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FORJANDO UNA IGLESIA REFORMADA

 Juan MacPherson

 

La fundación, desarrollo e impacto latinoamericano de la Iglesia Libre de Escocia

Trasfondo histórico

La Separación de 1843

1.   Evangelismo

2.   Misiones

3.   Educación

         Entrenamiento Pedagógico

         Educación Teológica

4.    Obra Social

 

La fundación, desarrollo e impacto latinoamericano de la Iglesia Libre de Escocia

            El 11 de noviembre de 1915 el Congreso Peruano aprobó un cambio en la constitución, permitiendo por primera vez en la historia del país la práctica pública de religiones no-cátolicas.  Momento histórico y decisivo para todas nuestras iglesias evangélicas.  Motivo de profunda gratitud a Dios.

            Unas semanas antes estaba de visita en Lima un joven escocés, Juan A. Mackay, graduado del famoso Seminario de Princeton en EE.UU.  A pedido de la Junta de Misiones de la Iglesia Libre de Escocia, Mackay, candidato al ministero de dicha denominación presbiteriana, estaba haciendo una gira por las repúblicas de Chile, Bolivia, Perú y Colombia.  La Iglesia Libre de Escocia quería extender su actividad misionera, y había pedido a Mackay que viera las posibilidades en Sud América.

            Estando en Lima, Mackay se dio cuenta de las inmensas oportunidades para el Evangelio que surgirían de la esperada decisión parlamentaria, y recomendó que la Iglesia iniciara en el Perú una labor educacional, médica y evangelística.  Después de un año de estudios en España, Mackay fue ordenado pastor y primer misionero al Perú de la Iglesia Libre de Escocia.  Inició su trabajo fundando la Escuela Anglo-Peruana, hoy Colegio San Andrés, llegando Mackay y la institución que dirigía a ocupar lugares importantes en el desarrollo de la iglesia evangélica latinoamericana durante el siglo 20.

            En 1916 la Iglesia Libre de Escocia era una denominación relativamente pequeña, y sigue siéndola con menos de 15,000 miembros y simpatizantes.  Pero tiene una historia dramática e impresionante, sobre todo en el primer cuarto de siglo de su existencia.  Quiero compartir con ustedes algo de esa historia y sacar algunas lecciones para nuestras iglesias en el cumplimiento de su misión.  No es de importancia, porsupuesto, que la denominación haya sido presbiteriana.  Recordamos que el primer misionero evangélico al Perú, Diego Thomson, fue bautista, y el segundo, Franciso Penzotti, fue metodista.  He escogido la I.L.E.  porque la conozco bien, por su conexión con el Perú y por los tremendos desafíos que nos presenta aun a una distancia de 150 años, sea cual fuere nuestra afiliación eclesiástica.

 

Trasfondo histórico

            El 24 de agosto de 1560 el Parlamento de Escocia aprobó la Confesión Escocesa, un resumen de doctrina bíblica preparada por el Reformador Juan Knox y sus colegas.  Renunció a la autoriadad del Obispo de Roma, negándole toda jurisdicción en el reino de Escocia.  Abolió todas las leyes de parlamentos anteriores contra la herejía y que favorecían los derechos, prácticas y privilegios de la iglesia papal.  Prohibió la celebración de la misa en toda Escocia.

            Este reconocimiento de la existencia legal de la Iglesia de Escocia reformada  fue la culminación de un largo proceso de persecuciones y martirios, de invasiones y guerras civiles, de la propagación de las Escrituras y de la obra regeneradora del Espíritu de Dios.  La nueva Iglesia no fue creación del Parlamento, pero las decisiones de los legisladores abrieron el camino para el establecimiento y expansión  de una iglesia nacional fundada sobre principios bíblicos.  En diciembre de ese mismo año se reunió la primera Asamblea General con la asistencia de sólo 6 pastores y 41 representantes cívicos.  Así empezó en escala muy pequeña lo que vendría a ser un fuerte testimonio al poder del Evangelio en Escocia y el mundo entero.

            El siglo 17 vio crecimiento pero también persecución, sobre todo en el período conocido como: El Tiempo de las Matanzas.  El establecimiento en 1688 de una nueva dinastía real, la del protestante holandés, Guillermo de Orange, puso fin al sufrimiento de la Iglesia, y Escocia llegó a ser conocido como país casi exclusivamente presbiteriano y reformado. 

            Pero tiempos de paz externa no son siempre los tiempos de mayor prosperidad espiritual.  Durante el siglo 18 surgió un grupo grande de pastores llamados “moderados”, que profesaban la doctrina reformada de la Confesión de Fe de Westminster, pero no daban evidencia alguna de vida espiritual.  Percibían su sueldo del Estado, vivían cómoda y hasta mundanamente, y nunca predicaban la necesidad de la conversión y una vida personal con Dios.  Entre ellos y el sector de la Iglesia llamada “evangélico” hubo un punto de conflicto específico que finalmente terminó por dividir la Iglesia.

            Se trataba de una práctica llamada “el patronazgo”.  Tenemos que recordar que la Iglesia de Escocia era una Iglesia nacional, reconocida y apoyada por el Estado, quien pagaba los sueldos de los pastores y financiaba la construcción y reparación de los templos y casas pastorales, aunque muchas veces el dinero tenía que venir de los terratenientes locales, descendientes de los antiguos señores feudales.  A consecuencia de este sostenimiento financiero, disfrutaban éstos del derecho de nombrar al pastor de la iglesia, pasando por alto los deseos del publo, miembros de esta iglesia.  Muchos patronos hacían lo posible por no imponer a un pastor contra la voluntad de los miembros,  pero no faltaban quienes ejercían altaneramente su derecho legal, insistiendo en el nombramiento de un pastor “moderado”, que no tendría el menor interés en alimentar la grey del Señor.

            Fue ésta una situación que no sólo creó conflicto dentro de la Iglesia, sino que enfrentó a  la Iglesia con el Estado.  Este insistió en ver la libre elección de pastores por el pueblo como peligrosamente revolucionaria (estamos en la época de la Revolución Americana y aun más la sangrienta Revolución Francesa seguida por la carrera imperialista de Napoleón).  La Iglesia por su parte reclamó “los derechos reales del Redentor”, y la libertad espiritual de la Iglesia a la par que reconocía la plena autoridad del Estado en asuntos civiles.

La Separación de 1843

            Después de largos procesos legales que fueron hasta el Parlamento, los evangélicos optaron por salir de la Iglesia de Escocia perdiendo sueldo, casa, templo y status nacional.  En la Asamblea General de 1843 presentaron su protesta ante el representante oficial de la Reina y salieron para formar la Iglesia Libre de Escocia.  De 1203 pastores de la Iglesia nacional, más de un tercio, 474, entraron en la nueva Iglesia y de los 20 misioneros en el extranjero todos sin excepción se adhirieron a la Iglesia Libre.

Imagínense Uds la situación.  Se ha formado una nueva Iglesia con cientos de miles de miembros sin un solo lugar de reunión, con casi 500 pastores sin una sola casa pastoral, con 103 estudiantes de teología sin un solo seminario; y para el mantenimiento de toda esta obra no había en el banco sino una suma relativamente pequeña que como precaución se había ido recaudando durante los meses anteriores.  ¿Forjando una iglesia reformada?  Más bien parece una iglesia reformada en vías de extinción.  Y es cierto que el gobierno, la aristocracia, el clero moderado, y mucha gente que sin apoyarles no obstante aplaudían la acción de los disidentes como noble y democrática, no creían que mantendrían por mucho tiempo su protesta.  ¿De qué vivirían los pastores?  ¿Dónde se alojarían?  ¿Dónde se reuniría la gente, una vez llegados los vientos glaciales, las lluvias y las nevadas de un invierno escocés?  Vamos a ver cómo la fe, la generosidad y la perseverancia del pueblo cristiano junto con los dones administrativos y la visión ilimitada de su gran líder Thomas Chalmers y sus brillantes colegas se sobrepusieron a todos los obstáculos, y aseguraron un crecimiento fenomenal y una manifestación maravillosa del poder del Espíritu Santo.

            Pero, me dirán Uds, todo eso pasó en Escocia en un contexto totalmente diferente al nuestro.  Verdad.  Nuestros países latinoamericanos gimieron por siglos bajo el yugo de Roma, ignorantes del mensaje liberador de las Escrituras.  La noción de una iglesia reformada en alianza con el Estado, ejerciendo una influencia bíblica en todas las esferas de la vida nacional se dista por años luz de nuestra realidad.  Es inimaginable que en el Perú el Parlamento, la prensa nacional y la gran mayoría del pueblo debatirían ávidamente el tema de la libertad espiritual de la Iglesia cristiana, como sucedió en Escocia en 1843.

            Pero no sólo es diferente el contexto político y social: también es diferente el contexto teológico.  La iglesia evangélica ha crecido grandemente en América Latina en los 150 años que nos separan de los acontecimientos en Escocia en 1843, y damos gracias a Dios por ello.  Pero escuchamos con frecuencia voces que afirman que el calvinismo creído y practicado por esa gente es enemigo del evangelismo y de las misiones.  Según este punto de vista, iglesia reformada = iglesia pasiva, introvertida, estancada.

            Pero sugiero que los primeros 25 años de vida de la Iglesia Libre de Escocia desmienten totalmente esta percepción.  Y si bien es cierto que no podemos trasplantar el contexto religioso, cultural y político de la Escocia de 1843 al Perú de hoy, podemos aprender mucho de esta historia, ya que se trata del mismo Dios, el mismo Evangelio, el mismo Espíritu Santo, la misma Iglesia universal.

            Quiero considerar con Uds cómo la nueva Iglesia enfrentó su tarea en 4 áreas: 

1.      Evangelismo  2.  Misiones  3.  Educación  4.  Obra Social

1.      Evangelismo

            En 1843, 470 congregaciones de la Iglesia de Escocia se constituyeron congregaciones de la Iglesia Libre de Escocia.  Dos años más tarde este número había subido a 633.  Además de ellas se habían formado 283 centros de predicación que no tardaron muchos años en constituirse en iglesias establecidas.

            En todo este movimiento no cabe duda que hubo evangelización.  Pero los evangelizados habían sido miembros , si bien formales, de la Iglesia nacional.  Asistían los domingos, pero nunca habían experimentado el poder transformador del Espíritu Santo en sus vidas.  En muchos casos nunca habían escuchado el Evangelio porque sus pastores no lo conocían en realidad.  Pero ahora se les estaba presentando el desafío de la fe salvadora en Cristo, predicado por pastores celosos y fieles, apoyados por gente que creían en la oración.  Los 20 años después de la Separación fueron años de verdadero avivamiento en Escocia, sin grandes cruzadas evangelísticas ni poderosas campañas publicitarias ni llamadas a decisiones públicas.  Lo que más impactó en la población fue la predicación y evangelización de cada iglesia en su propia comunidad o parroquía, y una creencia firme en la soberanía de Dios en la salvación.

            Pero aun en Escocia con su larga tradición de país reformado había sectores de la población completamente ignorantes del mensaje de la Biblia y sin conexión con iglesia alguna.  Se trataba sobre todo de los obreros urbanos, obligados a trabajar largas horas en las minas, fábricas y astilleros de la Revolución Industrial y condenados a vivir en condiciones degradantes en los barrios pobres de las grandes ciudades. 

            Para la nueva Iglesia existía el peligro de felicitarse por su crecimiento fenomenal sin admitir que la mayoría de sus nuevos miembros ya tenían afiliación con una iglesia, si bien superficial en muchos casos.  Gracias a Dios, se levantaron voces en las asambleas y presbiterios llamando a una evangelización enérgica de las masas urbanas, una proclamación del Evangelio a cada criatura.  La Asamblea General de 1847 solicitó a 18 pastores con evidentes dones de evangelista que dieran un mes cada uno a la evangelización en los distritos más necesitados del país, y también pidió a uno de sus más hábiles administradores que preparara un estudio estadístico de las necesidades espirituales del país entero con miras a un programa nacional de evangelismo y fundación de iglesias. 

            Quiero referirme a un proyecto de evangelismo muy notable que se llevó a cabo en la ciudad de Edimburgo.  En el centro de la ciudad, no lejos de algunos de los edificios de mayor importancia histórica y cultural, había un barrio muy pobre llamado West Port.  (Me hace pensar en cómo encontramos aquí en Lima a pocos metros del Palacio de Justicia y el Hotel Sheraton algunos de los peores tugurios de la ciudad).  Tenía una población de 2,000 personas (hoy por hoy hablaríamos de pueblos jóvenes o villas de miseria o favelas de cientos de miles o aun millones), de los cuales el 75% no tenían ningún contacto con la iglesia cristiana, el mismo porcentaje de niños no iban a ninguna escuela, el 25% recibían ayuda municipal como indigentes, y el 25% eran mendigos, ladrones, borrachos o prostitutas.  Unos años antes se había cometido allí una serie de horribles asesinatos cuyos autores nunca fueron encontrados.

            En 1844 el Dr Thomas Chalmers, líder de la Iglesia Libre y uno de los más preclaros intelectos del páis, a la edad de 64 años, decidió retirarse cuanto antes de todos sus múltiples comités y dedicarse a la evangelización de toda esa gente marginada por la sociedad.  Los primeros pasos fueron: la división del barrio en 20 distritos y la selección de 20 voluntarios de diferentes congregaciones que fueron nombrados como visitantes.  Al mismo tiempo se abrió una escuela gratuita y los visitantes iban de casa en casa ofreciendo educación para los niños, pidiendo leer la Biblia y orar con los residentes y mostrando interés por ellos y sus diversos problemas.  Naturalmente hubo muchos reveses, pero Chalmers quien también visitaba a la gente, no se desanimó.  Después de algún tiempo se nombró a un misionero quien empezó cultos en un deposito de heno.  Al primer culto, a pesar de semanas de visitas, cientas de invitaciones y muchas promesas de asisitir, se presentaron sólo algunos niños y una docena de viejas.  El Dr Chalmers predicó, y cuando algunos de sus ayudantes expresaron dudas en cuanto a las posibilidades de éxito, él respondió  con su famoso lema:  “Oración y esfuerzo con fe pueden hacer cualquier cosa”.  Cada sábado se reunían los obreros para información y oración y nunca faltaban en esas sesiones el Dr Chalmers, a pesar de sus grandes responsabilidades a nivel denominacional y como Rector del Seminario.

            En menos de tres años se construyó un templo.  En febrero Chalmers escribió a un amigo en Nueva York: “Te quiero informar del acontecimeinto más gozoso de toda mi vida… el domingo pasado dirigí el primer culto de Santa Cena en la nueva iglesia del West Port.  132 personas comulgaron, 100 de ellos residentes del West Port.”  El 27 de mayo de ese mismo año pasó Chalmers repentinamente a la presencia del Señor, “con regocijo, trayendo sus gavillas”.

            Hermanos, no se dejen amilanar por quienes afirman que la fe reformada obstaculiza la evangelización.  A menos que creamos en un Dios soberano que cumple sus propósitos y que es, él mismo, el único autor de la salvación, no hay base alguna para evangelizar.  Pero igualmente no presten atención a ninguna interpretación de la fe reformada que inhibe nuestra libre y entusiasta proclamación del Evangelio a todos sin excepción.  Esta evangelización se centra en la iglesia local, pero está abierta a todas las oportunidades que se presentan: evangelización al aire libre, en masa, a sectores específicos de la población, por radio, por TV, por el Internet….  Apliquen al Perú las palabras de Chalmers en 1843 en la primera Asamblea General de la Iglesia Libre:  “Espero que no nos detengamos en nuestra grande y gloriosa empresa hasta que sea llevada la luz del Evangelio a la puerta de cada hogar dentro de los límites del territorio escocés.”

2.   Misiones

            En 1843 la Iglesia de Escocia tenía 20 misioneros trabajando en el extranjero: en Hungría, Turquía, Siria y la India.  Todos optaron por pasar a la Iglesia Libre,  aunque por ese acto perdieron sueldo, casa y en la India, dolorosamente, colegios y clínicas.  Para 1860 encontramos a la Iglesia Libre trabajando también en Sud Africa, el Líbano, el Yemen, expansión entre las tribus de la India, y cooperación con otras denominaciones presbiterianas en lo que hoy es Malawi (Africa Central), en Oceanía y en la China.

            Además de eso, está la labor del llamado Comité Colonial que envió a más de 300 misioneros en los primeros 20 años de existencia de la Iglesia Libre, mayormente a Canadá, Australia y Nueva Zelandia.  Su propósito principal fue servir las necesidades espirituales de los emigrantes escoceses pero siempre estaban dispuestos a predicar el evangelio a quien sea.  Cito dos ejemplos de esto:

            En 1845 la Iglesia Libre envió a un pastor, Dr Robert Stewart, a la ciudad italiana de Livorno, donde solían invernar, por razones de salud, muchos ciudadanos británicos.  El Dr Stewart no podía quedarse ajeno a las necesidades espirituales de los italianos.  Aprendió el idioma, escribió un comentario sobre los Evangelios en italiano y ayudó mucho la obra de la antigua Iglesia Valdense (que llegó a ser muy activa en Argentina y Uruguay).  En 1875 un representante de la Iglesia Valdense afirmó en la Asamblea General de la Iglesia Libre:  “No tengo pergamino donde se haya incrito el nombre del Dr Stewart como ciudadano de los Alpes Valdenses.  Pero si Uds visitan alguna vez estos valles, les mostraré 20,000 corazones vivientes en los que está inscrito su nombre en letras indelebles.”

            El otro caso es la isla de Madeira.  Por el testimonio del Dr Robert Kalley, médico escocés, se había formado una iglesia de habla portuguesa, que fue objeto de la más enconada hostilidad de las autoridades católicas, incluyendo el encarcelamiento del Dr Kalley, llamado “el lobo de Escocia” por el obispo local.  En 1844 el Comité Colonial envió a un joven pastor, William Hewitson, a cooperar con el Dr Kalley.  Creció la obra, pero creció también la persecución, obligando finalmente a casi todos los creyentes a huir de la isla.  Emigraron algunos a Trinidad en el Caribe, otros a EE.UU., y finalmente a Brasil, bajo el liderazgo intrépido del Dr Kalley.  En 1847 el Comité Colonial envió a Hewitson a Trinidad, “no sólo para traer consuelo a la grey, sino también para organizar la iglesia de una manera ordenada, adaptada a su nuevo ambiente.”  En camino Hewitson, a pesar de los peligros visitó a los creyentes que aún quedaban en Madeira.  Pero en el año 1850 falleció Hewitson de tubercolosis, poniendo fin a la conexión de la Iglesia Libre de Escocia con el mundo de habla portuguesa.

            Quiero dirigir su atención a dos aspectos de la labor misionera de la Iglesia Libre que considero vitales para toda iglesia fiel a la Biblia.

 

(i)                 A pesar de sus enormes compromisos domésticos, la Iglesia Libre no postergó a una fecha posterior más favorable su apoyo total a la obra misionera.  En su primera Asamblea General nombró un Comité de Misiones Extranjeras “en la

creencia humilde pero confiada que aquél a quien pertenecen la plata y el oro                proveerá los medios  para seguir con la obra.”  En su informe sobre misiones a la Asamblea el Dr Robert Candlish dijo:  “Espero que demostremos al mundo cristiano y hasta al mundo incrédulo la verdad de lo dicho por nuestro Moderador que las asociaciones pro misiones domésticas y pro misiones extranjeras se influencian mutuamente, y que el aumento de la suma recibida por nuestra labor en Escocia será la señal de un aumento notable del fondo disponible para  misiones extranjeras.”

 

Todos creemos, desde luego, en la vigencia del último mandato del Señor:  “Id y predicad el Evangelio a toda criatura”.  Sí, pero en una situación donde somos pocos, donde hay hermanos sin recursos que tenemos que ayudar, donde estamos levantando fondos para, digamos, una casa pastoral, donde estamos sosteniendo con mucha dificultad un pastor y cooperando con un programa de evangelización local, ¿cómo podemos pensar en la evangelización del mundo?  ¿No será tarea de las iglesias en países capitalistas, reconociendo que los países latinos carecen de recursos para tan magna empresa?  Es aquí donde nos desafía la Iglesia Libre de Escocia en su primeros años.  Es cierto que en su seno había algunas personas adineradas.  Pero la gran mayoría eran personas humildes, sobre todo de la clase obrera rural.  El sostenimiento de sus pastores y la construcción de templos y casas pastorales eran cargas pesadas, pero no vacilaban en aceptar también la responsabilidad de financiar la obra misionera hasta los fines de la tierra.

 

(ii)  En la primera Asamblea General de la nueva Iglesia el primer asunto que se trató fue la aprobación del Acta de Separación y Constitución.  Y luego, antes de cualquier otra cosa, la Asamblea decidió lo siguiente:  “Reconociendo la profunda obligación que corresoponde a la Iglesia de Cristo de trasmitir a las ovejas perdidas de la casa de Israel aquellas bendiciones espirituales que fueron recibidas primeramente por su intermedio, la Asamblea nombra un Comité que dirigirá este esfuerzo de promover el cristianismo entre los judíos, esperando que, con la bendición de Dios, su trabajo pueda conducir a la salvación de muchas almas, y la  llegada del tiempo cuando todo Israel sea salvo, y su restauración sea como vida de la muerte al mundo.”

 

Recordemos que “el evangelio es poder de Diios para salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego.”  La prioridad bíblica no ha cambiado, y la acción de la Iglesia Libre de Escocia cuestiona la realidad de nuestro compromiso en esta área de responsabilidad bíblica.

 

3.   Educación

            Las iglesias reformadas siempre han puesto mucho hincapié en la importancia de la educación  La visión de Juan Knox fue de tener “una iglesia y una escuela en cada parroquia”, utilizando para ese fin las enormes riquezas de la Iglesia Católica.  Lástimosamente ésta no fue una visión compartida por los gobernantes de Escocia, quienes se apoderaron de la mayor parte del dinero confiscado. 

            A raíz de los acontecimientos de 1843 casi 400 maestros fueron despedidos de sus puestos y casas porque se asociaron con la Iglesia Libre.  La Iglesia aceptó la obligación moral de cuidar de estas personas, y se apresuró a establecer escuelas primarias a escala nacional.  Después de cuatro años funcionaban 650 escuelas con una asistencia de casi 50,000 alumnos.  En un informe presentado en 1869 en el Parlamento Británico se dijo que en ese año los inspectores del Departamento de Educación habían colocado las escuelas de la Iglesia Libre en primer lugar en su inspección de todas las escuelas primarias de Escocia e Inglaterra.  El 15% del costo de construcción de estas escuelas provino del Estado, pero todo el resto, además de los gastos de mantenimiento, equipo y sueldos quedó a cargo de la Iglesia, si bien un porcentaje cada vez mayor fue cubierto por las pensiones cobradas a los padres de familia (a veces en forma de combustible para la escuela o comestibles para el maestro).

            En muchos países latinoamericanos se están fundando más escuelas evangélicas que nunca.  No es nada fácil mantener un nivel académico aceptable y a la vez pagar un sueldo digno a los profesores.  Siempre exige sacrificio.  Por otro lado se tiene que cuidar que el prestigio académico de la institución no milite contra la finalidad cristiana y evangelística que debe caracterizar toda educación verdaderamente cristiana.  No digo que la Iglesia Libre de Escocia venció todos los problemas, pero por lo menos nos anima a enfrentarlos en bien de la juventud de nuestras iglesias y de la nación.

 

Entrenamiento Pedagógico

            Paralelamente con el crecimiento de su sistema educacional la Iglesia reconoció la necesidad de preparar sobre una sólida base cristiana sus propios profesores.  En 1845 abrió su primera Escuela Normal en Glasgow; otra dos años más tarde en Edimburgo; y una tercera en 1875 en Aberdeen.

            Aunque no cabe dentro de nuestro tema, debo agregar un dato histórico.  Durante el siglo 19 el Estado fue reconociendo su responsabilidad de proveer para la educación de todos los niños del país.  Prometió a la Iglesia que si clausurara todas sus escuelas el Estado garantizaría que toda la educación nacional tendría base bíblica y protestante, con tal que alumnos no-protestantes tuvieran el derecho de ausentarse de las clases de educación religiosa.  Queriendo cooperar con el Estado en bien de toda la juventud del país, la Iglesia cerró en 1872 todas sus escuelas y los alumnos pasaron a las escuelas nacionales.  Por mucho tiempo el Estado cumplió con sus promesas: yo, por ejemplo, como alumno primario y secundario entre 1939 y 1952, estudié en colegio nacional no sólo la Biblia sino también el Catecismo Menor de Westminster.  Pero ha habido un cambio radical.  En gran parte la educación nacional se ha secularizado y padres de familia cristianos lamentan la no-existencia de colegios cristianos.  En 1956 ingresé por un año de posgrado en la Escuela Normal de Moray House en Edimburgo, fundada por la Iglesia Libre en 1847 pero ahora estatal.  Los únicos elementos religiosos fueron un corto culto cada mañana en la capilla a la que asistían muy pocos estudiantes; y la opción de un diploma en educación religiosa, cuyos cursos eran dictados por profesores de teología liberal.  En cambio, en 1987 pude cooperar en la fundación en Lima del Instituto Pedagógico Diego Thomson, reconocido por el Estado pero con plena libertad de funcionar de acuerdo a las Escrituras.  (Es interesante que el Diego Thomson haya pasado sus cuatro primeros años de vida dentro de las aulas de la institución fundada por la Iglesia Libre de Escocia en 1917, Colegio San Andrés).  Allí donde han decaído las viejas iglesias europeas les corresponde cada vez más a las nuevas iglesias en América Latina, en Asia y en Africa levantar en alto la antorcha del testimonio evangélico.

 

Educación Teológica

            Cuando ocurrió la Separación, 103 estudiantes de teología abandonaron sus universidades y se adhirieron a la Iglesia Libre.  La nueva Iglesia reconoció de inmediato la necesidad de preparar pastores y resolvió abrir su propio Seminario ese mismo año.  Nombró a cuatro profesores de brillante trayectoria académica (Chalmers, Welsh, Duncan y Cunningham), pero todos con experiencia previa en el pastorado, siendo esto un requisito indispensaable en el Seminario de la Iglesia Libre de Escocia hasta hoy.  Se quiere tener profesores de alto nivel académico, pero aun más importante es que sean hombres de la Palabra, predicadores y pastores.

            En noviembre de ese mismo año de 1843, se abrió en Edimburgo el New College, teniendo como alumnado los 103 candidatos ministeriales de la Iglesia nacional y 76 nuevos candidatos de la Iglesia Libre.  Muchos de ellos eran hombres de mucha espiritualidad, que habían de ser usados en grandes avivameintos en los 20 primeros años de la nueva Iglesia.  Con el crecimiento de la Iglesia creció la necesidad de pastores y se fueron fundando dos semianrios más, en Glasgow y Aberdeen.  Pero de especial interés para nosotros es el hecho que desde sus inicios el Seminario de la Iglesia Libre tuvo la visión de proveer una preparación teológica reformada para estudiantes de otros países, que luego volverían a sus países de origen para servir al Señor  allí.  Algunos llegaban financiados por sus propias iglesias, pero se hacía todo lo posible por ofrecer becas a estudiantes de iglesias con pocos recursos económicos.  Entre los que estudiaron en el New College encontramos a sudafricanos, canadienses, norteamericanos, húngaros, checos, italianos, franceses, belgas, suizos.  Si bien no hubo sudamericanos – triste comentario sobre las tinieblas espirituales que cubrían el continente – es significativo que en nuestros tiempos tanto la Facultad de Teología de la Universidad de Edimburgo que funciona en lo que era el Seminario de la Iglesia Libre de Escocia, y el actual Seminario de la Iglesia Libre, muy pequeño por cierto, cuentan con estudiantes teológicos latinoamericanos, hombres de mucho mérito académico y espiritual.

 

4. Obra Social

            Las iglesias reformadas que creen en la soberanía de Dios en la salvación y en la gracia común nunca han tenido dificultad en reconciliar sus responsabilidades espirituales y materiales.  Saben que no aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma; saben que no sólo de pan vive el hombre; pero saben también que deben glorificar a Dios en todas las esferas de la vida.  El Señor Jesucristo andaba de lugar en lugar predicando el evangelio y haciendo bien a todos.  Nos corresponde seguir su ejemplo.

            Quiero citar sólo dos casos que ilustran este espíritu en la historia de la Iglesia Libre de Escocia.

 

(i)                 El Dr Henry Duncan era pastor de una pequeña población, Ruthwell, en una zona rural del sur-oeste de Escocia.  Hombre muy culto, se preocupaba por el bienestar espiritual y material del pueblo, muchos de los cuales eran campesinos pobres sin mucha oportunidad de mejorar su situación.  No existía ningún sistema de seguridad social, y el Dr Duncan animaba a la gente a ahorrar aun cantidades mínimas para ayudarles en tiempos de enfermedad o desempleo.  Desgraciadamente los bancos no tenían interés en abrir cuentas para sumas tan pequeñas, y lo ahorrado duraba muy poco cuando estaba al alcance físico de la familia.  Dada esta situación el Dr Duncan ideó algo totalmente nuevo: un banco de ahorros, cooperativo o mutual, que funcionara exclusivamente para el beneficio de sus pequeños inversionistas.  Así empezó en 1810 el primer banco de ahorros del mundo, siendo el pastor el banquero, secretario, contador y publicista.  ¡Y para asombro de los ahorristas el banco pagaba intereses, si el dinero se dejaba suficiente tiempo! 

Al ver el  éxito de este proyecto entre su propia grey, el Dr Duncan inició una campaña de publicidad en favor de  los bancos de ahorro, escribiendo artículos y folletos, dando conferencias y haciendo viajes hasta Londres para influenciar a parlamentarios y filántropos.  Gracias a sus esfuerzos el Parlamento aprobó una ley autorizando y reglamentando los bancos de ahorro en beneficio de las clases más pobres del país. 

Otra iniciative del Dr Duncan fue en un tiempo de hambruna cuando organizó la importación de maíz del continente americano.  También fundó un periódico, el Dumfries and Galloway Courier , que el mismo redactó por 7 años, y que llegó a ocupar un alto rango entre los periódicos de toda Escocia. 

¿Tenemos en Duncan un propulsor del llamado “evangelio social” que ha perdido confianza en la obra regeneradora del Espíritu Santo y busca establecer el reino de Dios por actividades de bien social?  ¡De ninguna manera!  Predicaba fielmente el

Evangelio, escribía y publicaba tratados evangélisticos, apoyaba la Sociedad Bíblica en su infancia cuando tenía muchos opositores.  Y cuando llegó la Separación de 1843, renunció a todo por amor de Jesús, incluyendo los famosos huertos y jardines de la casa pastoral que él mismo había diseñado y cultivado.  Cuatro años después, a la edad de 73 años, falleció a raíz de una hemorragia cerebral que sufrió mientras dirigía con mucho fervor una reunión de oración.  ¡Qué lindo ejemplo del equilibrio bíblico entre evangelización  y obra social!  No dividamos lo que Dios ha juntado. 

(ii)               Más de la mitad del territorio escocés consiste en sierra e islas en ese entonces de difícil acceso.  En muchos distritos congregaciones enteras se quedaron sin pastores, agudizándose el problema por la necesidad que tenían de predicadores de habla gaélica (idioma celta).  La Iglesia resolvió construir un barco para llevar a pastores dispuestos a ofrecer algunas semanas a los lugares más remotos del país.  Bajo la supervisión de un hermano ingeniero y con al generosa ayuda financiera de un terrateniente creyente, se puso en servicio el barco Breadalbane.  En su primer año transportó a 46 pastores a lugares desprovistos de predicadores evangélicos. 

Pero lo que quiero señalar es lo siguiente: 

Ese mismo año de 1846 las islas británicas sufrieron una catástrofe económica de graves consecuencias humanas.  Grandes sectores de la población, sobre todo en Irlanda y Escocia, dependían de la papa, introducida del Perú, como elemento básico y barato.  Pero en 1846 falló casi totalmente la cosecha.  En Irlanda murieron de hambre miles de personas, y cientos de miles fueron obligados a emigrar a EE.UU., llegando a convertir a Nueva York en una ciudad más irlandesa que Irlanda. 

En Escocia muchos de los afectados, sumidos en penuria y miseria, habitaban las zonas rurales a las que estaban llevando los pastores y evangelistas el pan de vida.  De inmediato pasaron la voz a sus hermanos en las ciudades, y en medio de todas las otras exigencias ya señaladas, se organizaron colectas especiales en todas las iglesias.  Se levantó la suma impresionante de £15,000, con la que se compraron muchas toneladas de avena, distribuyéndolas por medio del barco Breadalbane, que ya había hecho un viaje urgente de investigación, averiguando donde era más clamante la necesidad.  Siguiendo el ejemplo de la Iglesia Libre otras entidades ofrecieron su ayuda, y se cree que en Escocia no falleció una sola persona a consecuencia de la hambruna.

            El Señor predicó el Evangelio, estando en un barco, y en ese mismo lugar alimentó a los hambrientos y sanó a los enfermos.  Porsupuesto, algunos luego le siguieron sólo porque habían visto los milagros y comido el pan, pero eso no impidió al Señor seguir con su doble ministerio de compasión, alimentando alma y cuerpo.  Cualquier iglesia fiel a la Biblia hará lo mismo.

 

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