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Dos playas Monólogo por Diana Peñuela Ganador del Premio del Concurso en la clase "Enseñanza Creativa", Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia, 2006 Un hombre va caminando y cantando con aire despreocupado por la playa, con tremenda grabadora pegada al oído, gafas negras, bermudas y una camisa anaranjada con flores estampadas. Sus ojos se van detrás de cada chica en bikini que pasa cerca de él. sus exclamaciones delatan su acento costeño. -Upa! -pasa otra- Uy! -y una más- Uju! De pronto se encuentra con algo inesperado. Se agacha para recoger un objeto extraño que está casi cubierto por la arena; lo desempolva y procede a examinarlo con suma extrañeza. Es un cofre. Parece antiguo. -Epa! ¿y esta vaina? Medio rara para decir verdad. es la primera vez que en vez de una lata vacía me encuentro esto: un cofre! Ja! A ver si tiene un genio, como el de Aladino -la frota- -Nada!! Nuestro hombre sigue escrutando el cofre y pone la grabadora sobre el suelo. Una vez más se quita las gafas para poder ver otra chica, pero de inmediato vuelve a concentrarse en su hallazgo. -Bueno, como los cocos! Hay que abrirlos pa' ver lo que hay adentro! -la abre con cautela y saca un pergamino enrollado- compadre esto se pone cada vez más interesante; ¿y aquí qué dirá? A ver a ver. ¿qué? ¡No! ¡Increíble! ¿hay un tesoro escondido? ¿en la playa de la isla de enfrente? Menudo lugar escogieron pa' esconderlo: si eso es un moridero. allá sí que no hay nada! Ni estas bellezas -echa un vistazo alrededor y lanza un suspiro- ni energía pa' la grabadora, ni tiendas de ropa bacana. allá sí que pica el sol porque ni una palmerita! No bacán! Yo mejor me olvido de esto. Entonces guarda otra vez el rollo en el cofre y esconde éste debajo de la arena; agarra su grabadora, la pone al oído, comienza a cantar "Barranquilla ciudad de cantores." y se aleja caminando. De pronto se detiene bruscamente. -Pero. ¿qué es lo que estoy haciendo? Ese tesoro debe estar allá esperándome: "papacito ven por mí". -regresa y desentierra una vez más el cofre- Me voy, a fin de cuentas, no pierdo nada. -piensa un segundo- un momento!! Sólo puedo ir nadando -se queda mirando la grabadora y le dice- ya me imagino nadar contigo. caramba, me va a tocar dejarte por aquí en un ladito. -la pone en el piso- ahora sí, me meto al mar! -entonces se mira la camisa- esto es demasiado trapo pa' andar nadando por ahí, además, con este color, seguro atraigo a los tiburones. Bueh! Será dejar esta bacanería de camisa, comprada en la tienda del tino -se la quita (tiene una camisilla debajo), la hace un "zurullo" y la tira- eeeeeesssooooo! Aquí voy tesoro! Eche! Pero pa' nadar no puedo llevar estas gafas. no hoooombeee! ¿También mis gafas? Si son igualitas a las de Montoya!! Ahhh, después, con las riquezas del tesoro me compro otras -se quita las gafas y las pone en el suelo. Se queda mirando sus bermudas- ¿será que éste sí me lo puedo quedar? (el público puede reaccionar.) Será quedármelo porque imagínense si no. En este instante el personaje hace una pausa mediana, cambia de actitud y resume su historia, como haciendo una retrospectiva. es el mismo personaje, pero ya se le ha quitado todo lo que en él había de inmaduro o trivial. De hecho comunica una sabiduría impensable en él hasta el momento. -y así fue como hace veinte años crucé nadando los kilómetros que había entre mi playa y aquella isla. Cuando llegué fui de inmediato al lugar que el mapa describía y para mi disgusto no encontré un tesoro con joyas, piedras preciosas ni oro. Me encontré con la única casa de la isla, donde vivía una familia. El papá era tremendo negro como de dos metros de altura, y era el hombre más feliz que había visto en mi vida. No tenía casi cosas materiales, pero irradiaba tal dicha que parecía que se hubiera ganado la lotería. me vió llegar y se extrañó mucho, no estaba acostumbrado a ver mucho viajero por esos lados. La verdad es que era una isla hermosa pero sus playas eran tan rocosas que nadie iba por allá. Bueno, el hombre me recibió y notó de inmediato que esperaba encontrarme otra cosa en vez de una familia de guardabosques. porque eso eran, los guardianes de la isla. Le conté el asunto del cofre y el rollo, y mi amigo sonrió con una bondad difícil de explicar. Me dijo que él había dejado ese cofre y le había pedido a Dios que lo encontrara alguien que creyera en el mapa y que se arriesgara a dejarlo todo para encontrar el tesoro que se prometía. "ajá ¡aquí estoy! Dámelo pues!" le dije, y él volvió a sonreír y me contó la historia de Jesús de Nazareth. La había escuchado muchas veces pero nunca con esa sencillez, esa claridad, esa pasión. este hombre hablaba de algo que tenía que ser real. Yo creí todo lo que me dijo y después de quedarme unos días en la isla regresé a mi playa. Ya nada fue igual, mi vida cambió y por primera vez empecé a disfrutar verdaderamente del mar, del cielo, de la brisa. En vez de dedicarme a mirar bikinis supe que tenía que contarle a la gente de la playa sobre el tesoro que me había encontrado ese día. Ahora sé que todas las riquezas del mundo no alcanzarían a igualar el tesoro que encontré. De vez en cuando vuelvo a la isla, ahora en un bote pequeño que me regalaron unos amigos. Ahí me encuentro todavía con el que ha llegado a ser como un hermano para mí. cuando me ve llegar me frita un pescado y se vuelve a reír, como siempre, y me dice "cuéntame compadre cómo va el tesoro en tierra firme". EL REINO DE LOS CIELOS ES SEMEJANTE A UN TESORO ESCONDIDO EN EL CAMPO, QUE AL ENCONTRARLO UN HOMBRE, LO VUELVE A ESCONDER, Y DE ALEGRÍA POR ELLO, VA, VENDE TODO LO QUE TIENE Y COMPRA AQUEL CAMPO. |
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