuando se refiere a  la Septuaginta o versión de los Setenta. Esta versión bíblica se conoce por la abreviatura LXX en número romano. Como sabemos, se trata de la traducción del AT hebreo al griego; empezó a ser traducida en el año 280 a. C. Tocante a esto dice Helminiak:

En la Septuaginta, la palabra hebrea toebah de Levítico 18:22 es traducida al griego como bdelygma. Un término plenamente consistente con el hebreo. La palabra griega bdelygma significa impureza ritual, suciedad. Tenemos otra palabra griega disponible como anomia, que significa sin ley, injusticia o pecado.19

El error recurrente del sacerdote católico es que en realidad, una consulta a cualquier diccionario griego-español o una concordancia correspondiente nos dirá que está gravemente equivocado. El término bdelygma en el Nuevo Testamento es traducido “abominación” en Mateo 24:15 y Marcos13:14, los autores sagrados se refieren a la “abominación desoladora” de la cual habló el profeta Daniel. Probablemente dicha profecía halló cabal cumplimiento en el año 168 a. C. cuando Antíoco Epifanes edificó un altar pagano en el lugar santísimo del templo en Jerusalén sacrificando allí un cerdo. Igualmente, este término es empleado para referirse a los hombres que aman el dinero (Lucas 16:15), a los falsos creyentes (Tito 1:16); a Babilonia la ramera (Apocalipsis 17:4,5); a los “abominables” que tendrán su parte en el lago de fuego que arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 21:8) y “no entrará ninguna cosa inmunda o que hace “abominación” y mentira… a la nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:27). En Romanos 2:22 aparece el término para referirse a los ídolos. Todas estas referencias están aplicadas sin ninguna duda a acciones inmorales de parte de individuos, hombres corruptos. Cuando Helminiak clasifica estos términos para hacerlos aparecer como no éticos o sin carácter moral, o cuando quiere hacer aparecer irrelevante el contexto donde aparecen estos textos bíblicos, va camino al total abismo. Con razón dijo Cristo: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mt. 15:14; cf. Lc. 6:39).

III. Deuteronomio 23:17,18

“No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomitas de entre los hijos de Israel”.

“Ni traerás la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto; porque abominación es a Jehová tu Dios tanto lo uno como lo otro”.

Aún en los tiempos de Moisés (1500 a. C.), la homosexualidad no sólo era un asunto de vicio social entre los pueblos que no conocían al Dios vivo, sino también poseía un claro contexto religioso-pagano. La conexión entre los dos versículos tiene que ver con los cultos de adoración a la fertilidad sexual. Dichos cultos eran comunes en la antigüedad y prácticamente eran las ceremonias más solemnes de casi toda religión pagana; involucraban prostitución tanto femenina como masculina. También incluía la homosexualidad y el lesbianismo.

El contenido de estos textos es una solemne prohibición de Dios con el fin de que el pueblo de Israel no incurriera en la prostitución sagrada. Rousas Rushdoony declara que la palabra “ramera” o “prostituta” en Deuteronomio 23:17 es dada en una lectura marginal refriéndose probablemente a “lesbianas”.20 La historia posterior del pueblo de Israel demuestra que el antiguo pueblo de Dios no se vio libre de este pecado. Por épocas esta práctica resurgía en la nación (1 Reyes 14:24; 15:2; 2° Reyes 23:7; Amós 2:7). Estos cultos que incluían relaciones homosexuales era una de las vías directas a la apostasía (ver Jer. 3:2,6).

Una sencilla explicación de Deut. 23:18 nos conduce al examen del término “perro”. Prácticamente en todas las versiones de la Biblia se emplea esta palabra a manera de desprecio para el homosexual masculino. La ley de Dios prohibía tajantemente traer a la casa de Dios “la paga de una ramera” o “el precio de un perro”. Probablemente indicaban sus dones u ofrendas (en dinero o especies) dentro del culto a Dios, los cuales no podían ser aceptados por el Señor. Todo el asunto tiene que ver con el “voto” hecho a Dios. Este es un punto significativo puesto que incluía un aspecto elevado de la vida de santidad que Dios pedía del que venía a pagar un voto. R. Rushdoony igual sentencia que cuando el voto y su ofrenda constituían algo contrario a la ley del Señor, tal voto no podía ser admitido, se trataba de una “abominación”. La persona que hacía este voto no tenía respaldo de la ley, ni tampoco ninguna posición delante del trono de Dios. La lesbiana prostituta o el homosexual que traían sus ofrendas no eran simplemente pecadores ante la ley, sino rebeldes fuera de la ley.21 En otros términos, es una realidad que hay una gran diferencia entre un pecador ante la ley de Dios y por otro lado lo que es un “enemigo” de la ley. Los pecadores arrepentidos que se acercaban a Dios por medio de sus ofrendas estipuladas en las leyes del levítico, eran aceptos para recibir el perdón divino. En cambio, ir a presentar una ofrenda a Dios en la condición de homosexual o lesbiana, les estaba rotundamente prohibido. La razón es que la homosexualidad o el lesbianismo es una condición de rebeldía en sí misma. Con toda probabilidad, al igual que hoy, Dios les aceptaba si había cambio de esta conducta, es decir, arrepentimiento, conversión, entrega a la voluntad de Dios. Esta es una razón poderosa para advertir a los pastores de estos tiempos postmodernos secularizados que se atreven a dar “membresía” en la iglesia a homosexuales que no se han arrepentido. Queda demostrado que es una abominación, --al igual que en los días de Moisés—, permitir ser miembros de la iglesia a homosexuales o lesbianas que legítimamente no se han arrepentido de este pecado para con Dios y el prójimo en general. Esto está atestiguado por el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo sólo aceptó a la membresía de la iglesia en Corinto a homosexuales que verdaderamente habían creído en Cristo y abandonado su comportamiento homogenital. “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones…, y esto erais algunos… (1ª Cor. 6:9b, 11a). En la condición de homosexual (o ladrón, adúltero, mentiroso, etc.) no se puede heredar el reino de Dios (10b).

Frente al Movimiento para el Derecho a la Homosexualidad y la Teología Gay en general, queda demostrado que quienes aprueban la conducta homosexual y lésbica sobre pretendidas bases bíblicas, están conduciendo a estas personas hacia su propia destrucción personal y física; promueven la destrucción social, y por ende son instrumentos demoníacos para perdición de sus almas por siempre.  

IV. I de Samuel 18:1-4; II Samuel 1:26

A. David y Jonatán, ¿eran homosexuales?

“Aconteció que cuando David acabó de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo. Aquel día Saúl tomó consigo a David y no lo dejó volver a casa de su padre. Hizo Jonatán un pacto con David, porque lo amaba como a sí mismo. Se quitó Jonatán el manto que llevaba y se lo dio a David, así como otras ropas suyas, su espada, su arco y su cinturón”.

“Angustia tengo por ti, Jonatán, hermano mío, cuán dulce fuiste conmigo.

Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres”.

Continuamos entonces en nuestra refutación del autor que nos mantendrá ocupados por un poco más de tiempo y espacio en esta obra. Amparándose en los textos arriba citados, Daniel Helminiak, verdadero promotor de la teología “gay”, vuelve y pretende que la Palabra de Dios realmente no condena la homosexualidad. Realmente, él retuerce estos textos sagrados, quizá “como las otras escrituras para su propia perdición” (2ª Pedro 3:16b). A renglón seguido declara que 1º de Samuel 18:1-4 constituye además esta supuesta prueba. Las palabras textuales de este versículo son: “...lo amó Jonatán como a sí mismo”: “E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo” (v. 3). Pero, ¿es correcta la forma como la teología “gay” interpreta este texto? ¿Es cierto que lo que el cronista sagrado quiso decir, inspirado por el Espíritu Santo, es que David y Jonatán mantenían una relación homosexual?

Esto es lo que cree D. Helminiak, por lo cual escribe:

Por ejemplo 1 Samuel 18:1-4, hace el recuento de una sorprendente demostración de afecto de parte del príncipe Jonatán hacia el rudo y apuesto muchacho pastor, David, alguien nuevo y bienvenido en la corte… La explosión de la ira del rey Saúl en contra de Jonatán en 1° de Samuel 20:30 es también reveladora: ‘Tú, hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí, (es decir, David) para confusión tuya y para confusión de la vergüenza de tu madre? Saúl ridiculiza la relación de Jonatán con David. El hebreo de este pasaje es ambiguo; y siguiendo la traducción del griego de la Septuaginta, podría ser traducido: ¿Acaso no sé yo que tienes un compañero íntimo al hijo de Isaí?  Por lo tanto, las palabras “confusión” y “vergüenza” son términos bíblicos comunes para hablar de sexo, y seguramente, la insinuación aquí es sexual. Por lo tanto, aquí Saúl se está burlando de la relación sexual de Jonatán con David.20

B. Análisis de los términos en idioma hebreo

Sigo aquí las indicaciones de la Strong’s Exhaustive Concordance21 así como a Robert Baker Girdlestone22 para refutar a nuestro autor en cuestión. Debemos decir que la palabra hebrea ahab, empleada en 1 de Samuel 18:1-4, realmente no posee la connotación sexual que Helminiak desea que todos entendamos. Siguiendo a los mencionados autores y otros textos de consulta, podemos darnos cuenta que el término hebreo ahab traducido amor en nuestras versiones castellanas posee varios significados. En Génesis 24:67 es empleado para enfatizar el amor de un esposo por su esposa. También para el amor de un padre por su hijo (Génesis 25:28); del amor de una madre por su hijo (Génesis 25:28); se emplea esta palabra para referirse al amor de Dios para con uno de sus siervos (2 de Samuel 12:24); del amor de Dios por Su pueblo (2 Crónicas 2:11), o el amor de un siervo por Dios (1 de Reyes 3:3). Asimismo el término florece al hablar del amor que le tenían los de Judá e Israel al rey David (1 Samuel 18:16), el amor a los mandamientos de Dios (Salmos 119:47), de igual forma hace referencia del amor que tienen los impíos a la maldición (Salmos 109:17).

James Strong nos permite decir que mientras el término puede referirse al amor entre individuos del mismo sexo, esto no implica en cualquier caso sexualidad de por sí.23 Por otro lado, la idea de D. Helminiak al vincular la palabra “vergüenza”24 (del hebreo bosheth) con sexo, resulta todavía más problemático. En realidad rara vez esta palabra es empleada con una connotación sexual, y con frecuencia más bien los autores sagrados la emplearon sin el directo significado que Helminiak quiere darle. Véase por ejemplo (2° Crónicas 32:21; Job 8:22; Salmos 35:26; 40:15; 44:15; 69:19; 70:3; Isaías 30:3-5; Jeremías 3:24,25; 7:19; Habacuc 2:10; Sofonías 3:5,19). Es usado con frecuencia más para expresar desorientación, desgracia, deshonor, humillación sin que tenga la insinuación o indicación sexual.

Todavía resulta más desconcertante la idea de este autor cuando interpreta que 1° Samuel 18:4 tiene implicaciones sexuales. Esto, supuestamente lo deduce del hecho cuando textualmente allí dice el autor sagrado:

“Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco, y su talabarte”.

Nada puede resultar más torcido. Desde todo punto de vista se trata de falsa y errada exégesis.

Contrario a lo anterior, la narración nos hace ver que los intentos de Saúl para matar a David en distintas ocasiones (18:6-11,17; 19:1; 20:31) se debió a que deseaba que su hijo Jonatán lo sucediera en el trono. Asimismo, el rey Saúl sabía que Dios había escogido a David como Su rey (16:1-13), hecho que también conoció Jonatán (23:16,17). Esta es la razón del por qué Jonatán entregó a David “su manto, su arco, su espado y su talabarte”. En otras palabras, el regalo de sus armas a David involucra la idea de un reconocimiento según el cual David era el escogido rey de Dios. En otro sentido, Jonatán, por decirlo de algún modo, le estuvo entregando la corona a David como rey, simbolizado por la entrega del manto el cual hace referencia al fallido reinado de Jonatán (véase 1 Samuel 15:27,28). Es por ello que bachar, término hebreo, es correctamente traducido por “elegido” en 1 Samuel 20:30. La irritación de Saúl se debió al hecho de que su hijo Jonatán había reconocido y “elegido” a David como el próximo rey en lugar de él mismo. Daniel A. Helminiak no alcanza a ver que en 1° de Samuel 20:30,31, el sujeto de todo este drama puede tener varios sentidos: puede significar “reino”, “majestad”, “dignidad real”, “monarquía”, etc., pero nunca se refiere a “sexualidad” o “sexo entre dos hombres. La elección que hizo Jonatán, –en el sentir del propio rey Saúl– fue una “vergüenza” para él y para su madre debido a que tal acto significó el truncamiento de la corona dentro de su propia familia. De este modo, la línea monárquica dentro de su descendencia familiar había cambiado de curso. Dios mismo lo había hecho. El hecho de que Jonatán se hubiese quitado su manto no tiene nada que ver con sexo, o que era el amante de David.

En las Escrituras es corriente el acto de que cuando alguien “rasga su manto”, lo puede hacer por dolor o frustración. (En español decimos “rasgar nuestras vestiduras”) El mismo Saúl ilustra este caso cuando “vino sobre él el Espíritu de Dios… y él también se despojó de sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y toda aquella noche” (véase 1° Sam. 19:23,24).

En la página 104 de su libro, D. Helminiak pasa a examinar el “lamento de David por la muerte de Saúl y Jonatán. Allí encontramos la cita de 2° de Samuel 1:26 donde leemos:

“Angustia tengo por ti, hermano mío, Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres”. 

Nuevamente, D. Helminiak asegura que se trata de una relación homosexual. Se nota que nuestro defensor del homosexualismo pasó por alto el correcto sentido de los géneros literarios de las Escrituras y de los diversos estilos poéticos que solían usar los antiguos israelitas. Aquí el rey David está haciendo uso de un cántico cuyo contenido está lleno de imaginación y metáforas de carácter lírico. Su canto fúnebre nos está diciendo que, (Saúl y Jonatán) “más ligeros eran que águilas, más fuertes que leones” (2° Sam. 1:23b). ¿Qué es lo que entiende aquí D. Helminiak? ¿Acaso fue bueno que Saúl y Jonatán hubieran sido asesinados? (1:19). ¿Era bueno que se hubiera desechado los escudos de estos valientes tal como los denomina David? (1:21). Algo que contradice de plano la interpretación de la teología gay de Helmeniak es que en 1:26, David llama a Jonatán “hermano mío”. Sin embargo, no era un verdadero hermano de sangre. El rey David dijo también que este cántico debía enseñarse a los hijos de Judá (1:18). ¿Vamos a creer acaso que David ordenó enseñar este canto a los muchachos de Judá para hablar de una relación homosexual que por su misma esencia era abominable a Jehová y que se castigaba con la muerte dentro del antiguo reino de Israel?

En 1° de Samuel 16:7, se nos dice que Dios mira el corazón, y en 1° Samuel 13:14 también declara la divina revelación que Dios escogió a David, un hombre conforme al corazón de Dios. Notamos igualmente que en todo este periodo de la vida de David el Señor estuvo con él (1° Samuel 16:18; 18:14). Cuando Dios escoge a un hombre que es conforme a su corazón, no podemos suponer que escogería a un homosexual, porque esto viola directamente el propio mandamiento de Dios, pues vuelvo a repetir que la homosexualidad era un acto que se castigaba con la pena capital (Lv. 18:22; 20:13).

Tal como el amable lector puede notar, esta narración histórica nada tiene que ver con sexualidad. Así como otras publicaciones de teología gay, todas están plagadas de error y engaño a fin de que los incautos caigan en estas tenebrosas redes a través de las cuales Satanás está destruyendo a muchos hombres y mujeres. Helminiak interpreta esta narración desde el punto de vista del eroto-centrismo, lo cual es inaceptable. No puede distinguir la forma de cómo dos hombres pueden amarse tal como Dios lo ha ordenado pero sin implicación sexual. Lo que la narración presenta en esencia es una verdadera amistad. Jonatán fue un hombre que se sacrificó por su pueblo, dando su corona al escogido por Dios, y luego muriendo por su pueblo. Bien podemos decir que el engaño en materia de exposición bíblica y teológica es deliberado, o si no existe una terrible miseria en el conocimiento de la Palabra de Dios de parte de la comunidad de teólogos pro-homosexual-gay.

No obstante, paso a pensar que se trata, al igual que el manejo que hacen las sectas con las Escrituras, de una interpretación acomodada a sus propios caprichos porque a toda costa se desea la justificación del pecado de la homosexualidad y los vicios carnales que batallan contra la salvación de los hombres por medio de Cristo.

IV. 1° de Reyes 14:24; 15:12

Estos textos son una extensión de cumplimiento histórico-profético sobre lo que Dios había dicho al pueblo de Israel en el libro de Levítico y Deuteronomio. Es decir, sobre lo que estudiamos en relación a la prostitución sagrada o cúltica envolviendo la homosexualidad. Nos compete ahora de forma breve, examinar un tanto lo que declaran estos versos en los libros de Reyes.

     El recorrido del tiempo en la historia bíblica nos conduce a ver la degradación que por épocas o de forma permanente acompañó al pueblo de Israel. La apostasía y olvido de vivir en las ordenanzas de Yahvé Dios, hacía necesaria la presencia y ministerio de los profetas que el Señor les enviaba a fin de buscar su arrepentimiento. Su vuelta hacia el Dios vivo y verdadero. Podemos comprender a cabalidad que el ministerio profético fue una obra especial de la misericordia de Dios.

     La prostitución sagrada llevada a cabo por prostitutas y homosexuales estaba ligada a toda suerte de idolatría y esoterismo pagano. Toda esta parafernalia de falsa religión competía por la fidelidad de los hombres hacia el verdadero culto a Yahvé, de Dios mismo, creador y soberano de cielos y tierra.

     El contexto de 1° de Reyes 14:24 y 15:13 está enmarcado dentro de la apostasía del rey Roboam de Judá. “Hicieron lo malo ante los ojos de Jehová... Porque ellos también edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso” (14:22,23).

“Hubo también sodomitas en la tierra… (v. 24). El hecho de que el cronista sagrado haya escrito esta significativa frase, con toda naturalidad nos hace pensar en el aborrecimiento de Dios de los cultos idolátricos de prostitución sagrada llevados a cabo en los “lugares altos” o santuarios de perversión moral y espiritual. La homosexualidad en este caso estaba emparentada con los cultos frenéticos que ofrecían a la diosa Asera, una diosa-madre cananea de la fertilidad (algunos la representan como esposa de Baal) muy reverenciada en todo el Cercano Oriente (2 Reyes 23:7). Dios había dicho que este tipo de culto debía ser destruido (Dt. 7:5). El hundimiento en estas abominaciones y muchos otros crímenes que Judá cometió contra Dios, produjo Su juicio. Pues trajo a Sisac, rey de Egipto para que invadiera y humillara al pueblo y a su rey Roboam (2 Crónicas 12:1-5). Sin embargo, Dios siempre está dispuesto a su perdón cuando existe cambio o arrepentimiento de parte del hombre. A causa de la humillación delante de Dios por parte de Roboam el juicio de Dios no fue tan severo (2 Crón. 12:6-8).

Reflexión y exhortación. Los teólogos cristianos que están a favor de la teología gay deberían poner atención a todos estos pasajes bíblicos y su correcta interpretación. No atender la Palabra de Dios como debemos, atrae Su juicio y maldición. Prácticamente, ha sido la misericordia de Dios, el factor básico que ha impedido la destrucción de nuestra propia cultura. No obstante, los actuales índices de prostitución sagrada que está fomentando la homosexualidad organizada, prácticamente en todo el mundo, nos hace pensar y rogar a Dios en intercesión por nuestras naciones prostituidas en estos antiguos cultos y rituales de corrupción. Las iglesias dirigidas por homosexuales son los modernos lugares altos, santuarios que comparten un sitial junto con el satanismo organizado. La verdadera iglesia de Cristo tiene mucho que hacer en estos tiempos de apostasía y tinieblas.

2

PASAJES DEL NUEVO TESTAMENTO QUE TRATAN CON LA HOMOSEXUALIDAD

Introducción

Los teólogos pro-homosexuales o de la teología gay interpretan que los pasajes del Nuevo Testamento, especialmente los paulinos, más bien prestan apoyo al hecho de que Jesús nunca condenó la homosexualidad.

Por consiguiente, frente a lo que hasta ahora hemos estudiado, podemos hacernos un par de preguntas: ¿Qué es lo que motiva en realidad a los diferentes autores de la teología gay a ver “amoríos homosexuales” en diferentes partes de las Escrituras? ¿Por qué se atreven a inventar de forma blasfema interpretaciones eisegéticas o prejuiciadas de los pasajes bíblicos que por sí mismos son evidentes en su inteligible y claro sentido gramatical?

En esta parte de nuestra obra, comenzaremos con un argumento que, los homosexuales, prácticamente en todas partes del mundo esgrimen. Cuando ellos son vistos y escuchados en medio de sus desfiles obscenos (love parade), casi siempre declaran a los medios noticiosos que ellos están haciendo lo correcto porque Jesús jamás condenó los amoríos gays u homosexuales.

I. ¿Condenó Jesús la homosexualidad?

A. El argumento gay del “silencio”

Ahora que se preguntan e investigan desde la opción bíblica y teológica, un argumento favorito de los homosexuales es este: “Jesús no dijo nada acerca de la homosexualidad”.

Por TV u otros medios, puede notarse con frecuencia que, en pancartas o carteles, los gays exhiben dicho argumento. El mensaje ciertamente es que Cristo nunca prohibió tal comportamiento; o que Jesús no estuvo interesado para nada en este tema y por tanto, ningún “religioso” hoy debe atreverse a criticar a un homosexual o a una mujer de orientación lésbica.

Alguien que empezó a decir mucho, pero erróneamente sobre este argumento fue justamente el reverendo Troy Perry, uno de los más grandes líderes gay fundador de Comunidad de Iglesias Metropolitanas Gays y grande activista de los Derechos Homosexuales. Es hijo de padre bautista y madre pentecostal.1 En su libro Don’t be Afraid Anymore (Ya no sientas miedo) declara: “En cuanto a la pregunta, ¿qué dijo Jesús acerca de la homosexualidad? La respuesta es simple. Jesús no dijo nada. Ninguna cosa. ¡Nada! Jesús estuvo más interesado en el amor”.2  

Debido a que nuestro interés en este libro es de carácter apologético, este argumento gay puede ser combatido desde cuatro diferentes frentes:

1) El argumento interpretativo gay de Troy Perry asume que los evangelios tienen más autoridad que los restantes libros de las Sagradas Escrituras. Este autor gay pasa por alto que “toda la Escritura es inspirada por Dios…” (2 Tim. 3:16). El hecho de que los cuatro evangelios no contienen una opinión directa de Jesús sobre la homosexualidad no significa que Jesús no hubiese desaprobado esta conducta la cual ya estaba explícita en los restantes libros de la ley muy conocidos por Jesús como rabí o maestro. Pues el mismo Espíritu que inspiró los textos de Levítico o Deuteronomio sobre el tema, es el mismo Espíritu que inspiró los evangelios.

2) Ya que el carácter de los evangelios es más de corte biográfico e información histórica, es un error creer que los evangelios necesariamente debían contener o tratar con todas las materias alusivas a la ética sexual. O a cual más, cualquier otro tema que a un lector le agradaría encontrar. El apóstol Juan nos recuerda que “…hay también muchas otras cosas que hizo (o dijo) Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aún en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25; cf 20:31). De hecho, no existe en los evangelios tratados específicos sobre temas como por ejemplo, el “viejo hombre y el nuevo hombre”, temas de Pablo en Romanos 6, Efesios 4 y Colosenses 3. Tampoco el tema de Israel el cual trató Pablo en Romanos 9-11). Los dones espirituales tampoco son mencionados en los evangelios como sí en 1ª Corintios 12-14. El sacerdocio de Cristo tampoco lo trata doctrinalmente los evangelios como sí lo hace la carta a los Hebreos. ¿Vamos a suponer que estas doctrinas no son importantes debido a que no fueron mencionadas por Jesús?

3) El silencio de Jesús sobre el tema de la homosexualidad de ninguna manera niega la específica prohibición en su contra la cual aparece en varias partes del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, tal como hemos tenido ocasión al estudiarlos antes.

Sin embargo, Jesús sí se refirió a la heterosexualidad cuando mencionó el pasaje de la historia de Adán y Eva como el primer matrimonio que tuvo la bendición de Dios en relación con la pregunta sobre el divorcio: “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mc. 10:6-9).

Aunque mi preocupación aquí no es el tema del divorcio, sí podemos ver lo que implican las palabras de Jesús. Existe aquí una clara definición de la sexualidad humana en los términos morales y biológicos más específicos. “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios”. Aquí, Jesús, frente a la pregunta si el divorcio era o no legítimo, no respondió a los fariseos y doctores de la ley con un simple “si” o “no”, sino que citando el libro de Génesis se refirió a la creación de Dios del hombre y la mujer en cuanto a la distinción de sexos. Esto, de hecho, deja ver que para Jesús, la legitimación de matrimonios entre sexos iguales o la homogenitalidad, hubiera sido algo monstruoso, antiético e inmoral. Con seguridad que, en aquellos días del siglo I, un Mesías que defendiera la homosexualidad, su misión habría fracasado desde el principio.

B. Jesús y las escuelas rabínicas de Hillel y Shamai

De forma implícita, podemos entender que, Jesús, como Mesías, como un judío cuya obediencia a la ley moral del decálogo fue perfecta y a su vez revolucionaria, conocía divinamente lo que decía el Antiguo Testamento acerca de la sodomía y su condena de parte del Señor Jehová de los ejércitos. Formado humanamente en las rigurosas escuelas rabínicas de Hillel y Shammai del siglo I, (algunos eruditos opinan que Jesús estudió en la escuela del rabino Shammai) es de suponer que la homosexualidad tuvo que ser tácitamente condenada por el Jesús de la historia.

Desde otro ángulo de vista, si entendemos que el apóstol Pablo es el gran intérprete de Cristo, ¿no es de suponer que un discípulo de la Escuela de Hillel como lo fue Pablo, no habría de protestar o darse cuenta si Jesús hubiera apoyado con su silencio la homosexualidad? Pero el apóstol Pablo desarrolló en sus varias epístolas el mejor entendimiento acerca de la pureza sexual de hombres y mujeres de aquellos tiempos. Y como son mandamientos apodícticos y divinos, también rigen igual para nosotros. De otro lado, es entendible entonces que el apóstol Pablo interpreta el perdón y la restauración de la vida sexual de los hombres dañada por el pecado a partir del poder restaurador del Cristo resucitado. Y por esta razón, Pablo incluyó a la homosexualidad como un pecado que puede ser perdonado si existe arrepentimiento y fe para con Dios por medio de Cristo. De ahí que el claro mensaje del apóstol sea: ¿“No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, NI LOS QUE SE ECHAN CON VARONES…heredarán el reino de Dios… Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:9-11). Sobre esto no cabe duda, porque todo el mensaje ético-escatológico-redentor de Pablo está basado en la vida y doctrina de Cristo.

II. Mateo 8:5-13; Lucas 7:1-10. ¿Es un caso de relación homosexual (doulokoites) entre el centurión romano y su esclavo?

Este pasaje obviamente no trata directamente con la homosexualidad. Pero lo cito aquí porque es un texto gravemente distorsionado por la interpretación teológica gay del Nuevo Testamento. Mi intención es claramente apologética. Debemos defender severamente y contraatacar estas posiciones malsanas y desequilibradas en cuanto a la correcta interpretación de la Biblia.

Daniel Helminiak3 y otros autores se atreven a interpretar o decir de forma impávida lo que en este caso jamás el Nuevo Testamento enseña. Por medio de un extraño malabarismo exegético, Helmeniak estima que la narración de Mateo 8:5-13 y Lucas 7:1-10 muestran un caso de doulokoites (doulos = esclavo y koites = coito sexual, es decir que el centurión romano y su esclavo eran amantes homosexuales). Las conclusiones que presenta en su libro para apoyar sus torcidas interpretaciones son las siguientes:

1) Jesús aquí encuentra a un homosexual; y el Nuevo Testamento no dice que Jesús lo condenó por su preferencia sexual, por lo que se concluye que Jesús no creyó que la homosexualidad sea algo pecaminoso.

2) El encuentro de Jesús con este dueño de un esclavo demuestra que no lo condenó por esta práctica institucional, por lo que se da por hecho que Jesús no creyó que la esclavitud era algo pecaminoso.

Como es costumbre, desafortunadamente la teología gay ve siempre un amor homosexual en cada rincón de la Biblia. Helminiak piensa que la palabra griega entimos traducida “quería” en la Reina-Valera de 1960 (“a quien éste quería mucho…”; otras traducciones emplean “querido” –por él–, “amado” por él, cf. Lucas 7:2; 14:28; es traducido como estima en Fil. 2:29; y preciosa en 1 de Pedro 2:4,6), posee la connotación de “amor homosexual”. Interpreta que, ya que el centurión probablemente era rico, y que su joven esclavo no le servía mucho como obrero o trabajador, concluye que aquel le había convertido en su amante; porque en los días de Jesús la institución esclavista era una práctica corriente.  Asume que, ya que el término griego entimos es utilizado por Mateo y Lucas para referirse al “amor” de un hombre por otro hombre, esto implica amor sexual entre los dos. Nada más descabellado. Este es un virtual ejemplo de una imposición prejuiciada y mal intencionada sobre el texto bíblico. Por un lado, nada dice el Nuevo Testamento acerca de que el esclavo o siervo era joven (pais = muchacho).

De otro lado, aunque en otras partes del Nuevo Testamento el término griego entimos puede usarse para referirse al aprecio amistoso entre dos hombres, nunca implica el contenido de una relación sexual.

Una vez más queda demostrado que lo que muchos intentan es dar rienda suelta a sus placeres carnales pecaminosos en franca y desafiante oposición al propio Dios que nos dio el más alto sistema de moralidad tanto en el corazón como en la Palabra escrita.

III. Romans 1: 24 – 27

24Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,

25ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,

27y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Daniel Helminiak reconoce que las palabras empleadas por el apóstol Pablo en Romanos 1:18-23 y 28 al 32 realmente tienen una connotación negativa del juicio de Dios contra la humanidad. Sin embargo, en su empeño por defender la homosexualidad insiste en que Romanos 1:24-27 no posee connotación negativa. En su opinión, aquí Dios no está condenando la homosexualidad. Supone que estos versículos han sido mal traducidos por los biblistas antiguos y modernos, y que ha habido un mal entendimiento de parte de muchos exegetas. Directamente, él cree que sólo los exegetas pro-gay sí los están traduciendo bien.4 Los términos que Helminiak considera una incorrecta traducción son: “inmundicia”, “concupiscencia”, “deshonrar” (v. 24), “pasiones vergonzosas” (26a), “las mujeres que cambiaron el uso natural” (v. 26), “los hombres, dejando el uso natural de la mujer” (v. 27a), “lascivia” y “extravío” (v. 27, RVR, 1960).

Helminiak Afirma que ninguno de estos términos tiene connotación ética. En sus propias palabras,

Una vez más, la misma conclusión general surge. Pablo emplea ciertas palabras para describir el sexo entre hombre con hombre. Un estudio de estas palabras nos muestra que Pablo no está condenando aquí la relación sexual de hombre con hombre. Lo que él meramente señala es una desaprobación social de tales actos.5

Y más adelante dice:

Aquellas (las palabras con intención ética) ocurren antes de la sección acerca de los actos homogenitales, y ocurren de igual modo después de la sección de los actos homogenitales. Aquellos términos no son empleados por Pablo dentro de los actos homogenitales. Tal como Levítico deliberadamente llama a los actos homogenitales ‘impuros’, pero no pecaminosos o injustos, así, de este modo, Pablo denomina a los actos homogenitales actos socialmente inaceptables pero no pecaminosos o injustos.6

De acuerdo a nuestro exegeta, el apóstol Pablo emplea dos diferentes clases de términos para referirse a un doble efecto de idolatría (versículos 18-23). Supuestamente, entonces, esto resulta tanto en impureza social (versículos 24-27) como en pecados verdaderos (versículos 28-32). Es por eso que dice: “Tanto la estructura y el contenido del argumento de Pablo muestra que él tiene dos cosas en su mente: impureza e inmoralidad verdadera”.7

     Sin embargo, tal como podemos notar, el argumento de D. Heliminiak constituye un razonamiento en círculo que no conduce a ninguna parte y es además erróneo desde el punto de vista de la hermenéutica bíblica sagrada. Afirmar que los términos que aparecen en Romanos 1:24-27 no tienen implicación ética-moral, es incurrir en una desviación deliberada para no aceptar el juicio condenatorio del Señor. El candente tema del homosexualismo y su condena divina merece que hagamos un examen exegético un poco más amplio de los términos griegos de Romanos 1:24-27. Helminiak los rechaza como “correcta traducción” en su idioma original inglés. Y lo mismo viene a ocurrir en nuestras versiones tradicionales en idioma español. Examinemos entonces las palabras correspondientes:

     A. “Inmundicia”, Akatharsia (v. 24b). Como sustantivo esta palabra en la versión Reina-Valera de 1960 es traducido “inmundicia”. Pero el adjetivo akathartos es empleado también para referirse a los espíritus demoníacos dándoles el apelativo de “espíritus inmundos” (véase Mt. 10:1:12:43; Mc. 1:23, 26,27; Mc. 3:11; 5:2; Lc. 4:33,36; 6:18; Hch. 5:16, etc.). Este mismo término se emplea para hacer referencia a la suciedad de la fornicación de Babilonia la ramera como un sistema cultural, religioso, social y político lleno de “inmundicia” (Apoc. 17:4). 8

     En Hechos 10:14,28; 11:8; 1 Cor. 7:14 el adjetivo akathartos es traducido como “impureza ceremonial”. Pero tal traducción no quiere decir que el sustantivo akatharsia tiene este último significado. Decir que esta palabra griega sólo se refiere a algo ceremonial o impureza social y que no tiene connotación ética y moral constituye un condenable desatino. W. E. Vine, erudito en griego del Nuevo Testamento, señala que efectivamente el sustantivo akatharsia o inmundicia que aparece en Romanos 1:24; 6:19; 2 Cor. 12:21 posee connotación moral.9

     En otro lugar, el apóstol Pablo cita Isaías 52:11, “Apartaos, apartaos, no toquéis cosa imnunda…” para enseñar a los corintios acerca de la santidad que el Señor desea para su pueblo: “Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor” (2 Cor. 6:18; 7:1). De igual modo, al final de su carta, el apóstol se lamenta por quienes han pecado y no se han arrepentido de su “inmundicia”, claramente se refiere con este término “a los que se echan con varones” (comportamiento homosexual, véase 1ª Cor. 6:1), cláusula que conecta con la fornicación y lascivia que algunos habían cometido (ver 2 Cor. 12:21). De acuerdo a la teología paulina, quienes practican esta inmundicia, “no heredarán al reino de Dios” (Gálatas 5:19). Este tipo de pecado también se debe a que el mundo gentil tiene un “entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda insensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza (akatharsia).

     Este tipo de inmundicia ni siquiera debe ser mencionado por los que pertenecen a Cristo, “pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aún se nombre entre vosotros, como conviene a santos… Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:4,5). Sentencia también el autor sagrado que por esta clase de pecados sexuales “la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Col. 3:5). Además, Dios no nos ha llamado a “inmundicia”, sino a santidad” (1 Tes. 4:7). Es por ello que Babilonia la ramera, está llena de la inmundicia de su fornicación (Apoc. 17:4).

     En conclusión, el amable lector puede notar con conocimiento de hecho que el término akatharsia (inmundicia) repetidamente es empleado por el apóstol Pablo y los otros escritores del NT con una connotación ética-moral negativa. Es un término que sirve para condenar la práctica de los pecados que envuelven la sexualidad que Dios creó buena, pero que es destruida por el adulterio, la fornicación y la homosexualidad. Esto ocurre por la condición del pecado en hombres y mujeres cuya rebelión ofende a Dios y conduce hacia la propia autodestrucción física, mental y espiritual.

     2. “Natural” o “contra naturaleza” (Phusikós y Pa-rah Phusis). Estos dos términos significan: el primero, físico o natural; el segundo, contra naturaleza o antinatural. Con la deshonra de sus propios cuerpos, alude Pablo apóstol al homosexualismo en 1:24 tanto en hombres como en mujeres. Su argumento continúa en el v. 26 con la idea de que la homosexualidad, el lesbianismo, el bisexualismo y el transexualismo10 (cambiar de sexo) son condenados por el Señor. Por lo que “Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza” (Romanos 1:26, VRV 1960). La segunda expresión pa-rah phusis es traducida en esta misma versión como “contra naturaleza”. Idea similar emplea la VRV 1995 la cual traduce: “…pues aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza”.

Y la VRV 2000 traduce: “Por lo cual también Dios los entregó a las concupiscencias de sus corazones para inmundicia, para que contaminasen sus cuerpos entre sí [mismos] (v. 24).

Esta última versión el v. 26 lo traduce así: “Por lo cual Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza”.

Por lo tanto, nos vamos a quedar con esta traducción cotidiana del español, la cual es casi uniforme en Reina- Valera.

     Todo sistema idolátrico habrá de producir siempre “toda clase de impureza”. Pablo menciona aquí que el lesbianismo y homosexualismo están bajo la condenación de Dios. Estos términos no significan “normal” “ordinario” o “esperado”  tal como Daniel Helminiak quiere que creamos.11 Y contrario a lo que dicen los representantes de la teología gay, estos términos también tienen una grave connotación moral de acuerdo a la Palabra inspirada por el Espíritu Santo en el apóstol Pablo. Una concordancia greco-española o Léxico, nos dirá que estos términos son empleados con varios significados. Por un lado Phusis y Phusikós se usan para referirse al verdadero ser o esencia de alguna cosa (Gál. 4:8; Efesios 2:3; II Peter 1:4; 2:12). También se usa para describir la condición física esencial o natural de algo que existe “por naturaleza”. También lo que “algo o alguien es…” (Ver Romanos 2:14, 27; 11:21, 24; Gálatas 2:15; Judas 10).

     De otro lado, hay que decir con verdad que estos términos en sí mismos no poseen o conducen siempre a una condena ética (ver Romanos 11:24). Pero lo que sí debemos comprender es que según la gramática griega, aquí se impone el contexto de lo que se está diciendo; y dicho contexto es lo que determina la plena definición. Sin embargo, estas palabras deben interpretarse de acuerdo al contexto en que Pablo está hablando; es claro que el uso “antinatural” de una relación sexual de hombre con hombre y de mujer con mujer, está decididamente condenado por Dios desde el punto de vista ético, moral  y espiritual por el argumento general que emplea el apóstol.

     3. “Concupiscencia” (Epithymia o Epithumía). En las versiones españolas por lo general es traducido como “concupiscencia”, “codicia”, “deseo”. La forma adjetivada aparece en Romanos 1:24, y es traducida “concupiscencias”. Dios entregó a los idólatras “a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos”. También significa deseos carnales, lujuria, malos deseos. Once veces es traducido como algo que no contiene un sentido de condenación ética como por ejemplo en Lucas 22:15; 1 Tesalonicenses 2:17 cuyo adjetivo es traducido “deseado” o “deseo”, etc.12 Sin embargo, en el Nuevo Testamento este término aparece treinta y seis veces con un sentido ético negativo y condenatorio moral y espiritualmente.13 Quienes quieren hacer la voluntad de Dios han de escapar o abandonar todas las formas en que se manifiesta la concupiscencia. Todo lector avisado que no quiere experimentar el daño del hombre simple del libro de Proverbios, debe entender que el término “deseo” en sentido neutro nunca aparece en la Carta a los Romanos. Es decir que epithymia tiene en el pensamiento de Pablo una condenación ética que implica malos deseos concupiscentes y lujuriosos.

     Otros ejemplos que incluyen un pronunciamiento ético negativo en la forma verbal de epithumeo, traducido “codiciar” son: Mateo 5:28; Romanos 6:12; 7:7; 13:9, 14; 1 Timoteo 6:9; 2 Pedro 2:10; y 1 de Juan 2:16, 17.

     4. “Deshonrar” (Atimazo, pathos amimia). El término inicial significa “deshonra”, “deshonraron entre sí sus propios cuerpos” (Romanos 1:24). La expresión pathos atimia está traducido en RV 1960 como “pasiones vergonzosas” (Rom. 1:26a). La teología gay sostiene que estas expresiones griegas deben ser traducidas como “mala reputación” o “socialmente inaceptable”. Quienes hacen exégesis bíblica a favor del homosexualismo estiman que 2ª de Corintios 6:8 y 11:21 apoya su interpretación gay debido a lo que Pablo menciona en los anteriores versículos. Pero, atimia (vergüenza o vergonzoso) ciertamente no es necesariamente algo malo, pues tiene varios significados según su contexto (ver Romanos 9:21; 2ª Cor. 6:8; 11:21; 2 Tim. 2:20, etc.). No obstante, la implicación que Pablo establece en Romanos 1:24,26 tiene indiscutiblemente un significado ético condenatorio; de esto no puede existir duda. Nuevamente aquí se impone la regla gramatical del contexto para establecer el verdadero significado.

     5. “Vergüenza” o “vergonzoso” (Aschemosune o Asquemosune). Esta es otra palabra que se ha traducido como “vergüenza” o “vergonzoso” en Romanos 1:27. Proviene de aschemoneo o asquemoneo. Pero igualmente significa “indecoroso”, “indigno”, “impropio”. Es similar a atimia en su significado. La mayoría de las Biblias en idioma español emplean esta expresión. Tal como lo hemos mencionado varias veces, los enfoques gay sobre las Escrituras creen que este término tampoco posee un juicio moral en contra de la homosexualidad. Algunos como Helminiak cita 1 Cor. 7:36 y 12:23 donde aparece la forma adjetivada asquemoneo. Allí el apóstol se refiere al contenido de estos versículos como algo “impropio” o “indecoroso”. Y con base en estos términos de 1ª de Corintios, se pretende afirmar que lo que Pablo está manifestando en Romanos 1:27 es una costumbre socialmente inaceptable pero sin connotación moral.

     6. “Lascivia” (Órexis). En el mismo pasaje de Romanos 1:27 la versión Reina-Valera lo tradujo “lascivia”. “Y de igual modo, también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia, unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos, hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”. (En mi entendimiento, es lamentable que la Nueva Versión Internacional de la Biblia haya traducido este término como “actos indecentes”. No dice mucho, porque en realidad el comportamiento homosexual constituye una inmoralidad). Esta palabra proviene a su vez de oregomai. En esta forma el término aparece en 1 de Timoteo 3:1 al referirse Pablo a los obispos que “desean” la buena obra del obispado. Del mismo modo, es empleado para referirse a la “codicia” del dinero. “…el cual “codiciando” algunos, se extraviaron de la fe…” (1 Tim. 6:10). En Hebreos 11:16 surge como los que “anhelan” la ciudad celestial. Visto de otro modo, este término tiene varias aplicaciones, pero en la carta a los Romanos la palabra es modificada al grado de que leemos “se encendieron” (ekkaio) en su lascivia…, etc. Esto, como es claro, tiene una connotación ética condenatoria y negativa.

     Por consiguiente, nos damos cuenta que todas estas palabras griegas akatharsia, epithymia, pathos con atimia, orexis con ekkaio, y posiblemente amimia, tienen un sentido de una condenación ética, las cuales se aglutinan una tras otra en Romanos 1:24-27. Esto nos da la razón para ver con claridad que la Palabra de Dios condena, no en sí mismo a la persona del homosexual (hombre o mujer), sino los actos homosexuales por ser contrarios a la voluntad de Dios, y como actos inmorales destruyen los planes de Dios para la humanidad.

     El grave problema con los exegetas de la teología gay que han surgido por todo el mundo deseando encontrar apoyo en la divina Palabra para sus perversiones, es que no existe ninguna justificación ni razón de tipo bíblico o teológico para sus fallidas sustentaciones.

Trasfondo y contexto de Romanos 1:18-32

Cuando examinamos el trasfondo y contexto de este pasaje nos damos cuenta que Dios condena la conducta homosexual. Que de esto no quepa duda.

     El apóstol Pablo describe aquí las condiciones más bajas del paganismo greco-romano de sus días. Aquellas gentes tenían cierto conocimiento de Dios por medio del libro de la creación o revelación general (vv. 19,20), y aún por su propio entendimiento habían comprendido que la desobediencia a la ley moral podría traer el juicio de Dios (v. 32). Sin embargo, el problema básico de aquella cultura greco-romana paganizada era que “detenían con injusticia la verdad” y practicaban todo tipo de impiedad, injusticia e iniquidad, “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador el cual es bendito por los siglos” (vv. 23,25).

     El juicio de Dios contra aquellas sociedades corruptas consistió en que los “entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos”; “... los entregó a pasiones vergonzosas...” (v. 26), expresión que en palabras del apóstol Pablo significa una verdadera condena en contra del homosexualismo.

     Por añadidura, hay un paralelo de acciones. De nuevo percibimos que aquellos individuos “cambiaron” (metellaxan) la verdad de Dios por la mentira, (v. 25).

     Como resultado de esto, Dios los entregó a su propia oscuridad de sus corazones, (pasiones vergonzosas); pues aún las mujeres “cambiaron” (metellaxan) la relación heterosexual por los actos homosexuales o lésbicos (v. 26). Y de igual modo hicieron los hombres. Notemos que el apóstol repite la expresión verbal griega metellaxan (cambiar, cambiaron) el cual es un poderoso vínculo retórico que vincula los actos homosexuales vergonzosos como rebelión contra Dios.

     En la mente de Pablo continúan las mismas ideas desde distintos flancos. “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen” (v. 28).

     Notemos que tres veces Pablo repite la frase “Dios los entregó”. Con esta repetición divide su argumento en tres diferentes secciones: la primera está en el v. 24: “Dios los entregó a la inmundicia”. Y la razón básica es lo que Pablo menciona en el contexto inmediato entre los vv. 18 al 23. La segunda está en el v. 26: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas”. La razón para ello es lo que dice el v. 25: “cambiaron la verdad de Dios por la mentira”. Y dichas pasiones vergonzosas vienen a ser la homogenitalidad y el lesbianismo. La tercera está en el v. 28: Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada…”, y la razón es más amplia esta vez; pues resume de nuevo todo lo manifestado en el contexto anterior de los vv. 18 al 27 el cual consiste en “no tomar en cuenta a Dios”. En otras palabras, los paganos creen que no vale la pena aprender del conocimiento de Dios. Tal fue ayer y tal es hoy. El efecto virtual y nocivo de la idolatría en cualquier cultura es, ha sido y será siempre la impureza en asuntos sexuales. Y la homosexualidad es el catalizador para todas las desviaciones o sexopatías corrientes.

     Esto nos conduce a pensar y ver seriamente el hecho de que ni el apóstol Pablo ni ningún otro escritor del Nuevo Testamento jamás dijo que la conducta sexual regulada por las leyes del Antiguo Testamento había sido abrogada. Lo que hizo Pablo fue sostener aquellas antiguas leyes. Pues nos damos cuenta que existe una vigencia moral en relación a los pecados sexuales tanto en el AT como en el NT. Esto no ofrece duda alguna si nos atenemos al hecho de que la ley moral de Dios compendiada en los Diez Mandamientos, en este caso el séptimo mandamiento, “No cometerás adulterio”, implica el pecado sexual de lo homogenital (homosexualismo) tanto en hombres como en mujeres.

     La sociedad de los días de Pablo estaba “atestada” de toda injusticia: fornicación, perversidad,  avaricia,  maldad;  llenos de envidia,  homicidios,  contiendas,  engaños y malignidades; murmuradores,  detractores,  aborrecedores de Dios,  injuriosos,  soberbios,  altivos,  inventores de males,  desobedientes a los padres, necios,  desleales,  sin afecto natural,  implacables,  sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios,  que los que practican tales cosas son dignos de muerte,  no sólo las hacen,  sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1: 29-32).

     Nótese que en el versículo 32 el apóstol sentencia que los que practican tales cosas son “dignos de muerte”. Sobre esta última expresión Charles Hodge comenta: “Por muerte aquí, como es frecuente en otras partes, quiere decir castigo, en el sentido más general de esta palabra. Expresa la penalidad de la ley, e incluye todos aquellos males infligidos como una satisfacción de la justicia. Pablo por lo tanto enseña que los paganos supieron que ellos merecían el castigo por sus crímenes, o en otras palabras que ellos estaban justamente expuestos a la ira de Dios...”.14

     Hoy, entre los seis mil millones que poblamos este planeta el cual se convirtió en “la aldea global”, en la sociedad globalizada, no ha cambiado mucho. Moralmente todo permanece igual. En nuestra era del más grande avance mundial de las comunicaciones: la Internet, la telefonía celular y satelital, la rebelión contra Dios continúa en la antigua forma de idolatría sexual. Los más groseros pecados que destruyen el bello don de la sexualidad otorgado por Dios seguirán su carrera hasta cuando al Señor de nuevo se le colme la paciencia. La destrucción de Roma fue una terrible realidad en el año 476 d. C. por sus muchos pecados, entre los cuales destacaba la homosexualidad. No se puede negar que, históricamente, el Señor no les dio tiempo y oportunidad para el arrepentimiento. Los paganos de aquellos días no quisieron el cambio ni el conocimiento de Dios. Quien quiera conocer las razones de la antigua hecatombe europea que lea a san Agustín de Hipona, particularmente su famosa obra La Ciudad de Dios. 

IV. 1ª Corintios 6:9-10; 1ª  de Timoteo 1:9 – 10 y sus términos en griego

1ª de Corintios 6:9,10: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; no los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

1ª de Timoteo 1:9–11: “Conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado”.

A. “Afeminados” (Malakos, malakoi)

El término griego malakos traducido en nuestra Reina-Valera como “afeminados” también significa “caricias sexuales suaves”, implica igualmente a los jóvenes de los tiempos de Pablo que jugaban un rol pasivo en el intercambio homosexual.

     Esta palabra también ocurre en Mateo 11:8 y Lucas 11:25. VRV1960, la traduce por “vestiduras delicadas”, cuyo significado se refiere a los ricos y príncipes de los días de Jesús y Pablo los cuales usaban esta clase de ropas. Los especialistas en griego bíblico declaran que estos dos versículos sólo ocurren en estos dos pasajes del Nuevo Testamento. Sin embargo, cuando se aplica al campo moral, tiene resonancia directa a la suave lujuria o a un camino de vida indolente que se complace en los placeres lujuriosos de desenfreno y placeres sensuales. Significa también, “los que se prostituyen unos con otros”. El apóstol mencionó esta clase de conducta en esta carta debido a que se sabe que era un pecado bastante practicado entre los griegos en general y los corintios en particular.

B. “Los que se echan con varones” (Arsenokoites, arsenokoitai)

Tanto en 1ª de Corintios 6: 9 como 1ª de Timoteo 1:10 la expresión “los que se echan con varones” y su correspondiente “sodomitas”, es la traducción de la palabra griega arsenokoitai. Diferentes versiones de la Biblia también lo traducen por “sodomita”, “homosexual” (NVI). Es curioso que la versión de la Biblia inglesa conocida como Rey Jaime (the King James Version) emplee la interesante frase “abusadores de la humanidad”.

     Ahora bien, si hacemos el análisis etimológico de esta palabra nos damos cuenta que se compone de dos partes: arsen (macho, hombre) y koite (cama, acostados, es decir en coito). Luego, en el NT el término es empleado para referirse a la actividad de los homosexuales. Literalmente significa “macho en una cama teniendo una relación homosexual con otro macho”. Se trata del aquel hombre que tiene un rol activo en el homosexualismo.15 Por supuesto, ambas expresiones de relación homosexual son condenadas por el apóstol y por consiguiente por Dios mismo si estimamos que las palabras del apóstol son la Palabra inspirada de Dios en lenguaje humano.

     En este particular, la teología gay formula una exégesis diferente pero equivocada. Nuevamente Daniel Helminiak pretende que al hacer un examen de los dos términos que componen esta palabra, él cree que se trata de algo ambiguo y que “no es claro lo que quieren decir estas palabras”.16

     Sin embargo, el mensaje del apóstol Pablo en cuanto a este tema es una tajante prohibición en contra del arsenokoitai (sexo entre dos hombres). Al hombre casado Dios le dice que solamente puede tener sexo con su esposa dentro del vínculo matrimonial (1 Corintios 7:1-5).

     El pecado que aquí es especificado por el apóstol Pablo es el mismo vergonzoso pecado de Sodoma por el cual pasó a la historia en su sentido genérico como sodomita (sodomía). Apenas puede ser creíble que después del pecado de nuestros primeros padres Adán y Eva, el hombre haya caído tan bajo y degradante, pues la historia da cuenta de este pecado como uno de los que más ha destruido a la humanidad. Tal vez es uno de los pecados que tan profundamente muestra la depravación del hombre. Pues a lo que se opuso Pablo no es simplemente lo que la teología gay quiere que creamos. D. Helminiak y otros estiman que las traducciones modernas de la Biblia no contienen el terrible significado que le damos en el presente libro. Es por ello que escribe:

“…en aquellos textos (1 Corintios 6:9,10; 1 Timoteo 1:9,10) Pablo está prohibiendo el abuso sexual de los amos contra los esclavos. Por lo tanto la lista de estos pecados no pertenecen a Pablo, sino que son listas tomadas prestadas de otras fuentes las cuales reflejan la actitud de una cultura libre. Por lo tanto, necesitamos saber lo que pasaba en aquellas culturas libres para determinar la específica naturaleza de arsenokoites. Este término condena el sexo abusivo entre hombres, pero no el sexo entre hombre y hombre de por sí”.17

     Por el contrario, la oposición divina a este pecado típico del paganismo y de los cultos idolátricos va mucho más allá. Pues de lo que se trata es la conquista de muchachos jóvenes y agraciados físicamente para la práctica de la pederastia y pedofilia. Esta antigua práctica inmoral que acompañó a la antigüedad clásica y latina estuvo favorecida por los más grandes filósofos, literatos y poetas de Grecia y Roma, y aún por estadistas y abogados que promulgaron leyes para favorecer el homosexualismo. Es algo parecido o igual a lo que en los Estados Unidos de América propone la Asociación Norteamericana para el Amor entre Hombre y Niño conocida como NAMBLA (North American Man/Boy Love Association). Esta organización promueve la pedofilia, es decir, las relaciones sexuales entre adultos y menores del mismo sexo. “No hay nada nuevo bajo el sol”.18

     Ahora bien, aparte de arsenokoites como término general, en el idioma griego hay otras palabras que hacen referencia a otros tipos cualificados de amor-sexo/sexo-amor entre hombres tales como pederastia (amor sexual por jóvenes), paidophthoria (arte de seducir muchachos jóvenes), doulokoites (sexo con esclavos), klepsikoites (búsqueda de sexo ilícito), etc. En Corinto no solamente se practicaba el tipo de homosexualidad (u homogenitalismo) que aquí hemos descrito. También existían diferentes tipos de manifestación sexual tales como campos nudistas, ceremonias de prostitución sagrada o religiosa heterosexual (hombres con prostitutas), ceremonias religiosas para homosexuales, y así por el estilo.

     Mientras un ateo puede apoyar los argumentos de la teología gay, ningún cristiano bíblico podría declarar que la Biblia enseña una ética que está condicionada por factores culturales o democráticos. Por el contrario, cuando la ética es divorciada de la estructura teológica o doctrinal de la Palabra de Dios no nos queda sino un “bagazo” religioso lleno de caprichos, los cuales podemos moldear a nuestra manera sin atender la importancia de obedecer y amar al Dios de la Palabra y de los absolutos morales. Hacerlo así es estar solamente “golpeando el aire”. La teología gay no repara ni le importa el hecho de que lo que el apóstol Pablo argumenta por medio de estos textos no es precisamente la sola palabra del hombre, sino según es en verdad la Palabra de Dios también. El Nuevo Testamento es palabra de Dios en lenguaje humano. Por consiguiente, entre su léxico griego Pablo emplea el término theopneustos, esto es  “aliento de Dios” (2ª Timoteo 3:16). Tanto Daniel Helminiak y sus seguidores y otros autores que defienden los Derechos Pro-homosexual sobre supuestas bases bíblicas y teológicas, deberían recordar los términos paulinos: “Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1 Cor. 14:37). Y del mismo modo, lo que escribe a su discípulo Timoteo es que, ya que la homosexualidad se opone a la sana doctrina, se debe creer que lo que escribe es Palabra de Dios, “según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado” (1ª Tim. 1:11).

     No hay duda que muchos también lamentaban aquellos pecados sexuales. Y en realidad quienes no se habían arrepentido en la iglesia de los Corintios y dentro de la propia cultura greco-romana, no hacían sino revelar una parte de la ley escrita en sus corazones, pues la ley de Dios en su conciencia les condena (Romanos 2:14-15). Por esta razón, “la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad (pecados contra Dios) e injusticia (pecados contra los seres humanos) de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). Aquí el apóstol Pablo no está condicionado por ningún relativismo cultural ni tampoco por alguna ética irrelevante como quieren que creamos los proponentes de la teología gay.

     El juicio que tronó por boca del apóstol Pablo como Palabra de Dios posee el mismo eco del sonido del juicio que Dios hizo tronar en Sodoma y Gomorra. Por lo tanto, el juicio paulino está indiscutiblemente enraizado en la interpretación de la versión bíblica la Septuaginta (versión de los Setenta, LXX) como una cita y proscripción según el libro del Levítico contra la homosexualidad. Es por ello que el Nuevo Testamento sentencia que la práctica de los pecados que señala el apóstol, incluido el homosexualismo, excluye del reino de Dios a sus practicantes (1 Cor. 6:10). Pablo trata este tema dentro del marco de la disciplina que toda iglesia realmente bíblica debe ejercer como vemos en 1 de Corintios 5. De esto se sigue que toda verdadera iglesia de Cristo debe excluir a los homosexuales de la lista de membresía y tratarlos como inconversos hasta que confiesen:

“¡Yo era un homosexual, pero ahora ya no lo soy! ¡Ahora soy una nueva criatura en Cristo, lavado y santificado por su sangre!”

     La disciplina de la iglesia debe ser aplicada como lo fue entre los corintios: un acto de amor cristiano que tiene su propósito de restaurar al hombre a imagen de Cristo bajo el amparo y protección de la iglesia de las malas influencias de este presente aion (mundo caído). Y de hecho, tampoco debe aceptar en su seno a teólogos promotores de la teología gay aun cuando ellos mismos no sean ni afeminados ni homosexuales.

C. Hay esperanza para el homosexual

Dichosamente hay esperanza para todo homosexual hombre o mujer. El arrepentimiento o cambio de mente y de conducta hace que el homosexual (y cualquier otro pecador que reconoce su pecado) se haga acreedor de las maravillosas palabras de Pablo: “Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:11). Tal como los anteriores homosexuales de los tiempos del apóstol Pablo que se convirtieron a la fe cristiana, ellos deben ser recibidos en la comunión de la iglesia con los brazos abiertos; deben ser amados y tratados como cualquier otro cristiano que ha pasado de muerte a vida.

     Para este tópico nos parecen oportunos las declaraciones y artículos sobre la homosexualidad del Concilio Eclesiástico Internacional19 las cuales cito a continuación:

Artículo I

Afirmamos que la Escritura describe la homosexualidad, en pensamiento1 o conducta,2 como pecado.

Negamos que la discusión que la Escritura presenta de la homosexualidad sea específica para una cultura,3 o relevante únicamente a las relaciones homosexuales aún no cometidas o “anti-naturales.”

12.

Artículo II

Afirmamos que el Espíritu Santo capacita a los homosexuales para cambiar,4 significando con ello que, por la gracia de Cristo,5 aquellos que fueron homosexuales pueden aprender un amor santo tanto para los hombres como para las mujeres.

Afirmamos además que la santificación a la semejanza de Cristo es progresiva6 y que todos los cristianos batallan en contra de su naturaleza pecaminosa inherente hasta que llegan al cielo.7

Negamos que una persona sea verdaderamente convertida a Cristo si él o ella continúan en cualquier práctica homosexual.845

V. 2 de Pedro 2:6-8; Judas 7

Lo dicho en relación con lo estudiado en Génesis 19 prosigue aquí mediante una breve explicación de estos textos del NT que en su final tratan con nuestro tema propuesto en este libro. Debido a que es tratado por el apóstol Pedro y Judas como un acontecimiento histórico que no debe ser olvidado por la humanidad, nos parece necesario ampliar este estudio. El contexto de este pasaje menciona la preocupación de Pedro porque los lectores de su carta no olviden la obra de “los falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras…” (2:2a). El apóstol sostiene que la herejía o el enseñar erróneamente la Palabra de Dios atrae el juicio de Dios. ¿Por qué razón? Precisamente, la herejía es castigada por que conduce a los hombres a la aprobación moral y legal de la mala conducta como algo bueno. Uno de los signos históricos que la historia nos recuerda y que se repite en casi toda civilización es el hecho de que la humanidad, luego de varias etapas que emergen de su propio racionalismo, se pervierte moralmente hasta denominar a lo bueno malo, y a lo malo bueno (Isaías 5:20). Cuando la humanidad voltea sus espaldas a Dios, el resultado es la inmoralidad; y la inmoralidad conduce al menosprecio de las buenas costumbres; y la destrucción de las buenas costumbres por las malas conversaciones conducen a todo tipo de pecado sexual (1 Cor. 15:33). Seguir las enseñanzas de un falso maestro “es hacer que el camino de la verdad sea blasfemado” (v. 2). Pedro nos presenta en su argumento tres juicios históricos:

1) El no perdón para los ángeles que pecaron (v. 4).

2) El juicio que Dios trajo a la humanidad antigua por medio del diluvio (v. 5).

3) El juicio de Dios sobre Sodoma y Gomorra y la salvación misericordiosa de Lot (vv. 6-8).

     En el caso de la devastación causada por el diluvio universal, sólo ocho personas fueron salvas. En el caso del terrible juicio que cayó sobre Sodoma y Gomorra, sólo tres personas pudieron escapar de la sal y azufre ardientes que llovieron sobre las ciudades de la llanura del Jordán (Gén. 19:24). La mujer de Lot quedó convertida en estatua de sal (Gén. 19:26). Solamente Lot y sus hijas sobrevivieron.

     Aunque Pedro menciona las dos principales ciudades de la llanura, sabemos que también Adma, Zeboim y Bela, conocida igualmente como Zoar (Gén. 14:2), de igual manera formaron parte de la destrucción debido a la ingente maldad que allí reinaba. Entre sus muchos pecados sobresalía la homosexualidad tal como vimos al estudiar Génesis 19. La geografía bíblica nos informa que Sodoma y Gomorra ya eran archiconocidas en el mundo antiguo por su maldad y pecado. El pecado era tan grave a los ojos de Dios que determinó destruir a los habitantes de la llanura del Jordán, “que todo ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto” (Gén. 13:10 VRV).

     Si el pecado de la homosexualidad no fuera repugnante a Dios, Judas, el medio hermano del Señor, tampoco citaría el recuerdo de Sodoma y Gomorra como un símbolo “de los que sufren el castigo del fuego eterno” (v. 7). El propio Moisés también se refiere a la ira encendida de Dios que causó esta devastación (Dt. 29:23). En igual sentido, los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas y Amós también citan a Sodoma y a Gomorra como ejemplo de la ira de Dios contra el pecado (ver Is.1:9; Jer. 50:40; Ez. 16:49; Os. 11:8; Am. 4:11). Y hasta nuestro Señor Jesús comparó el castigo de aquellas ciudades con la perdición que aguarda al incrédulo (Mt. 10:15; 11:23,24; y véase Romanos 9:29).

     El apóstol Pedro nos recuerda que Lot era un hombre que sufría “(porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” v. 8). La Escritura al declarar a Lot hombre justo tal  como a Noé, lo fue sólo por la bondad y misericordia de Dios.

     El punto positivo de Lot nos debe servir como ejemplo de vida piadosa para todos nosotros. Todo fiel creyente, al ver o saber sobre los sórdidos espectáculos que presentan los sodomitas de hoy por doquier, en las calles de casi toda ciudad del mundo, en Internet, en las revistas, en el cine, la TV, todo esto debe conducirnos a afligir nuestro corazón y hacer que nos postremos delante del Dios eterno para rogar su misericordia y compasión sobre nuestra sociedad y por el futuro de las generaciones que hoy se levantan a la sombra de Sodoma.

VI. Resumen y conclusión:

La Biblia no es la autoridad final para la teología pro-homosexual o gay

Un grave problema de la teología gay o pro-homosexual, y por ende de sus desafortunados intérpretes, es que tienen a su propia mente racionalista e ideas preconcebidas como su definitiva autoridad. Por ende, no es la Biblia su autoridad o último foro de apelación para evaluar toda clase de conducta ética y moral. Sin embargo, esto no deshace el hecho de que la Palabra de Dios es clara como el cristal en su condena de toda conducta homosexual.

Citando erróneamente la Biblia los defensores del homosexualismo han dicho que las prohibiciones divinas contra la homosexualidad sólo son condenas específicas en relación con asuntos circunstanciales o situacionales pero no morales.

¿Es correcto decir que el incidente de los sodomitas con Lot en Sodoma sólo fue un caso de una “violación a la hospitalidad de parte de este extranjero”? ¿Las prohibiciones del Levítico son solo prohibiciones contra cultos tabú? Lo que Pablo dijo sobre el comportamiento sexual del mundo greco-romano, ¿era sólo una condena contra las orgías desvergonzadas de sus días? Y lo que mencionó a los cristianos corintios, ¿era sólo una prohibición en contra de la corrupción y prostitución de los jóvenes y no una condena divina en contra del compañerismo homosexual en cualquier época o circunstancias a partir de Cristo? Todas estas preguntas tienen como respuesta un ¡NO! rotundo.

El análisis exegético y lingüístico de estos textos no nos permite sino abominar lo que Dios abomina. Los cristianos tenemos que ser firmes en la condena contra este estilo de vida pecaminosa, pues no habría otra forma de agradar y predicar correctamente la voluntad de Dios en cuanto al comportamiento ético y moral.


1 Daniel Helminiak es un profesor asistente de psicología y sacerdote católico. En la actualidad enseña en la Universidad Estatal de Georgia Oriental, Estados Unidos.

2 En relación a la Gay Theology en los Estados Unidos existen varios escritores de corte filosófico y teológico. Por los lados de la iglesia episcopal sobresalen el sacerdote Robert Williams y el obispo John Shelby Spong. Ellos son gays declarados. Otro autor gay reconocido es Mel White que se dio a conocer con su libro “Stranger at the Gate” (New York: Simon and Schuster, 1994). También sobresale Jeff Levi, activista pro-homosexual. El rev. Troy Perry, es archiconocido como el fundador del Compañerismo Mundial de la Comunidad Metropolitana de Iglesias gays (LGBT) desde 1968. Tiene grandes nexos con la Iglesia Episcopal Homosexual en la cual predica y enseña con gran orgullo. En la iglesia presbiteriana (PCUSA) sobresale un notable teólogo gay, Paul Capetz. Y por supuesto que existen muchos más. Los hay dentro de la iglesia anglicana y algunos dentro del luteranismo. El lector interesado en investigar más a fondo acerca de estos teólogos pro-homosexualidad puede valerse de la herramienta Google escribiendo los respectivos nombres. De otra parte, tenemos defensores del homosexualismo como Andrew Sullivan, periodista inglés que desde la década de los ‘80s ha hecho mucho por los derechos civiles de los homosexuales. Su libro más aclamado en Europa y Norte América es Virtually Normal (Virtualmente Normal), editado en Inglaterra.

3 Véase el Miami Herald de October 12, 2000.

4 Quien quiera comprobar lo que aquí manifiesto puede consultar la página web www.pflagpgh.org

5 Daniel A. Helminiak, What the Bible Really Says About Homosexuality (San Francisco: Alamo Square Press, 1994), p. 38. De aquí en adelante, al referirme a D. Helminiak citaré solo el número de página.

6 Ibid., pp. 39,40.

7 Homosexuality and the Western Christian Tradition (Harlow: Longmans, Green, 1955), p. 4.

8 Greg Bahnsen, Homosexuality: A Biblical View, p. 33.

9 Homosexuality: a Biblical View, p. 32.

10 Antigüedades de los Judíos, Tomo I (Barcelona: Editorial Clie, 1988), p. 32.

11 Antonio Piñero, Testamento de los Doce Patriarcas; Apócrifos del Antiguo Testamento, (Madrid: Ediciones Cristiandad, 1987), pp. 125-6.

12 Ibid, Helminiak, p. 44.

13 Ibid., p. 44.

14 Ibid., p. 45.

15 Ibid., p. 45.

16 Ibid. p. 46-47.

17 Ibid., p. 52.

18 En Toward Old Testament Ethics (Grand Rapids,MI: Zondervan, 1991), p. 118.

19 Ibid., p. 52.

20 The Institutes of Biblical Law (P&R publishing, 1973), p. 90.

21 Ibid., p. 90.

20 Ibid., p. 103.

21 The Old-Time Gospel Hour Edition, Lynchburg, Virginia, sin fecha

22 En Sinónimos del Antiguo Testamento, (Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 1986), pp. 121,122.

23 Concordance, Dictionary of Hebrew and Chaldee, término ahab, No. 157, 158.

24 Véase 1 Samuel 20:30b, Biblia Reina-Valera 1960.

1 www.mcccharleston.org

2 Troy Perry, Don't Be Afraid Anymore (Ya no sientas miedo, New York: St. Martin's Press, 1990), p. 40.

3 Ibid., cf. las páginas 27-29.

4 Ibid., p. 72.

5 Ibid., p. 72

6 Ibid., pp. 73-74.

7 Ibid., pp.75,76.

8 Hugo M. Petter, Concordancia Greco-Española del Nuevo Testamento, (Barcelona: Clie, 1976), ref. 140,141.

9 Vine’s Expository Dictionary of Old and New Testament Words, (New Jersey: Revell, 1981), volume 4, pp. 166-167.

10 En mi opinión, el transexualismo está justificado sólo en aquellos casos de hermafroditismo. Cuando una persona, por accidente genético nace con los dos sexos, y hechos los necesarios y justos estudios para evaluar cuál dejar o cuál quitar según la personalidad dominante entre hombre o mujer, sólo en este caso podría recomendarse.

11 Ibid., p. 66.

12 Véase Jorge G. Parker, Léxico-Concordancia del Nuevo Testamento en Griego y Español: (Texas, USA, 1982), ref. 1939, p. 343.

13 Ibid., Jorge G. Parker, pp. 342-343.

14 Charles Hodge, A Commentary on Romans, (Edinburgh: The Banner of Truth, 1983), p. 44.

15 F. F. Bruce, The New Century Bible Commentary, I & II Corinthians (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1990), p. 61.

16 Ibid., p. 89.

17 Ibid., pp. 90-91.

18 Por toda América Latina ya se están dando pasos de gigante para implementar asociaciones y legislaciones similares a las de Estados Unidos, Canadá, Holanda e Inglaterra. Los Derechos Pro-homosexual es algo que se extiende como laurel verde en nuestro continente.

19 En www.churchcouncil.org

1 Mateo 5: 27-28.

2 Génesis 18: 20-21; 19:5-7, 13, 24-28; Levítico 18: 22-24; 20: 13-16; Jueces 19: 22; 1ª Reyes 14: 24; Romanos 1: 24-32; 1ª Cor. 6: 9-11; 1ª Tim. 1: 8-11; Judas 1:7.

3 . Salmo 119:89; Mateo 5: 18-19; Isaías 8: 20.

4 1ª Cor. 6:9-11.

5 . Romanos 13:8-10.

6 Hebreos 12: 14; 2ª Pedro 3: 18; Hebreos 5: 12 – 6:1; 1ª Tes. 4:2-8.

7 Gálatas 5:5; 5: 16 – 6:9; Romanos 6: 12-23; Salmo 17: 15; Salmo 51: 1-19.

8 1ª Cor. 6:9-11; Mateo 16: 24-27; Levítico 20: 13-16; Romanos 6: 23.