Algunas consideraciones con respecto a la historia del canon del Nuevo Testamento

Theo G. Donner

Introducción: el acercamiento común al tema
1. Evidencia temprana de que se concede autoridad escritural a los libros del NT
2. La tradición oral no se percibe como rival de la tradición escrita
3. Lo que importa es la autoridad, no la lista canónica
            a.   La autoridad se refleja en el uso temprano de los escritos del NT
            b.   Los libros discutidos: también autoritativos desde una fecha temprana
Conclusión

Traducción de Some thoughts on the history of the New Testament canon publicado en Themelios en abril de 1982. [Nota: se pide perdón por el uso poco castizo del adjetivo 'autoritativo' (en el sentido de 'teniendo autoridad') en vez de la palabra 'normativa'.  Siendo que el artículo gira alrededor del tema de la autoridad de los libros del Nuevo Testamento se prefirió usar un adjetivo que dejara clara la relación entre el adjetivo y el sustantivo. Cambios y correcciones frente al texto original se encuentran entre corchetes.]

Introducción: el acercamiento común al tema

Debates sobre la historia del canon del Nuevo Testamento se centran por lo general en la pregunta de cuándo fue la primera vez que la iglesia antigua tenía una lista aceptada de libros cristianos que puso al lado de la Biblia hebrea.  Von Campenhausen lo expresa de la siguiente manera:

con principio del canon no quiero decir el surgimiento y la propagación, ni siquiera el uso eclesiástico y la influencia de lo que llegaron a ser más tarde escritos canónicos.  Uno puede, en mi opinión, hablar de 'canon' sólo allí donde en forma intencional se le concede a un documento una posición especial normativa, en virtud de la cual toma su lugar al lado de las 'Escrituras' existentes del Antiguo Testamento.[1]

Si se entiende en este sentido, la primera vez que se puede decir que haya surgido nuestro canon del Nuevo Testamento en forma completa es en 367 d.C. en la epístola pascual de Atanasio,[2] pero fue bastante más tarde que esta lista fue reconocida de manera general en la iglesia.

Aunque ya no se puede hablar confiadamente de una comunis opinio [consenso] respecto al desarrollo del canon (contrario a lo que dijo W. Schneemelcher hace unos 20 años[3]), se puede resumir el acercamiento común más o menos de la siguiente manera.

Las únicas Escrituras de la iglesia apostólica y la iglesia posapostólica antigua era el Antiguo Testamento.  Obviamente que se conocían escritos apostólicos, pero no tenían la autoridad especial 'escritural' de los escritos del Antiguo Testamento.  Existían al lado de la tradición oral que era de igual o mayor importancia para la iglesia.  Sólo de manera gradual la iglesia tomó conciencia de la necesidad de tener una lista de libros de común acuerdo – una conciencia gradual en la que la presentación del canon de Marción puede haber jugado un papel mayor o menor.  Al final del segundo siglo la cuestión del canon se estaba debatiendo de manera vigorosa.  (El canon de Muratori, que se asigna generalmente a este período,[4] se toma como evidencia de tal debate.)  Para ese tiempo ya no había duda en cuanto a la mayor parte del Nuevo Testamento: los cuatro evangelios, Hechos, las epístolas de Pablo y algunas de las epístolas católicas.  Las dudas en cuanto a los 'libros discutidos' (Hebreos, Santiago, 2 de Pedro, 2 y 3 de Juan, Judas y Apocalipsis) continuaban hasta el cuarto siglo y aún más allá en ciertas regiones.  Claro está que esto no es más que un bosquejo general de las conclusiones a las que se llega normalmente con respecto al canon del Nuevo Testamento.  Hay bastante variación en los detalles del argumento en los distintos autores.

Dentro de un artículo no podemos esperar tratar a cabalidad todo el asunto de la historia del canon del Nuevo Testamento, o entrar en discusión con todos los argumentos que se plantean sobre esta temática.  Sin embargo, es posible levantar algunas preguntas con respecto al acercamiento común a esta temática.

1. Evidencia temprana de que se concede autoridad escritural a los libros del NT

En primer lugar es menester resaltar que la evidencia que tenemos del cristianismo más antiguo no siempre apoya las presuposiciones o conclusiones que hemos mencionado arriba.

Con respecto a la afirmación de que los escritos del Nuevo Testamento no reciben autoridad 'escritural' hasta el final del segundo siglo, la evidencia es, por lo menos, ambigua.  Quienes afirman esto tienen que explicar los datos siguientes:

a.      En 1 Timoteo 5:18 se junta un pasaje del Antiguo Testamento con una cita del evangelio y se presentan con la frase 'la Escritura dice'.  Aún en el caso de que Pablo no se refiera a un evangelio escrito, ciertamente significa que pone un dicho del Señor en el mismo nivel que la Escritura del Antiguo Testamento.

b.      En 2 Pedro 3:16 se mencionan las epístolas de Pablo y se afirma que hay personas que tuercen a estas 'como también las otras Escrituras'.  En este caso por cierto se miran las epístolas de Pablo como iguales a la Escritura del Antiguo Testamento.

c.      Debemos tener cuidado en sacar conclusiones firmes de la Didajé mientras existan dudas significativas con respecto a la fecha exacta (aproximadamente entre 70 y 150 d.C.) y la composición del documento, pero es obvio (i) que concede la más alta autoridad a los mandamientos del Señor, (ii) que usa un evangelio escrito (Ver Did. 8.2 y 15.3,4) y (iii) que exhorta a sus lectores con respecto a los mandamientos del Señor 'No añadir, ni disminuir de ella' (Did. 4:13, citando Dt. 4:2 y 12:32), poniendo así estos mandamientos en el mismo nivel de la ley de Moisés.

d.      La misma cita de Deuteronomio se encuentra también en la Epístola de Bernabé (entre 100 y 125 d.C.) en Bern. 19:11.[5]  En la misma obra leemos: 'andemos alerta, no sea que, como está escrito, nos encontremos muchos llamados y pocos escogidos' (Bern. 4.14).  Aquí aparentemente se trata un pasaje de Mateo como Escritura (Mt. 20:16 y 22:14).

e.      Ignacio (quien sufrió el martirio entre 98 y 117 d.C.) menciona de manera seguida el evangelio, los apóstoles y los profetas (una forma común de referirse al Antiguo Testamento).  [Filad. 5.1]

f.        El gnóstico Basílides (125-150 d.C.) presenta citas de las epístolas de Pablo de la siguiente manera: 'de acuerdo con lo que está escrito' (y sigue Ro. 8:19,22) y 'respecto a los cuales la Escritura usa las siguientes expresiones' (y sigue 1 Co. 2:13).  (En Hipólito, Ref. VII 13,14).

g.      Policarpo de Esmirna (quien sufrió el martirio probablemente en 155 d.C.) exhorta a los filipenses (PolFil. 12.1) 'Ahora, pues, como en esas mismas Escrituras se dice: Irritaos y no pequéis, y: El sol no se ponga sobre vuestra ira' [una cita de Ef. 4:26].  En la misma epístola (6.3) se menciona en forma seguida Cristo, los apóstoles y los profetas.

h.      2 Clemente (escrito tal vez alrededor de 150 d.C.) en 2.4 después de citar Isaías 54:1 dice 'Y otra Escritura dice: No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores.' (Mr. 2:17 y textos paralelos).

Con respecto a esto tipo de evidencia dice R.P.C. Hanson[6] que no comprueba lo que se pretende.  Afirma que sólo la expresión 'las Sagradas Escrituras' es una 'indicación confiable del estatus que los autores del segundo siglo otorgaron a los libros del Nuevo Testamento'; y no encuentra ejemplos de tal uso hasta mediados del segundo siglo (en la Apología de Arístides cap. 16).  Pero no es justificable centrarse en esta expresión particular que el Nuevo Testamento usa apenas una vez para referirse al Antiguo Testamento (Ro. 1:2) y que no vuelve a aparecer hasta que Justino Mártir (escribiendo alrededor de 160 d.C.) lo use dos veces (en medio de más de 70 referencias al Antiguo Testamento como 'las Escrituras').  Mientras encontremos pasajes de los escritos del Nuevo Testamento presentados con la misma fórmula con que se presentan los pasajes del Antiguo Testamento será necesario dar buenas razones por distinguir entre la autoridad que se concede a cada uno.

2. La tradición oral no se percibe como rival de la tradición escrita

Otro asunto en que la evidencia es ambigua es el de la tradición oral.  Obviamente no hay duda en cuanto a la existencia de una tradición oral pero parece que se toma este solo hecho como algo que disminuye la autoridad de la tradición escrita.

Es desafortunado que Campenhausen[7] todavía mira a Papías (quien escribe tal vez entre 110 y 130 d.C.) como afirmando la 'superioridad de la tradición oral', porque Papías escribe 'Aquello que proviene de libros no me parece tan útil como aquello que empieza como viva voz y permanece así' (Eusebio, Historia Eclesiástica III 39.4, traducción de Campenhausen).  El hecho que no es este el sentido más obvio del texto de Eusebio se demostró hace tiempo por J.B. Lightfoot[8] y más recientemente por otros que el mismo Campenhausen cita.  Parece que Papías estaba dependiendo de la tradición oral sólo para su comentario en cuanto a las palabras del Señor, no para el contenido mismo de esas palabras.  Las observaciones peyorativas en cuanto a libros pueden ser una referencia a documentos heréticos que, como sabemos, intentaron en ese tiempo hacer lo mismo que Papías, es decir aclarar los dichos del Señor desde su propia perspectiva.  Del texto de Eusebio surge más bien un cuadro de Papías como un fundamentalista del segundo siglo, que no sólo defiende el premilenarianismo, sino además la inerrancia de los evangelios del NT, ya que argumenta fuertemente que la falta de cronología en el evangelio de Marcos no implica error por parte del autor.  (Una afirmación extraña para alguien que supuestamente prefiere la tradición oral a la escrita.)

Aunque tenemos evidencia de la existencia continuada de cierta tradición oral, no encontramos evidencia que esa tradición oral estuviera compitiendo por la autoridad con la tradición escrita.[9]

3. Lo que importa es la autoridad, no la lista canónica

Más importante que estas observaciones en cuanto al uso de la evidencia por parte de quienes han escrito sobre el tema del canon es la pregunta en cuanto a su metodología.  ¿Están haciendo las preguntas correctas en su investigación de la historia del canon?

La pregunta que se hace comúnmente parece ser: ¿cuándo tenemos la evidencia más temprana de la existencia de una lista de libros que de común acuerdo tenía autoridad normativa para la iglesia?  La cita de Campenhausen con la que iniciamos lo expresa muy bien.  Sólo podemos hablar de 'canon' allí donde en forma intencional se le concede a un documento una posición especial normativa en virtud de la cual toma su lugar al lado de las 'Escrituras' existentes del Antiguo Testamento.  (La presuposición de que el canon del Antiguo Testamento ya estaba firmemente establecido en el período que nos concierne, no es compartida por todos los estudiosos.)

Lo que esto significa es que tomamos nuestro concepto actual de 'canon' y buscamos la evidencia de tal cosa en la iglesia antigua.  En tal caso nuestro interés se centra en encontrar, o demostrar que es imposible encontrar (como quiere Campenhausen[10]), listas más largas o más breves de libros aceptados en determinados períodos de la historia de la iglesia antigua.

¿Pero será que la pregunta en cuanto a listas oficiales realmente es la pregunta más importante?  Es cierto que la palabra 'canon' significa lista, y que por tanto, en sentido estricto, la canonización puede haberse dado en una fecha más bien tardía.  Pero es engañoso sugerir que el momento de sacar listas fue el primer momento en que se empezó a mirar los libros del Nuevo Testamento como autoritativos.

Cuando Campenhausen nos dice que, 'En la iglesia antigua, el término "Biblia cristiana" significa… simplemente el Antiguo Testamento que se tomó de la sinagoga y al cual se dio una interpretación cristiana.  Todavía no hay mención de un canon del Nuevo Testamento porque la cosa misma no existe…",[11] puede tener razón en un sentido técnico.  Pero muestra a la vez lo inadecuado de toda la metodología.  El asunto de fondo es el de la autoridad y si Campenhausen afirmara que la única, o siquiera la máxima, autoridad para la iglesia antigua era 'simplemente el Antiguo Testamento', lo absurdo de su posición se haría aparente de inmediato.  En ningún momento, desde el día de Pentecostés, ha sido cierto en la iglesia que el Antiguo Testamento representaba la única o la máxima autoridad.

En Hechos 2 Lucas nos describe la primera iglesia como una comunidad de personas que perseveraba en la doctrina de los apóstoles.  La autoridad de los apóstoles y la enseñanza de Cristo mediada por ellos era mayor que la autoridad del Antiguo Testamento, en el sentido que el Antiguo Testamento ahora tenía que entenderse a la luz de la enseñanza de Cristo y de los apóstoles.  Fuera de los escritos del Nuevo Testamento mismos esto sale a la luz claramente en un debate que nos relata Ignacio (Filad. 8.2) en que algunos (probablemente judaizantes) le dijeron, 'Si no lo encuentro en los [archivos/] documentos antiguos (¿el Antiguo Testamento?), lo que es en el Evangelio no lo creo'.  Cuando Ignacio les aseguró que efectivamente estaba escrito en las Escrituras antiguas, ellos contestaron, 'Es lo que hay que probar', a lo cual Ignacio responde 'Ahora bien, para mí todos los [archivos/] documentos antiguos se cifran en Jesucristo; los archivos intangibles son su cruz y su muerte, y su resurrección y la fe que de él nos viene'.

El hecho que los primeros cristianos consideraban la autoridad de los apóstoles como máxima, aún encima del Antiguo Testamento, difícilmente se puede cuestionar.  No hay razón para pensar que esta autoridad sólo se concedía a su enseñanza oral; es casi cierto que debe haberse otorgado a sus escritos desde un principio.

Esto significa que nuestras preguntas sobre la historia del canon han de formularse en forma bastante diferente.  Nuestra preocupación no es cazar listas de libros aprobados, sino encontrar si los escritos que luego entraron en las listas eran considerados apostólicos y autoritativos desde antes, es decir, si de manera práctica, aunque no oficialmente, eran canonizados.  En muchos sentidos esto es algo más difícil de averiguar que la búsqueda de listas de libros autoritativos; pero hay ciertas observaciones que se pueden hacer.

a. La autoridad se refleja en el uso temprano de los escritos del Nuevo Testamento

Ya hemos visto algo de la evidencia antigua que indica que al Nuevo Testamento se le concedía autoridad escritural (punto 1, arriba).  Aquí podemos agregar más evidencia sobre el uso del Nuevo Testamento en la iglesia antigua.

Campenhausen afirma que los ecos, usos y alusiones a los escritos del Nuevo Testamento no representan una 'canonización'.[12]  Esto es cierto, dado el sentido que Campenhausen le da a la 'canonización', pero, si quiere decir que los ecos, alusiones y citas no nos dicen nada de la autoridad de los libros a que se refieren, tal afirmación tiene que justificarse frente a ciertas objeciones obvias.

Su afirmación sería válida si se pudiera demostrar que los antiguos autores cristianos hacían eco y alusión, y citaban textos de los cuales sabemos con certeza que no se consideraban autoritativos en el mismo sentido.  Pero la realidad es que el uso que se hace de los escritos del Nuevo Testamento refleja en forma exacta la manera en que hallamos ecos y alusiones al Antiguo Testamento en los escritos del Nuevo Testamento y en los escritos cristianos antiguos en general.  Tales alusiones y referencias implícitas se encuentran con mucha mayor frecuencia que las citas formales.

Debemos preguntar entonces si no es legítimo mirar esta forma de referirse a los escritos del Nuevo Testamento como lo hizo Westcott cuando dice de los Padres Apostólicos,

Las palabras de la Escritura (es decir del Nuevo Testamento) están incrustados en el tejido de los libros, y no repartidos en citas formales.  No se organizan para efecto de argumento, sino que se usan como expresión natural de verdades cristianas.  Ahora bien, tal uso de las Escrituras Sagradas muestra por lo menos que eran ya ampliamente conocidas y por lo tanto guardadas por una nube de testigos; que su lenguaje se había trasladado al dialecto común; que era tan familiar para aquellos primeros cristianos como para nosotros quienes lo usamos inconscientemente, así como ellos, en nuestro escribir y nuestra conversación.[13]

Es más, en el intento de averiguar cuáles escritos del Nuevo Testamento eran conocidos y usados por los autores cristianos posapostólicos, no ha habido suficiente de este análisis concienzudo para descubrir tales ecos, alusiones y referencias implícitas.  Demasiadas veces la búsqueda se ha centrado más bien en las citas explícitas.  Hay campo aquí no sólo para un estudio literario mucho más profundo, para detectar similitudes de lenguaje, vocabulario y construcción gramatical, sino también para una investigación de similitudes en pensamiento y teología.

La autoridad que parecen tener los escritos del Nuevo Testamento usados por los autores cristianos antiguos se confirma de manera notable por el uso que hacen de los mismos libros los herejes del segundo siglo.

Ya mencionamos arriba que el gnóstico Basílides, en la primera mitad del segundo siglo, citaba las epístolas de Pablo como Escritura.  Cuando Marción, alrededor del mismo tiempo, establece su propio 'canon', resulta obvio que esto no era para concederle mayor autoridad a algunos libros, sino para rechazar la autoridad de los demás escritos apostólicos.  El gnóstico Valentino (mitad del segundo siglo), según Tertuliano,[14] no inventó nuevas Escrituras, sino que torció, por sus propias exposiciones, el sentido de las Escrituras aceptadas.  W.C. van Unnik[15] argumenta que el 'Evangelio de la Verdad' valentiniano en el Códice Jung tiende a confirmar la afirmación de Tertuliano.  En otra parte Tertuliano asevera que '(los herejes) efectivamente tratan de las Escrituras y apoyan (sus opiniones) con base en las Escrituras.  Claro que sí.  ¿De cuál otra fuente podrían sacar argumentos con respecto a la fe sino de los registros de la fe?'[16]  Ireneo habla de los cuatro evangelios de la siguiente manera: 'Tan firme es el suelo en que descansan estos evangelios que los mismos herejes dan testimonio de ellos y, partiendo de estos (documentos), cada uno procura establecer su propia doctrina particular.[17]

b. Los libros discutidos: también autoritativos desde una fecha temprana

Centrarnos en el asunto de la autoridad y el uso de los escritos del Nuevo Testamento, en vez de la pregunta sobre listas formales de libros autoritativos, puede ayudarnos también a poner un problema particular de la historia del canon en una perspectiva distinta.

Sabemos que los debates sobre la extensión del canon en el tercer y cuarto siglo se enfocaron especialmente en el estatus de siete libros, los Antilegomena o 'libros discutidos' (Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis) los cuales no eran aceptados universalmente por la iglesia.  Normalmente se argumenta que el estatus exacto de estos libros estaba en duda hasta que la iglesia del cuarto siglo decidió incorporarlos en el canon del Nuevo Testamento.  La evidencia no necesariamente apoya tal argumento.  Parece más bien que alusiones y referencias a estos libros se pueden encontrar hasta la mitad del segundo siglo y que su autoridad no se cuestiona hasta el final del segundo siglo, cuando una inundación de literatura herética exigía una reflexión consciente sobre la autoridad de ciertos libros frente a otros.  Toda la evidencia indica su aceptación antes del fin del segundo siglo en todas aquellas regiones donde eran conocidos (es importante enfatizar este punto, porque ayuda a explicar las dudas que se expresaron en un momento posterior).  Aquí sólo podemos mencionar brevemente los siguientes datos:

(a)   Hebreos se cita en forma extensa en 1 Clemente (90-110 d.C.) y se usa por parte de varios autores.  Es sólo al principio del tercer siglo que encontramos en Tertuliano que la iglesia de África del Norte no lo tenía dentro de su lista de libros del Nuevo Testamento.

(b)   Santiago es atestiguado por 1 Clemente y Hermas (mitad del segundo siglo) entre otros.

(c)   Es mi opinión que Judas 18 cita 2 Pedro 3:3 y que hay huellas de 2 Pedro en algunos de los Padres Apostólicos (1 Clem. 9:3; 11:1; 23:3; Hermas Vis. IV 3:4; Sim. VIII 11:1).  Se reconoce generalmente que es el libro menos atestiguado de los Antilegomena.

(d)   2 y 3 Juan representan un problema particular.  Aunque hay huellas de ellos en escritos cristianos antiguos, a la luz de los registros del séptimo concilio de Cartago (256 d.C.) y de dos pasajes en Ireneo (Adv. Haer. I 16:3; III 16:8)[18] parece que al menos la primera y la segunda epístola de Juan pueden haberse conocidas como una sola epístola, siendo que se presentan citas de 2 Juan como 'de la epístola de Juan'.  Mientras no conozcamos en qué forma eran conocidas las tres epístolas, y mientras la evidencia resulte ambigua, sólo podemos decir que no parecen haber habido dudas en cuanto a la autenticidad de estas epístolas hasta el final del segundo siglo.

(e)   Encontramos huellas de Judas en los Padres Apostólicos y la forma como Tertuliano cita el libro (en De Cult. Fem. 3) sugiere que había sido aceptado por mucho tiempo ya como auténtico y autoritativo en Africa del Norte.

(f)     El libro de Apocalipsis parece haber sido aceptado ampliamente hasta bien entrado el tercer siglo.

El hecho que la autenticidad y autoridad de estos libros llegó a dudarse, cuando se empezó a debatir la extensión del canon al final del segundo siglo, se explica mayormente por el hecho de conocerse en determinadas regiones mientras que en otras no se conocían casi.  La otra razón por tales dudas se puede encontrar en el intento de aquel entonces de limitar el concepto de apostolicidad para significar únicamente paternidad literaria apostólica.  Siendo que la paternidad literaria exacta de estos libros (con la excepción de 2 Pedro) era desconocida o ambigua, era natural que se levantaran preguntas en cuanto a ellos, mientras que el lugar de Marcos, Lucas y Hechos [que tampoco estaban escritos por apóstoles] ya era establecido tan firmemente que no causaron problemas.

Conclusión

Es obvio que el presente no es más que un bosquejo superficial de la forma en qué se podría plantear el tema de la historia del canon.  Algunos de los puntos mencionados pueden servir también para indicar la debilidad de las presentaciones comunes sobre el tema.

Es evidente que cualquier discusión sobre la autoridad de los escritos del Nuevo Testamento en la iglesia posapostólica ha de tener en cuenta la pregunta más amplia de la autoridad en la iglesia en este tiempo.  También es evidente que un estudio según las líneas que hemos sugerido de ninguna manera disminuye la importancia de investigar el surgimiento gradual de un 'canon' de los escritos del Nuevo Testamento; más bien pretende ampliar el alcance de tal investigación y ubicarla dentro del marco correcto.

Nuestra perspectiva 'a vuelo de pájaro' en cuanto a la autoridad de los escritos del Nuevo Testamento en la iglesia antigua sugiere que no es imposible, ni inverosímil de por sí, que todos los escritos apostólicos que hoy constituyen nuestro Nuevo Testamento hayan sido aceptados como apostólicos y por tanto como autoritativos por parte de la iglesia posapostólica, y que su autenticidad sólo se pusiera en tela de juicio en una fecha posterior por ciertas razones identificables, que no ponen en duda su aceptación como apostólicos en la iglesia posapostólica.  Se requiere un análisis mucho más riguroso de toda la evidencia para confirmar si la evidencia apoya esta sugerencia.  Parece que hasta la fecha tal análisis no está disponible.

[1] H.v. Campenhausen, The Formation of the Christian Bible (Tübingen, 1968; trad. al inglés, Londres, 1972), p. 103.  Campenhausen es más riguroso que R.M. Grant, The Formation of the New Testament (Londres, 1965).  (Un resumen de la posición de Grant se encuentra en su artículo 'The New Testament Canon' en la Cambridge History of the Bible, [ed. por P.R. Ackroyd y C.F. Evans, Cambridge, 1970] I, pp. 248ss.)  D.E. Groh (Interpretation 28, 1974, pp. 331-343) y A.C. Sundberg (p. ej. Interpretation 29, 1975, pp. 352-371) consideran que Campenhausen no es lo suficientemente riguroso y todavía le pone una fecha demasiado temprana al surgimiento del canon.  Ver también D.L. Dungan en 'The New Testament Canon in recent study', Interpretation 29, 1975, pp.339-351.  Estudiosos conservadores parecen tocar el tema con poca frecuencia.  E. Laird Harris, Inspiration and Canonicity of the Bible (Grand Rapids, 1969) es un excepción, pero el libro no es muy satisfactorio.  Tratados breves sobre el tema se pueden encontrar en introducciones a comentarios e introducciones generales al Nuevo Testamento.  D. Guthrie da un enunciado conciso pero útil en el New International Dictionary of the Christian Church (desafortunadamente no trata del tema en forma global en su New Testament Introduction).
[2] Ver [P. Schaff y H. Wace (eds.)] Nicene and Post-Nicene Fathers [(Grand Rapids, Eerdmans, 1975)] segunda serie, IV, pp. 551s.
[3] E. Hennecke, New Testament Apocrypha (Tübingen, 1959; trad. ingl. Londres, 1963), p. 29.
[4] A.C. Sundberg, 'Canon Muratori: a 4th Century List', Harvard Theological Review 66, 1973, pp. 1-41 pone en tela de juicio esta fecha.
[5] W.C. van Unnik, 'De la règle mete prostheinai, mete aphelein dans l'histoire du canon', Vigilia Christiana 3, 1949, pp. 10ss., no niega que el uso de esta frase en Didajé y Bernabé se refiera a mandamientos escritos, sino que se limita a notar la diferencia con el uso de la misma frase en escritos posteriores.
[6] Tradition in the Early Church (Londres, 1962), pp. 205ss.
[7] Campenhausen, ob. cit., pp. 130ss.  Ver también R.M. Grant en Cambridge History of the Bible I, p. 291.
[8] Essays on the work entitled Supernatural Religion (Londres, 1893) pp. 156ss.
[9] Una obra bastante útil sobre la relación entre tradición y Escritura en la iglesia antigua es el libro de E. Flesseman-Van Leer, Tradition and Scripture in the Early Church (Assen, 1954)
[10] Campenhausen, ob. cit. p. 103.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
[13] B.F. Westcott, A general survey of the history of the canon of the New Testament (Londres, 1896) p.49.
[14] De Praescr. Haer. 38
[15] W.C. van Unnik, 'The "Gospel of Truth" and the New Testament' en F.L. Cross (ed.), The Jung Codex (Londres, 1955), pp. 79ss.
[16] De Praescr. Haer. 14
[17] Ádv. Haer. II 11.7.  Westcott, ob. cit. pp. 278ss., 404ss. Le dedica dos capítulos al testimonio que los herejes dan de los libros canónicos.  Ver lo dicho por Blaise Pascal, Pensées (Livre de Poche, [1972, p. 260 # 569]): 'Les hérétiques au commencement de l'Église servent à prouver les canoniques'.
[18] Ver Westcott, ob. cit. pp. 372, 380, 390