EL VENDEDOR LOCO

por Santiago Benavides

Drama cristiano para el mundo de hoy

Ganador del Premio del Concurso en la clase de "Enseñanza Creativa",   Fundación Universitaria Seminario Bíblico de Colombia,  2006

El vendedor loco

Por Santiago Benavides

Dos muchachos simulan ir sentados en un autobús. Ambos tienen aspecto mochilero, parecen ser estudiantes de alguna universidad pública. Van charlando animadamente sobre el examen del que parece que acaban de salir.

Estudiante 1 (E1) Cuando vi eso se me escurrió el alma; yo sí estudié, pero nada. creo que me lo tiro, si paso es un milagro.

Estudiante 2 (E2) ¿Qué tal la pregunta de los trenes?. que si uno sale de Bogotá a las nueve y otro de Medellín media hora más tarde (simulan un sacudón del bus) Uy! Este tipo nos va a matar. (y gritándole al chofer) Ole! Maneje bien

E1 No hay derecho. Sale uno de la universidad con la moral por el suelo y se sube uno a esta cafetera.

E2 Esto no es nada, si viera la que me tocó ayer. uy! Deporte extremo. Como surf, pero en los buses.

En esas se sube un vendedor. Agarrado de la baranda superior y bamboleándose al compás de los timonazos del conductor empieza su consabida retahíla. El diálogo entre los estudiantes se interrumpe y empiezan más bien a mirar para todas partes esperando que el tipo termine su monólogo.

Vendedor (V) Buenas tardes la dama y el caballero, mil gracias al señor conductor que con su gentileza me permite una fuente de ingreso para mí y para mi familia. Como ustedes pueden de ver soy un trabajador golpeado por el desempleo de nuestro país que ha tenido que recurrir a este medio de transporte para levantar lo del arriendo y los servicios; hago esto porque no se me enseñó a hacerle mal a nadie y prefiero el trabajo honesto.

En este momento, el vendedor se calla unos segundos, como reflexionando sobre lo que va a decir y prosigue, con un tono mucho menos "comercial".

V Sin embargo, hoy no vengo a venderles nada. Sólo quiero que me escuchen un momento; no sé si el señor conductor me le baja un segundo al radio. gracias, como les venía diciendo hoy sólo deseo que me pongan atención. (Dirigiéndose a los estudiantes) ¡Ustedes también jóvenes! ¡Les conviene!

E1 eh! ¿Y éste qué se cree?

E2 ¿quién sabe? De pronto el hombre tiene su sorpresa

E1 Pues con esa pinta. lo dudo

V Como les venía diciendo, he vendido dulces en los buses durante años, la vida me ha dado duro. hasta ayer.

Los estudiantes finalmente le ponen atención al vendedor, quien hace tremendos esfuerzos por no perder el equilibrio en medio del agite de bus.

V Un señor muy elegante me vio esperando en una esquina con la bolsa de chocolatinas y esa cara de preocupación que me agarra cuando van siendo las tres y no he vendido casi nada. Se me acercó y me preguntó por mi vida y le conté que trabajaba en los buses y que tenía mujer e hijos y que la situación estaba dura. Y ese señor se queda mirándome y me dice que dizque me iba a dar un cheque de 30 millones de pesos para ayudarme a salir adelante. ¡Imagínense damas y caballeros! No le creí, pero era verdad y hoy lo comprobé.

Los estudiantes comentan entre sí

E1 Uy! Qué tal este man tan de buenas

E2 Qué va!, pura paja. ¿usted cree que si fuera cierto estaría otra vez aquí montado en este pulgoso?

V Y ustedes se preguntarán qué estoy haciendo aquí, contándoles esta historia. Pues bueno, me puse a pensar que he vivido más de diez años de la amabilidad de los conductores y los pasajeros, así que, si Diosito fue bueno conmigo, yo también quisiera ser bueno con los que me han ayudado tanto. Cuando me decidí, hace diez minutos, paré el primer bus que apareciera, que fue éste, y he decidido darle a cada uno de ustedes veinte mil pesitos, como prueba de mi agradecimiento con la ciudadanía.

El vendedor hace el ademán de empezar a repartir la plata en los primeros puestos.

V Disculpe, disculpe, disculpe, disculpe. ¡nononó! ¡de nada! Acéptelos mi señora, tranquila.

Los estudiantes están aterrados.

E1 eh! Este man lo que está es loco.

E2 ¿será cierto esto? ¡Qué cosa más rara!

Ambos estudiantes se empinan sobre sus puestos, observan la repartija de billetes de veinte mil y se miran perplejos.

E1 ¡No puedo creerlo!! ¿Serán falsos?

E2 Pues no parece.

El vendedor llega hasta donde están los estudiantes. Les ofrece los billetes.

E1 Pues me muero de ganas de aceptárselos señor, pero no puedo.

V ¿y eso?

E1 Yo no he hecho nada por usted en toda mi vida, no lo conozco y para serle franco me dio mucha pereza verlo subirse al bus.

V Fresco, yo entiendo. Tomen pues.

E1 No puedo, me siento mal.

E2 Yo tampoco puedo aceptar esa plata. Nunca le compro nada a los que se suben a los buses a vender. Sería re-deshonesto de mi parte.

El vendedor los mira con amabilidad y adopta un aire un tanto enigmático.

V Les voy a insistir por última vez, pero no los voy a obligar. Yo sé que ustedes no han hecho nada para ganarse esta plata, pero yo tampoco lo hice. ustedes pueden o no aceptar el regalo que quiero darles aunque también pueden rechazarlo. Piensen un momento, no es mucha plata, pero estoy seguro que de algo les puede servir. Por lo visto son estudiantes. podrían ayudarse con sus comidas o sus transportes.

Los estudiantes se miran una vez más durante un corto tiempo, luego, uno de ellos se decide.

E1 Bueno, acepto la plata pero que conste que no la merezco. Solo lo hago porque usted quiso ser así de amable. Si lo vuelvo a ver, le compro chocolates.

E2 Yo sí no. Muchas gracias

V Bueno, Bueno. Suerte muchachos.

El vendedor termina de repartir los billetes, timbra y se baja del bus dando las acostumbradas gracias a todos. Mientras los estudiantes comentan entre sí a un volumen inaudible, pero hacen gestos a propósito de lo que les acaba de ocurrir. Luego, cuando el vendedor se baja, hablan audiblemente.

E2 Lo más chistoso es que para mañana no tengo plata

E1 Oiga, y entonces ¿por qué no aceptó la plata?

E2 Pues no sé, me sentía como tomando algo que no me correspondía

E1 Sí, pero es que él nos lo quería regalar; más o menos imagínese que se tira el examen y el profe en vez de rajarlo le da una segunda oportunidad. no sería lo esperado, sino más bien, un gesto gratuito. a veces también hay que aceptar ese tipo de actitudes o si no uno se friega. imagínese que en esta vida sólo se nos diera lo que merecemos. uno sabe muy bien que no es ningún santo.

E2 ¿será?

E1 Yo creo

E2 Pues pa' la próxima

E1 No creo que vuelva a aparecer un vendedor repartiendo plata en los buses. eso nunca había pasado.

E2 Cierto, bueh. para el recuerdo. Hora de bajarnos, camine.

Uno de los estudiantes hace el gesto de timbrar y ambos se "bajan" del bus. Luego, uno de ellos le recita al público el versículo.

PERO SI ES POR GRACIA, YA NO ES A BASE DE OBRAS, DE OTRA MANERA LA GRACIA YA NO ES GRACIA. Y SI POR OBRAS, YA NO ES GRACIA; DE OTRA MANERA LA OBRA YA NO ES OBRA (Romanos 11:6)

Fin del drama.