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EVANGELIO Y SALVACIÓN EN LA TEOLOGÍA PAULINA Conferencias en el Seminario Evangélico de Lima, octubre 2002 Dr. Pablo Sywulka Tema 1 – LA SALVACIÓN COMO REVERSIÓN Introducción. Hoy día hay mucha confusión sobre lo que es el evangelio y cuál es la salvación que proclama el mensaje evangélico. Esta situación no es algo nuevo. El término “evangelio” se ha usado de diferentes maneras desde los tiempos de la iglesia primitiva. El apóstol Pablo hace referencia en su carta a los gálatas a quienes predicaban un supuesto evangelio que no es realmente evangelio (1:6-7). En nuestro contexto latinoamericano, recordamos la llamada “evangelización” del subcontinente de parte de España en el siglo dieciséis. Para los conquistadores, el “evangelio” era la fe cristiana en su forma católico-romana, y “evangelizar” era lograr que los habitantes del nuevo mundo aceptaran dicha fe por las buenas o por las malas. Todavía en nuestros días existe cierta confusión sobre el significado de las palabras “evangelio” y “salvación”. A pesar de todo lo que se ha escrito sobre el tema, existe, en las palabras de Ernest Reisinger, “una ignorancia espantosa sobre qué es el evangelio, y qué hace cuando se recibe de manera salvífica”. [1] La discusión sobre este tema va mucho más allá que una simple definición de términos. En juego está la proclamación misma de la fe cristiana. Nuestro concepto de lo que es el evangelio y la salvación que proclama debe venir de la única fuente totalmente fidedigna para ello, las Sagradas Escrituras. Es de suma importancia que entendamos el sentido en que los escritores bíblicos usaron estos términos. Así podremos llegar a un concepto bien fundado y equilibrado, y evitaremos el peligro de reducir el evangelio a una fórmula limitada que nos impida conocer su riqueza. A la vez, evitaremos el peligro opuesto, el de agregar al mensaje elementos que vayan más allá de lo que la Biblia misma enseña. Una forma de reducir el mensaje evangélico es enfocarlo casi exclusivamente en el perdón de pecados. Hace más de cincuenta años el Dr. Lewis Sperry Chafer, el primer presidente del Seminario de Dallas, expresó su preocupación por el hecho de que “en la gran mayoría de sermones evangelísticos, se ofrece a los inconversos solamente el perdón de pecados”. Chafer agrega la observación de que “el cristiano es muchísimo más que un pecador perdonado”. [2] Más recientemente, el misionólogo Lesslie Newbigin expresó la misma preocupación acerca de “una perspectiva del evangelio que lo reduce totalmente al perdón de pecados”. [3] En el otro extremo encontramos “evangelios” con elementos agregados para los cuales sería difícil encontrar un respaldo en el texto bíblico. Según el escritor filipino Lourdino Yuzón, por ejemplo, la proclamación del evangelio incluye “el derecho de cada persona a disfrutar de los recursos materiales de comida, ropa, vivienda, educación, diversión y remuneración económica”. [4] Podríamos mencionar en esta misma línea la teología de la liberación que proclama una salvación consistente en la transformación de las condiciones socio-políticas en que viven los pueblos. También se difunde en nuestro medio el evangelio de la prosperidad que promete la superación de las limitaciones económicas, o el evangelio de la satisfacción personal que ofrece libertad interior y auto-estima. Reconocemos que las palabras “evangelio” y “salvación” pueden usarse de diferentes maneras en nuestro medio, incluso con acepciones seculares. Sin embargo, la tarea de las disciplinas bíblicas y teológicas es buscar el sentido de las palabras del texto bíblico dentro de las propias Escrituras. Como observa acertadamente el erudito neo-testamentario N. T. Wright, debemos usar las palabras que se encuentran en el Nuevo Testamento con el sentido que el mismo Nuevo Testamento les da. [5] Los escritos del apóstol Pablo son de interés especial para nosotros en este estudio. De las 75 veces que aparece en el Nuevo Testamento el vocablo euaggelion, 60 se encuentran en las epístolas paulinas. Si agregamos por razones estadísticas el verbo euaggelizomai, dichas epístolas representan el 63% de los usos de estos dos términos. Algo semejante se puede notar en el uso que hace Pablo de la palabra “salvar” y sus derivados. El utiliza el verbo sozo 29 veces, más que cualquier otro escritor del Nuevo Testamento. El 40% de las ocurrencias del vocablo soteria (“salvación”) y el 50% de las de la palabra soter (“salvador”) están en los escritos paulinos. El erudito bíblico Leon Morris comenta que “tales estadísticas demuestran que Pablo está interesado en el concepto de la salvación, aun más que cualquier otro escritor neotestamentario”. [6] El concepto que el apóstol a los gentiles tenía del evangelio y la salvación no difiere significativamente de lo que entendían los demás escritores neotestamentarios. Pero en vista del desarrollo amplio que las cartas de Pablo hacen de dichos temas, ellas constituyen una mina especialmente rica en información. Lo que nos proponemos en esta serie de estudios es investigar algunos de los aspectos de la salvación que proclama el evangelio. El título que hemos puesto a la serie es “Evangelio y salvación en la teología paulina”. Enfocaremos primero “La salvación como reversión”, luego “La salvación: pasada, presente y futura” y en tercer lugar “La respuesta salvífica al evangelio”. Antes de entrarle directamente al primer tema, conviene que hablemos un poco sobre el significado del término griego euaggelion, del cual viene nuestra palabra “evangelio”. En su raíz significa “buena noticia.” [7] En cuanto a su uso, puede significar “buena noticia” o sencillamente “noticia”. Sin embargo, el término “evangelio” conlleva un sentido mayor que sencillamente “noticia” o aun “buena noticia”. Tanto en su uso secular en la cultura greco-romana como en en contexto religioso judío, las palabras euaggelion y euaggelizomai se refieren a un anuncio de gran importancia. [8] Se puede notar esto especialmente en la última sección del libro de Isaías, donde el profeta anuncia la dramática intervención de Dios para salvar a su pueblo. El versículo 7 del capítulo 52, por ejemplo, ocupa el verbo euaggelizomai dos veces cuando se refeiere a “los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” Este trasfondo se debe tomar muy en cuenta para comprender lo que lo que los escritores del Nuevo Testamento querían comunicar al utilizar la palabra “evangelio”. Y es precisamente ese sentido antiguotestamentario—el anuncio de la obra salvadora de Dios—que constituye el fondo sobre el cual el apóstol Pablo pincela el mensaje salvífico del evangelio. [9] Evangelio y salvación en Pablo
Para el apóstol Pablo, los temas de evangelio y salvación son inseparables. En su carta a los Efesios describe el mensaje que predicaba, y al cual ellos respondieron con fe, como “el evangelio de vuestra salvación” (Ef. 1:13). En el prefacio de su epístola a los Romanos, declara que “el evangelio es poder de Dios para salvación” (Ro. 1:16). La relación estrecha entre el evangelio y la salvación se refleja en una docena de pasajes en las cartas paulinas. [10]De hecho, Pablo usa la palabra “salvación” más que ninguna otra para describir la obra que Dios realiza en aquella persona que responde con fe al mensaje del evangelio. Además de ser el término usado con mayor frecuencia, también es el que tiene el sentido más amplio. Tal como observa Charles Scott, “salvación” tiene una amplitud de sentido que no se encuentra en ninguna otra palabra usada para describir lo que Dios hace a favor del pecador. [11] Para el apóstol, dicho término parece incluir toda la gama de la obra salvadora de Dios. [12]Las palabras griegas para “salvar” y “salvación” (sozo y soteria) conllevan la idea de liberación o preservación de algún peligro. Ese peligro, en la teología paulina, es espiritual. Leon Morris observa que “en los escritos paulinos lo importante es liberación del pecado y de las consecuencias del pecado”. [13] La salvación del peligro espiritual a la seguridad espiritual se describe con una variedad de términos que ilustran las facetas de dicha salvación, tales como liberación, justificación, reconciliación, santificación y vivificación. La mayoría de ellos también tienen acepciones seculares en el Nuevo Testamento. Pero los términos “salvar” y “salvación” en los escritos paulinos “se usan solamente en conexión con las relaciones entre el hombre y Dios”. [14]Salvación y reversión: un concepto bíblico
La idea de que Dios interviene en la experiencia de los seres humanos para revertir su situación se encuentra a través de toda la Biblia. Un ejemplo de este concepto aparece en el canto de Ana, registrado en 1 Samuel 2. Por la intervención de Dios “los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder. Los saciados se alquilaron por pan, y los hambrientos dejaron de tener hambre” (1 Sam. 2:4-5). El fuerte se vuelve débil, mientras que el débil se hace fuerte; al que le sobraba comida ahora le hace falta, y al que antes le faltaba, ahora le sobra. [15] La profecía mesiánica de Isaías 61, la que tomó Jesús como programática para su ministerio, proclama buenas nuevas de reversión. El Mesías se presenta como alguien ungido y enviado por Dios para cambiar la situación de aquellos que están en gran necesidad. Él proclama libertad a los cautivos (v. 1) y consuelo a los tristes (v. 2). Provee “gloria en vez de ceniza…gozo en lugar de luto…alegría en lugar de espíritu angustiado” (v. 3). Jesús mismo anunció una reversión en Lucas capítulo 6. Las bienaventuranzas, en la forma en que las registra el tercer evangelista, contienen tanto bendiciones para los que sufren como ayes para los que están cómodos. Jesús dice, “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis” (v. 21). También dice, “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (v. 25). Las bendiciones, desde luego, son para aquellos que siguen a Jesús con fe. Los ayes son para aquellos que reaccionan con indiferencia o rechazo ante su persona y su mensaje. Los escritos de Pablo también hablan de la manera en que Dios revierte la situación de las personas. En 2 Tesalonicenses 1:6-7 declara que Dios tratará justamente tanto a los creyentes que sufren como a los perseguidores que les hacen sufrir. Estos ahora se sienten tranquilos, pero llegará el momento cuando Dios les pagará con tribulación. En cambio, los creyentes que ahora están atribulados van a descansar. Ese cambio de situación se hará realidad cuando Jesús se manifieste “desde el cielo con los ángeles de su poder”. A veces, como en el pasaje de 2 Tesalonicenses, la reversión es doble; los que ahora están bien terminarán en una situación lamentable, y los que ahora sufren terminarán en una situación de bendición Pero muchas veces, particularmente en relación con la salvación, la Biblia enfoca lo que Dios hace a favor del necesitado, o sea el aspecto positivo de la reversión. Es ese enfoque que consideraremos en la parte final de este estudio. La salvación como reversión en Pablo
La obra que Dios realiza cuando una persona responde con fe al mensaje del evangelio es multifacética. La salvación que él efectúa tiene una variedad de dimensiones. Examinaremos algunas de esas dimensiones para conocerlas más de cerca, demostrando a la vez cómo ellas representan una reversión. Liberación. Para describir la salvación como un acto de liberación, el apóstol Pablo emplea dos palabras: el verbo ruomai, “librar” y el sustantivo apolutrosis, “redención”. Pablo describa a Jesús como aquel que “nos libra de la ira venidera” (1 Tes. 1:10). Usa la misma expresión griega [16] para referirse a Jesús como “El Libertador” que traerá salvación a Israel (Ro. 11:26) y aquel que “nos ha librado de la potestad de las tinieblas” (Col. 1:13). El evangelio también trae “redención”, o sea liberación. [17] La palabra griega para redención, apolutrosis, no es muy común; Leon Morris comenta que al usarlo, “los escritores cristianos estaban sugiriendo que la redención de la cual hablaban era una redención muy especial”. [18] La liberación que efectúa el mensaje del evangelio significa que la condición de haber estado bajo la ira de Dios y el dominio de Satanás se ha revertido. Nosotros los creyentes hemos sido librados de la ira de Dios (1 Tes. 1:10) y transferidos del dominio de Satanás al reino de su amado Hijo (Col. 1:13). Por medio del potente mensaje del evangelio, ahora somos libres del castigo y el poder del pecado. Justificación. La justificación del pecador por medio de la fe es un tema favorito de Pablo. Él usa las palabras “justicia”, “justificar” y “justificación” más que todos los otros escritores del Nuevo Testamento en conjunto. [19] Dichas palabras aparecen con particular frecuencia en la Epístola a los Romanos. Aquí el apóstol concluye su prefacio declarando que el evangelio “es poder de Dios para salvación…porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe” (Ro. 1:16-17). El dilema del ser humano según la carta a los romanos es que se encuentra bajo condenación por su pecado, y no puede hacer nada por sí mismo para salvarse. “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). No hay salida; todos están “bajo el juicio de Dios, ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (3:19-20). La única esperanza para el pecador condenado es que Dios mismo le provea una vía de salvación. Pero, Dios es justo y no puede dejar de castigar el pecado. Así que él mismo puso a su Hijo “como propiciación” (3:25); es decir, que descargó en Jesús el justo juicio por nuestros pecados. Ahora él puede con toda libertad actuar para ponernos en relación correcta consigo mismo. Es a la vez “el justo, y el que justifica” al que cree en Jesús (3:26). La justificación en un acto por el cual Dios declara justo al pecador, porque ha aplicado a él la justicia de Jesús en respuesta a su fe. El autor N. T. Wright resume el significado de la justificación en Romanos con estas palabras: “El evangelio de Jesús revela la justicia de Dios, en que Dios es justo él mismo, y como parte de ello, Dios es el que declara que el creyente es justo”. [20] La justificación representa una reversión. El veredicto universal para la raza humana es que está “bajo pecado” y “no justo” ante Dios (Ro. 3:9-10). Ese veredicto ha sido cambiado radicalmente para el creyente. Ahora éste ha sido hecho beneficiario de “la justicia de Dios por la fe en Jesucristo” y tiene ante Dios la condición de “justificado” (Ro. 3:22, 24). Sobre la base de la obra salvífica de Cristo y en respuesta a la fe, su condición de pecador ha sido revertido y ahora se encuentra en una relación recta y correcta con Dios. Reconciliación. Los vocablos que se refieren a la reconciliación como un aspecto de la salvación son usadas exclusivamente por el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento. [21] Aparecen principalmente en dos pasajes claves, Romanos 5 y 2 Corintios 5, donde el enfoque está en la reconciliación vertical, o sea entre Dios y el ser humano. En Efesios 2 y Colosenses 1 se ve además de la dimensión vertical, la dimensión horizontal de reconciliación entre personas. La reconciliación se hace necesaria cuando dos personas o grupos se encuentran separados por una enemistad o una ruptura en su relación. Esta condición de alienación necesita revertirse. En el caso de la raza humana, Dios tomó la iniciativa para reconciliarnos consigo mismo, al enviar a su Hijo a la cruz para morir en nuestro lugar. La reconciliación ya fue lograda de parte de Dios; “siendo enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo (Ro. 5:10). Ahora nos toca “recibir la reconciliación” por la fe en “el Señor nuestro Jesucristo” (Ro. 5:11). Dios “nos reconcilió consigo mismo por Cristo”, y ahora pide que correspondamos a esa obra maravillosa reconciliándonos con él (2 Co. 5:18-20). La reconciliación revierte totalmente nuestra relación con Dios. De una relación de enemistad con Dios, pasamos a una relación de amistad. De una condición de alienación, pasamos a gozar de la comunión con él. De una situación anterior de lejanía, hemos “sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:13). Santificación. Otro aspecto de nuestra salvación es la santificación. Por el mensaje del evangelio, Cristo nos ha sido hecho santificación (1 Co. 1:30). Fuimos escogidos por Dios “para salvación, mediante la santificación por el Espíritu” (2 Tes. 2:13). Santificar significa básicamente la acción de apartar para Dios. En los pasajes en que la santificación se relaciona con el evangelio, se hace un contraste con aspectos negativos de la vida anterior de los creyentes. Su santificación representa lo opuesto del “misterio de la iniquidad” (2 Tes. 2:7) y la acción de “los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tes. 2:12). Como resultado de su fe en Cristo, los creyentes han sido apartados para Dios y han recibido una condición de santidad que les hace aceptables a él. La santificación como un aspecto de nuestra salvación también representa una reversión. De una situación de inmundicia moral, hemos sido colocados en un estado de santidad por la obra del Espíritu (2 Tes. 2:13). En vez de estar separados de Dios, ahora hemos sido apartados para él (Rom. 15:16). Vida eterna. El evangelio ofrece vida eterna a aquellos que reciben su mensaje por la fe. “La vida y la inmortalidad” han sido “sacados a luz…por el evangelio” (2 Ti. 1:10). El evangelio se describe como “la palabra de vida” (Fil. 2:16); es un mensaje vivo que transmite vida al que lo recibe. Cuando Pablo dice a los corintios, “yo os engendré por medio del evangelio” (1 Co. 4:15), da a entender que ellos comenzaron una nueva vida al recibir dicho mensaje. La vida significa relación, y la vida eterna significa una relación con dimensión eterna, tanto cualitativa como cuantitativamente. Pablo ve en el vocablo zoe (vida) “algo más que la mera existencia física; se refiere a una calidad singular de vida que viene por la fe en Cristo y la unión con él. Nueve veces se combina con aionios para significar ‘vida eterna’, una vida distinta cualitativamente de la vida como la conocemos ahora, una vida otorgada por Dios como parte de la edad venidera”. [22] El evangelio proclama que “en Cristo todos serán vivificados” (1 Co. 15:22). La vida que recibimos al creer en Cristo garantiza no solamente una relación viva y eterna con Dios, sino también un futuro escatológico de vida física por la resurrección de nuestro cuerpo. La vida que recibimos al creer en Cristo representa una reversión radical. Trae un cambio dramático. Nos lleva de muerte espiritual a vida abundante (Ef. 2:5), de separación a relación, de mortalidad a inmortalidad (1 Co. 15:33). Conclusión La obra salvadora de Dios revierte totalmente la situación espiritual del ser humano. Ese cambio radical representa realmente la recuperación de aquello que nuestros primeros padres gozaron antes de que cayeran por su pecado de desobediencia. Inicialmente ellos vivían en libertad ante Dios; caminaban en justicia y santidad; experimentaban una vida plena y una hermosa comunión con su Creador. A causa del pecado, sufrieron una inversión, pero decirlo así. En vez de libertad vino la esclavitud y la condenación; en vez de justicia y santidad, el pecado y la contaminación; en vez de vida y comunión, la muerte espiritual y la enemistad con Dios. En esa condición nacimos todos nosotros. Y a menos que Dios intervenga para cambiar la situación, todos moriremos en la misma condición lamentable. La buena noticia es que Dios ha intervenido para nuestra salvación. Por su muerte en la cruz, Jesús realizó una obra redentora perfecta. Antes de entregar su espíritu clamó de voz en cuello, “¡Consumado es!” Completó una salvación que nos libera de la condenación, la muerte, el pecado y la alienación. Ahora nos toca solamente recibir por la fe ese hermoso regalo. Cuando un pecador reconoce su necesidad imperante, cuando percibe lo que Cristo hizo al morir por él en la cruz y cuando responde depositando su fe total y exclusivamente en Jesús, el Espíritu Santo realiza en su vida la hermosa obra de salvación. Su condición espiritual se revierte a lo que Dios diseñó originalmente. Es ahora redimido, justificado, reconciliado, santificado y vivificado. ¡Cuán hermosa es la obra salvadora anunciada en el evangelio y realizada por el poder de Dios! Los que hemos sido beneficiados con la salvación debemos responder de la manera adecuada. Nos toca regocijarnos en nuestra salvación, alabar a Dios por ella y proclamar a otros que hay abundante redención en Cristo para la persona que cree en él. Si estas palabras llegan a una persona que todavía no ha hecho suya la salvación que Dios ofrece, lo único que tiene que hacer es depositar su confianza totalmente en Cristo. “El evangelio...es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Ro. 1:16).
[3]
Lesslie Newbigin, Truth to Tell: The Gospel and Public Truth (Grand Rapids: Eerdmans, 1991), 72.
[6]
Leon Morris, “Salvation,” en Dictionary of Paul and His Letters, ed. Gerald F. Hawthorne, Ralph P. Martin, Dainel G. Reid (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1993), 858.
[7] El término eujaggevlion se compone de una combinación de dos elementos: el prefijo euj, que significa “bueno”, y el vocablo ajggevlion, que significa “anuncio”. La raíz de una palabra puede ilustrar su significado, pero no lo determina. El vocablo eujaggevlion habla de noticias que por lo general son buenas, pero no necesariamente lo son. El elemento constante en la palabra “evangelio” es el de un anuncio importante. [8] Por ejemplo, un triunfo militar o un nacimiento. Eujaggelivzw se usa para el anuncio de una victoria del general Apolonio por el año 120 de nuestra era, y eujaggevlion aparece en referencia con el día del nacimiento del emperador Augusto (James Hope Moulton and George Milligan, The Vocabulary of the Greek New Testament [London: Hodder & Stoughton, 1930], 259). Los mismo usos se encuentran en la LXX en 2 S. 18:20 y Jer. 20:15.
[9]
El anuncio de salvación como buenas nuevas se encuentra en el Antiguo Testamento en pasajes como Isa. 28:16; 49:8; 52:7; 57:19; Joel 2:32. Pablo hace uso de ese trasfondo en Ro. 10:6-17; Ef. 2:17; 2 Co. 6:2; comp. Hch. 13:47.
[10]
Ro. 1:16; 10:9, 10, 13; 11:26; 1 Co. 1:18; 15:2; Ef. 1:13; Fil. 1:28; 2 Tes. 2:13; 2 Ti. 1:9; 2:10.
[11]
Charles A. Anderson Scott, Christianity According to St Paul (Cambridge: Cambridge University Press, 1927), 23.
[12]
En las palabras de Jürgen Becker, “parece representar para él (Pablo) el camino entero de salvacion”. Paul: Apostle to the Gentiles, trans. O. C. Dean, Jr. (Louisville, KY: John Knox/Westminster, 1993), 407. [15] Muchos otros pasajes presentación a Dios como el que revierte la situación de las personas, entre ellos el Salmo 113:7-9 y el canto de María en Lucas 1:51-53. [17] La palabra apolutrosis significa la acción de “liberar a una persona por medio del pago de un rescate”. Pablo la usa en pasajes como 1 Cor. 1:30; Ef. 1:14 y Col 1:4. |
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